lunes, 7 de octubre de 2013

Capítulo 32: Graduación

Graduación

Después de la increíble noche en la biblioteca, Chris me acompaña a mi habitación para que podamos descansar algo. La ceremonia de la graduación es a las cinco y media, así que tenemos doce horas por delante para dormir y preparar las maletas.
-          Por favor, quédate a dormir – le digo otra vez ya en la puerta.
-          Sabes que me es imposible. Por la mañana no podré salir de aquí sin que me vea alguien.
-          ¿Y qué más da? No creo que nos expulsen en nuestro último día aquí.
Chris lo reconsidera durante unos momentos.
-          Está bien, me quedo.
Lo beso rápidamente antes de abrir la puerta con cuidado. La habitación está a oscuras, pero distingo mi cama al fondo de la habitación. Pisando con cuidado nos vamos acercando hasta ahí, pero antes le arrastro hasta el baño.
Voy hasta mi armario y cojo el pijama. De paso, cojo una camiseta que le había robado a Chris cuando estuvimos en su casa de Colorado, y cuando vuelvo al baño se la doy.
-          Eh, esto me suena. – susurra.
-          Te la robé, así que técnicamente ahora es mía. – le respondo susurrándole.
-          Me gusta más que la tengas tú.
Sonrío mientras me cambio. Me desmaquillo antes de volver a la habitación y llevo a Chris conmigo. La cama es algo pequeña para los dos, pero a ninguno le importa. Me abrazo a él y acomodo la cabeza en su pecho.
-          Eh, nena, se me olvidó decirte una cosa antes. – susurra.
-          Dime.
-          Te amo pequeña.
Me besa el pelo y me abraza más fuerte. Y los dos nos dormimos en nanosegundos.
***
Empiezo a oír como alguien se desplaza por la habitación, pero sigo con los ojos cerrados. Chris sigue durmiendo, a juzgar por su tranquila respiración. De repente, ambos nos terminamos de despertar cuando suena un ruido infernal a nuestro lado.
Abro los ojos y veo como Jerry y Nat golpean una cacerola con una cuchara y una sonrisa malvada.
-          Os voy a matar – digo dirigiéndoles una mirada de odio. – ¿Creéis que esta es una buena manera de despertar a alguien?
-          No me niegues que no es efectiva. Además, fui idea de Jerry – responde Nat entre risas.
-          Es horrible – le digo tirándole la almohada.
-          No te quejes, que este es uno de los métodos despertador más suaves que tiene Jerry para despertarnos. – reconoce Chris.
-          Os encanta que os despierte así. – dice Jerry con orgullo.
-          No sé si prefiero esto o las canciones tradicionales irlandesas a las cinco de la mañana.  – suspira Chris con resignación.
-          O los cubos de agua fría, o el desodorante con aroma a caca de caballo… – empieza a enumerar Jerry.
-          Que sí Jerry, que eres un genio malvado experto en despertar a la gente de la manera más desagradable posible.
-          No podía irme de aquí sin despertaros a todos por última vez. – reconoce el irlandés con una sonrisa traviesa. – Y una vez hecho, Schoomaker y yo deberíamos largarnos de aquí. Las maletas no se hacen solas.
Chris se levanta de la cama y empieza a recoger su ropa del suelo. Se viste y antes de marcharse se acerca a la cama y me besa.
-          ¿Nos vemos antes de la ceremonia?
-          Lo intentaré, aunque con todo el caos de las maletas va a ser imposible.
-          Entonces después. Estoy deseando que conozcas a mi familia.
-          ¿Debo tener miedo?
-          Para nada. ¿Y qué me dices de tu padre? ¿Hoy me lo vas a presentar, no?
-          Si no te mata por enterarse de que has mancillado a su niñita, si.
Chris se ríe y me vuelve a besar.
-          Te veo luego nena – guiña un ojo antes de salir por la puerta junto con Jerry.
Nat empieza a recoger los montones de ropa desperdigados alrededor de su cama mientras que yo hago lo mismo con los míos.
-          Supongo que la noche ha ido bien – empiezo a decirle.
-          Divina. Imagino que la tuya también.
-          No sabes hasta que punto lo fue. Solo te digo que nunca pensaré en una biblioteca de la misma manera – me sonrojo al recordar la noche anterior. Nat me tira un cojín.
-          Deja de pensar en tu noche de amor y termina de recoger. Te recuerdo que tenemos que terminar con esto antes de que empiece la ceremonia.
-          Cierto. Manos a la obra, pues.
Seguimos recogiendo en silencio, aunque tenemos puesto el último CD de Beyoncé como música de fondo. Al poco rato llegan Charlie y Penny, que también empiezan a hacer las maletas.
Me siento triste. Este ha sido un año fantástico, y hacer las maletas solo significa que esto se termina. Es imposible meter los recuerdos y sentimientos de este año en una maleta. Algo mío se quedará aquí siempre. Aquí he conocido a los mejores amigos que podría desear tener, he conocido al chico con el que me gustaría estar toda mi vida, e madurado, he cambiado como persona (para mejor espero)…
Acabamos de hacer las maletas con el tiempo justo para arreglarnos para la graduación. La habitación no era el caos de ayer, pero se parecía bastante. Esta vez el arreglo de todas es más sencillo. Nat lleva un vestido gris perla con parte de la espalda al aire, Charlie un vestido verde oscuro de tirantes, y Penny uno negro de gasa palabra de honor. Mi vestido es de color crema, corto, con tirantes, y un cinturón azul marino con un lazo atado en la cintura. Todas llevamos el pelo suelto, las togas puestas y el birrete en la mano.
Salimos hacia el salón de actos, que es donde se va a celebrar la entrega de diplomas. Al llegar allí, veo como Allie Rumsfeld va colocando a los graduados en las primeras filas por orden alfabético. Voy a la tercera fila y me siento al lado de Nat, mientras que el salón de actos se va llenando poco a poco.
En cuanto el salón termina de llenarse, Allie Rumsfeld sube al escenario y se sitúa al lado del director Rumsfeld. Éste se acerca al micrófono y le da tres golpecitos para hacerse oír.
-          Buenas tardes alumnos, profesores, padres y el resto de los familiares. Os doy la bienvenida a la ceremonia de graduación de St. Peter College. Este año ha sido memorable para todos los que os graduáis hoy. Habéis aprendido herramientas que os servirán para vuestra futura vida, habéis madurado y habéis sentado las bases para vuestra futura vida adulta. Hoy es un día triste porque se va una de las mejores generaciones que ha pasado por el internado, pero debemos pensar que este es un día alegre, porque a partir de hoy, empezaréis vuestra vida como adultos que ya sois.
La gente empieza a aplaudir y a vitorear al director Rumsfeld. El director manda callar con las manos para continuar con el discurso.
-          Y ahora, veremos un pequeño video sobre vuestro paso por el internado.
La pantalla de detrás del director comienza a bajar y, cuando ya está abajo del todo, comienza a proyectarse un vídeo. Distingo a mis amigos con trece años, abrazándose unos a otros, posando en las típicas fotos de clase, de excursión en la nieve, en los partidos de los deportes… Y luego vi cómo iban creciendo poco a poco, cómo cambiaban a medida que pasaban las fotos y sonaba de fondo “Forever Young”, de Alphaville. Empiezo a llorar cuando aparecen las fotos de este año. Los partidos, la fiesta de Halloween, la obra de “Romeo y Julieta”… Hasta han incluido las fotos de ayer, las que nos hicimos antes de entrar en el baile. Sonrío entre lágrimas cuando veo las foto en la que salimos Chris y yo, abrazados y sonriendo. Luego van Jerry y Nat sacando la lengua a la cámara, Johnny sujetando en brazos a Charlie y sonriendo, y por último Penny apoyándose en el hombro de Kevin y sonriendo.
El vídeo termina y veo como varias de las chicas, incluida yo, nos limpiamos la cara con disimulo. Abraham Rumsfeld vuelve a salir al escenario y vuelve a hablar:
-          Y ahora, os iré llamando uno por uno por orden alfabético para que subáis al escenario a recoger los diplomas.
Abraham empieza a llamar a todos por orden de lista. La primera es Jill Blackstone, que sonríe mientras le aplauden cuando recoge su diploma. Le siguen Hector Brown, Blondie Fox, Ben Collins, Katy Colum y David Flint. Cuando sube Charlie al escenario, veo cómo Fred y Carter le vitorean desde el fondo de la sala.
Luego van Peter MacDonald, Jerry (al que Rosie aplaude entusiasmada), Chase Matthews, Johnny (mi madre y Joe se levantan para aplaudirle y vitorear), Yuki Onari, Julian Parker, Alan Perkins, Kayla Phillips, Penny (veo como sus padres la aplauden desde el fondo) y Kelly Preston.
A medida que iban subiendo, todos le daban la mano al director, pero cuando sube Kevin, sus dos padres lo abrazan mientras la sala estalla en aplausos. Después va Chris, y cuando sube veo como un grupo enorme de personas se levanta a aplaudirle, entre los cuales están sus padres y una prole de gente rubia. Las siguientes en subir son Alice Stevens, las gemelas Stuart, Greg Tate, y Nat. Todos aplaudimos cuando ella sube al escenario y hace una ligera reverencia al público con el diploma en la mano.
La última en subir soy yo. Le doy la mano al director Rumsfeld y sonrío cuando Allie me da el diploma. Me giro y veo a mis padres, Greta, Joe, y mi abuela aplaudiendo como locos. Una vez que todo estamos subidos al escenario, tiramos nuestros birretes al aire mientras todo el mundo aplaude y suena el himno del internado.
Cuando acabamos, nos llevan fuera del edificio hacia una carpa instalada para la ocasión en el campus. Busco con la mirada a mi madre, y la localizo junto con Joe y mi padre.
Cuando me ve, mi madre corre hacia mí y me abraza unos cuantos minutos.
-          Cariño, muchísimas felicidades por tu graduación. Estás preciosa – me dice mientras me acaricia la mejilla.
-          Tú si que estás preciosa mamá – le digo convencida. Mi madre está radiante en su ya quinto mes de embarazo, con una pequeña barriga ya formada. - ¿Qué tal te encuentras?
-          Bien cariño, pero no quiero que hablemos de mí. Hoy es tu día. Y el de Johnny, claro está – añade ella cuando Joe la mira divertido.
-          Felicidades Lena. Te mereces todas las felicitaciones del mundo. Una matrícula de honor como promedio final es algo de lo que alegrarse. – dice él abrazándome.
Mi padre llega en ese momento y me abraza.
-          Felicidades preciosa. Un gran promedio para una gran hija. – dice mientras me abraza.
-          Gracias papá – le digo sinceramente. Lo de haber conseguido la matrícula de honor tiene una explicación que le daré más adelante.
-          ¡Lenita mía! – dice mi abuela interrumpiendo. – Estás preciosa. Ha sido una ceremonia preciosa. Aún recuerdo la graduación de tu madre, que también fue maravillosa. Pero la tuya es mejor – me guiña un ojo con una sonrisa cómplice – Y ese birrete te queda estupendo.
-          Tu abuela tiene razón mädchen, estás preciosa – me dice Greta abrazándome.
-          Muchas gracias Greta – le digo devolviéndole el abrazo. – No tenía ni idea de que ibais a venir a la graduación.
-          Mädchen, no nos perderíamos tu graduación por nada del mundo. ¿Verdad que no, Michelle?
-          Por supuesto. Lily nos llamó y nos pidió que no te contásemos nada para que fuese una sorpresa. – añade mi abuela.
-          Lena, han venido unas personas que quieren verte – interrumpe sonriendo mi padre en ese momento.
Me giro con la suficiente rapidez como para ver a dos rubias muy conocidas sonriendo de oreja a oreja.
-          ¡Tía Abbie! ¡Tía Erin! – exclamo mientras corro a abrazarlas.
Hacía casi un año que no veía ni a Abigail ni a Erin, las hermanas pequeñas de mi padre. La última vez que las vi fue cuando me fui de Nueva York para reunirme con mi madre en los Ángeles, el verano anterior a mi entrada en el internado.
Abigail y Erin siguen igual que siempre. Abbie tiene cincuenta y cuatro años, es rubia y alta, tiene los ojos grises y es arquitecta, como mi padre. Erin tiene cincuenta años, es también rubia y con ojos verdes como los míos. Es la única de la familia que no es arquitecta, sino que es organizadora de eventos. Ambas se parecen mucho a mi padre y son encantadoras.
-          Helena Williams. – dice Abbie sonriendo – Desde que no te veo te has convertido en toda una mujer.
-          En una mujer guapísima, diría yo – añade Erin con una sonrisa. – Estás preciosa cariño.
-          Me he llevado toda una sorpresa. Esto sí que no me lo esperaba. – les digo mientras las vuelvo a abrazar.
-          Cariño, no íbamos a perdernos esto. Ya no pudimos verte en Navidades y fue una pena. Así que hablamos con tu padre y hemos venido con él para darte una sorpresa. – empieza a contarme Abbie.
-          Y te hemos traído un regalo de graduación – termina Erin.
-          Erin, Abbie, no hacía falta que me regalaseis nada. Con veros aquí ya es suficiente.
-          De hecho, Lena, no te hemos comprado nada.
-          Cariño, las tías te han traído el mejor regalo que podrías querer. – dice mi madre con una gran sonrisa – Gírate.
Me giro y en cuanto lo hago, empiezo a llorar de la emoción. Mis primos mayores, Ethan y Derek, se acercan para abrazarme mientras yo les devuelvo el abrazo y sigo llorando como una niña pequeña. Esto sí que no me lo esperaba para nada.
-          Ey Lena, no llores cariño. Que se te corre todo el rímel y luego nos echas la culpa a nosotros – empieza a bromear Ethan, con lo que me río.
-          Sois idiotas. Mirad como me he puesto por vuestra culpa – les digo riendo y limpiándome las lágrimas con un pañuelo que me tiende Derek. – Y también sois unos mentirosos. La semana pasada me dijisteis que no podíais venir.
-          La tía Lil nos llamó para que viniésemos y nos pidió que no te contásemos nada para que fuese una sorpresa.
-          ¿Crees que nos perderíamos esto? – exclama Derek. – Aunque estés con el enemigo.
Río con la bromita de la rivalidad de mi antiguo colegio y el internado.
-          Reconoce que nuestras graduaciones son más bonitas. – le digo.
-          Vale, puede que en eso tengas razón. Pero eso no quita que estemos en territorio enemigo. Y por cierto pequeña, estás preciosa. – dice Ethan.
Ethan es aún más alto de lo que yo recordaba. Debe de medir más de 1,90, es rubio, tiene unos ojos azules preciosos y es guapísimo. Tiene 21 años, está estudiando dirección de empresas y economía en Yale, y es de los primeros de su curso. Siempre ha sido educado, correcto, responsable, cordial, un estudiante de matrícula de honor, un jugador de fútbol prometedor y un novio perfecto para Betty, la chica con la que lleva cuatro años y que, con toda probabilidad, se convertirá en la futura señora Manson.
-          ¿Y yo qué? ¿Acaso no lo estoy? – dice Derek haciéndose el ofendido.
-          Dek, ese traje te hace gordo. – bromea Ethan.
-          En el fondo tienes envidia de mi belleza y mi cuerpo de surfero – dice Dek con una sonrisita de suficiencia.
Ethan y yo nos miramos con resignación y reímos. Derek siempre ha sido así. Mientras que su primo Ethan siempre ha sido muy humilde con su aspecto, Derek Duquette siempre se anda pavoneando de su sex appeal. Derek siempre ha sido muy guapo, y él lo sabe, por eso no duda en utilizar eso para ligar con cualquier chica que se le cruce por delante. Derek es más bajo que Ethan, aunque también es rubio y de ojos claros, aunque los suyos son verdes como los míos. Derek tiene 19 años, está estudiando arquitectura en Yale (aunque no con tan buen promedio como el de Ethan) y se dedica a surfear en sus ratos libres. Aunque sea muy egocéntrico y esté enamorado de sí mismo, es buen chico y me adora. Tiene un sentido del humor genial y nunca te aburres con él. Lo considero mi primo favorito porque, aunque adore a Ethan, respeta demasiado las normas, cosa que Derek no hace.
-          Volviendo al tema Leni – empieza a decir Ethan interrumpiendo a Dek – estás preciosa y tienes un futuro excelente asegurado. ¿Has decidido ya lo que vas a hacer?
-          ¿Me guardáis un secreto? – les digo llevándolos aparte para que nadie de mi familia nos oiga.
-          No me digas que has decidido ser stripper – suelta Derek con una carcajada.
-          ¡Claro que no bruto! – le digo mientras le doy una colleja – No pienso pasarme el resto de mi vida bailando en una barra.
-          Piensa que tampoco lo harías toda tu vida. En cuanto empezaras a envejecer te despedirían. – completa él
Suelto un suspiro de resignación, con lo que Ethan se ríe.
-          Volviendo la conversación de adultos, ya sé lo que voy a estudiar.
-          ¿Bellas artes, quizás? – pregunta Dek poniéndose serio.
-          Arquitectura.
Los dos ponen una cara de asombro. No se lo esperaban.
-          ¿Y se lo has dicho a tu padre? – pregunta Ethan todavía asombrado.
-          Todavía no. Pero se lo diré en cuanto vuelva a la ciudad con él, antes de marcharme a Los Ángeles.
-          ¿Y cómo es que has decidido estudiar eso? Pensé que tu padre nos iba a esclavizar para que mantuviéramos a su princesita y que ella no tuviese que mover ni un dedo.
-          Ya sé que mi padre no quiere que estudie Arquitectura. Pero en un futuro me convertiré en la dueña de Industrias Williams, y no quiero que otros, aunque seáis vosotros, la controlen por mí. Quiero aprender todo lo que pueda sobre arquitectura y sobre cómo dirigir una empresa. Y quiero que vosotros me ayudéis a convencer a mi padre de que puedo con esto.
Ethan y Derek se lo piensan unos segundos antes de responder.
-          Lena, sabes que haríamos cualquier cosa por ti. – empieza a decir Ethan.
-          No vamos a dejarte tirada en esto. Tienes nuestro apoyo.
Corro a abrazarlos a los dos por su apoyo. Si ellos me apoyan, no tengo miedo de hablar con mi padre.
Oigo un carraspeo detrás de mí, y cuando me giro veo a Chris mirándonos con cara rara. Se le nota que está celoso a leguas. Me acerco hasta él y le beso.
-          Cariño – le digo cogiéndole de la mano – Ven, quiero presentarte a dos personas muy especiales para mí.
-          Lena, no me digas que son dos ex novios. – me responde Chris preocupado.
Suelto una carcajada y le aclaro rápidamente la situación.
-          Son mis primos, tonto.
Chris me sonríe aliviado, aunque se le borra la sonrisa en cuanto ve las miradas que le dedican tanto Ethan como Derek.
-          Así que tú eres el novio de Lena… – empieza a decir lentamente Ethan.
-          Christopher Schoomaker. Encantado de conoceros, aunque Lena nunca me ha hablado de vosotros. – les dice tendiéndoles una mano y sonriendo nervioso.
-          ¿Es cierto eso, Lena? ¿No has tenido la decencia de hablarle de tus maravillosos primos a este rubiales? – pregunta Derek haciéndose el indignado.
Lo miro mal. Los tres son rubios, así que no puede utilizar lo de ser rubio como algo despectivo.
-          Dek, si os hubiese hablado de Chris, os habríais presentado en segundos en el internado para hacer el papel de primos sobreprotectores, y eso no era algo que deseara ver.
-          Leni, eres nuestra prima pequeña, nuestra misión es protegerte de todo maleante que quiere aprovecharse de ti. – me responde él.
Ethan asiente y Chris se ríe. Ruedo los ojos y suelto un suspiro de resignación.
-          Chicos, madurad, Chris no tiene intenciones de aprovecharse de mí. ¿Verdad que no, Christopher?
-          Por supuesto que no – dice él convencido.
-          Y ahora es cuando sueltas el discursito de que vas a respetarla hasta el matrimonio y todas esas chorradas.
Los dos enrojecemos al instante, provocando que Ethan y Derek se den con la mano en la frente.
-          No tenéis opinión en este asunto. Ninguna. Así que ahorraos los comentarios de llegar pura al matrimonio y todo eso. Porque ninguno de vosotros lo ha respetado y yo no he dicho nada. Y ahora, ¿os vais a comportar como adultos de una vez?
-          De acuerdo – dicen Ethan y Dek a la vez.
-          Bien, pues yo necesito una copa. Urgentemente. – digo mirando alrededor para intentar localizar la mesa de las bebidas.
-          Voy a buscártela. – añade Chris rápidamente. Es evidente que quiere salir enseguida de ahí.
-          No Christopher, quédate un momento con nosotros. Queremos comentarte unas cosillas. – le pide Ethan en un tono normal, aunque sé que tiene un matiz amenazante.
Chris me mira con ojos suplicantes y yo río.
-          Prometedme que no le haréis nada ilegal.
-          Prometido – dice Derek haciendo juramento de meñique.
Salgo de allí y voy a la mesa lo más alejada posible de ellos. Es obvio que tanto Ethan como Dek le van a soltar a Chris el discurso de primo sobreprotector, y prefiero dejarles intimidad.
Cojo una copa de champagne de una mesa y la bebo lentamente en silencio. Dios, cómo la necesitaba.
-          Si quieres te invito a otra – dice un rubio que está a mi lado.
Me giro para mirarle y veo que tiene veintipocos años, el pelo rubio casi al cero como Justin Timberlake, y lleva camisa y vaqueros. Es guapo y, extrañamente, me recuerda a alguien, pero no logro identificar a quién.
-          Creo que con una ya es suficiente. Pero gracias.
-          De nada. Y por cierto, déjame decirte que no sé qué hace una chica tan bonita como tú sola.
-          ¿Y tú te llamas? – le pregunto curiosa. No todos los días te piropea un chico guapo.
-          Paul. Paul Schoomaker. Y tú eres Helena Williams, la novia de mi primo.
-          Me parece algo extraño que tú sepas quien soy y yo no sepa quién eres.
-          Es obvio que Christopher no te ha hablado de mí. Es natural sabiendo que no nos llevamos demasiado bien.
-          Ahora entiendo por qué no me ha hablado de ti.
-          Soy su primo mayor, el modelo de chico que desearía ser Christopher, pero al que no puede aspirar.
-          No te sigo.
-          Es simple. Chris quiere parecerse a mí, pero no puede. Soy mejor que él en muchos aspectos. Y por eso no entiendo qué hace una chica como tú con alguien cómo el.
Esto ya es demasiado, no quiero seguir oyendo cómo insulta a Chris.
-          Paul, creo que te has pasado, así que si no te importa, me voy. Creo que tengo mejores cosas que hacer que perder el tiempo contigo. Sobre todo teniendo al novio tan maravilloso que tengo.
-          Pierdes el tiempo Lena. Tarde o temprano se cansará de ti, como lo hizo de las otras. Y cuando pase eso, estaré disponible para ti.
Paul me sonríe pero yo no le devuelvo la sonrisa. Me marcho de allí deseando no volver a verlo en mi vida.
Encuentro a Chris cuando vuelvo a la mesa donde está mi familia, pero está hablando con mi padre. Mi padre, al verme, me hace señas con la mano para que me acerque.
-          Lena, Lena, Lena. No me habías dicho que tenías novio, cariño.
-          Se me olvidó comentarte ese pequeño detalle, papá.
-          Tu madre me dijo hace unos meses que estabas saliendo con un chico, pero no que la cosa fuera tan seria.
-          Vamos papá, seguro que no es para tanto.
-          Menos mal que tus primos me lo han dicho. Si llega a ser por ti, me entero el día de la boda.
Malditos Ethan y Derek. Esta me la van a pagar, eso está claro.
-          Por suerte para ti, pequeña, tu novio está a la altura de las circunstancias y está demostrando ser un perfecto caballero. Es un Schoomaker, al fin y al cabo.
-          ¿Me estás dando tu bendición, papá?
-          Digamos que sí. Pero más te vale cuidarla, chaval, porque si no te enfrentarás a las consecuencias.
-          Lo haré señor, la cuidaré.
Mi padre sonríe y se aleja con mis tías. Chris me sonríe:
-          Creo que ha ido bien – dice él.
-          Algún día tenía que pasar. Me alegro de que le hayas caído bien a mi padre.
-          No ha sido difícil. A los dos nos encanta el fútbol, así que era fácil sacarle el tema de conversación.
Sonrío y le beso.
-          Te quiero. Más de lo que haya querido a alguien nunca.
-          Entonces, ¿harías algo por mí?
-          Por supuesto.
-          Mi padre quiere conocerte.
-          Entonces vayamos a conocerle.
Chris me coge de la mano y me guía a una mesa cerca de la de mi familia. Veo cómo Beth Schoomaker sonríe cuando nos ve a los dos.
-          ¡Pero qué guapos estáis los dos! Dejad que os saque una foto juntos. Esto hay que recordarlo.
-          Mamá, no seas pesada. Llevas sacando fotos desde hace una hora.
-          Por dios Christopher, no seas quisquilloso. Sólo será una foto. Así que ponte ahí y sonríe.
Nos juntamos un poco más y sonreímos a la cámara. Beth asiente mientras mira cómo ha quedado la foto.
-          Guapísimos. Ha quedado preciosa.
-          ¿Otra vez con la cámara, Betty? – dice un hombre de cuarenta y tantos con un asombroso parecido a Chris.
-          No me culpes Charles. Es la graduación de mi hijo.
-          De acuerdo Betty, te dejo con tu cámara. – le dice dándole un beso.
De repente se fija en mí y sonríe.
-          Y supongo que tú debes de ser la famosa Lena de la que tanto habla Christopher.
-          Helena Williams, encantada.
-          Soy Charles Schoomaker, el padre de tu novio. Chris tiene razón, eres incluso más guapa en persona que en fotos.
-          Gracias señor – le digo mientras me sonrojo.
-          Por favor, llámame Charles. Si eres la novia de Chris, entonces nos tutearemos.
-          De acuerdo Charles – le digo mientras sonrío.
-          Venga Charles, ya la has conocido, así que déjame que les siga sacando fotos. Voy a hacer un álbum de la graduación.
-          Por favor mamá, no sigas con este suplicio.
-          Vamos chicos, aún tenemos que haceros fotos con el resto de vuestros amigos.
Chris suspira de resignación y yo suelto una carcajada. Al poco tiempo ya estamos sacándonos fotos con el resto de la pandilla, todos con los birretes puestos. Después, comienzo a sacarme fotos con toda mi familia.
Los echaba de menos, mucho de menos.  Pero me alegro de que hayan venido todos aquí hoy. Por primera vez en mucho tiempo, soy completamente feliz.

***
Chris P.O.V
-          Y dime, ¿has sido duros contigo? – le pregunta Johnny mientras paseamos por los terrenos un rato después, fuera de la carpa.
-          Digamos que me cortarán los huevos si le hago daño a su querida prima. Pero por lo demás, todo bien.
-          Entonces no hay nada de lo que preocuparse. Es normal que quieran amenazarte un poco. Fred lo hizo conmigo cuando se enteró de que estaba saliendo con Charlie. Aunque lo normal es que esa charla te la diera su padre.
-          De hecho, me la ha dado, pero Albert Williams ha sido bastante más ligero. No me ha amenazado con cortarme los huevos, así que vamos por buen camino.
-          Te ha dado fuerte con Lena, hermano.
Sonrío con su comentario.
-          ¿Y tú con Charlie qué? No me digas que no te ha dado fuerte.
-          Es distinto Chris. Piensa que conozco a Charlie desde hace años. Ha sido algo lento, que se ha ido formando poco a poco. Pero lo tuyo ha sido de repente. Has pasado de querer estar con todas las tías a querer estar con sólo una.
-          Tío, cuando la encuentras, no la dejas escapar ni de coña. Lena es… es única. Con ella me ocurre lo mismo que con vosotros, puedo ser yo mismo. No tengo que ser el pijo creído niño de papá que se cree el rey del internado.
-          Te has definido perfectamente.
Le doy un puñetazo suave en el estómago a Johnny, que hace que se queja del dolor. Pero debo darle la razón a Johnny. Yo era así antes, pero desde que ha llegado ella… todo es distinto. Y me gusta.
-          La echaré de menos cuando esté en Harvard… – le digo a Johnny después de un rato.
Johnny se queda pensativo y me mira con preocupación
-          ¿Estás pensando en dejar a Lena? – me pregunta – Sé que eres mi mejor amigo, pero ella es mi hermanastra. Me preocupa.
No te preocupes por eso Johnny.  – le digo mientras palpo la cajita que está en mi bolsillo – Todo lo contrario. Voy a pedirle que se case conmigo.



Capítulo 31: Sesenta segundos

Sesenta segundos

¿Conocéis esa sensación, cuando el tiempo pasa muy rápido e intentas atraparlo entre tus dedos, intentando retener ese instante un poco más? Pues yo me siento así.
Sin darme casi cuenta, habían pasado nueve meses desde que había llegado a St. Peter’s College. Nueve meses en los que había pasado de todo. Nueve meses que nunca olvidaría. Nueve meses que habían pasado como sesenta segundos.
Pero no sólo pasaba con este curso. En otros años, con la llegada del mes de junio, llegaban los exámenes finales, mi cumpleaños y el final de curso. Final de curso que para mí consistía en una gran fiesta con mis antiguos compañeros de St. Jude, y días después marcharme a pasar el verano en California.
Sin embargo, este año me siento nostálgica. No sé si es porque se termina un año memorable, por ser mi último año en la escuela, o porque definitivamente me estoy convirtiendo en una adulta.
Los días previos a la graduación habían pasado como un suspiro. Las clases ya habían terminado para los del último curso, por lo que nos pasábamos todo el día tomando el sol en los jardines del internado. Sin embargo, los días que en apariencia parecían tranquilos habían estado cargados de emociones: firmas en los anuarios, fotografías con los profesores, abrazos de despedida, menú especial en el comedor… La culminación de esa semana sería el baile de fin de curso y, por último, la graduación.
Esos días también habían servido como reconciliación. Jill había sido aceptada de nuevo  en la sociedad estudiantil, aunque con algunas reservas por parte de algún sector concreto del internado, como la pandilla de seguidoras de Blondie Fox. Jill le había pedido perdón a Blondie Fox, que se lo concedió de mala gana, aunque al final acabó admitiendo que le encantaba sentirse el centro del mundo.
Con respecto a Christian, aunque él se mantuvo algo alejado de Jill durante unos días, al final acabó perdonándola por todo lo que había publicado acerca de él en el boletín de Fionna Catchpole. Además, Christian está loco por Jill, por lo que el enfado no le habría durado mucho de todas maneras.
En mi pandilla hubo ciertas opiniones contradictorias. Johnny, Charlie, Kevin y Penny estaban a favor de perdonarla. Nat y Jerry tenían sus recelos, al igual que Chris. Mis amigos dijeron que la decisión dependía de Chris y de mí. Yo por mi parte la había perdonado, y al final Chris también lo hizo.
Y por fin llegó el día del baile.
Creo que existen tres días muy estresantes para cualquier chica: su primer beso, el día de su boda y el día del baile de graduación. Y como puede imaginarse, nuestra habitación es un completo caos. Ninguna encuentra nada de lo que tenía pensado utilizar, y el pánico reina en la habitación. Ninguna de las cuatro está maquillada, peinada o vestida. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que quedan cuarenta minutos para reunirnos con los chicos.
-          ¡HELENA WILLIAMS! ¿DÓNDE HAS METIDO MIS MANOLOS?
-          Cálmate Nat, tus Manolos están debajo de tu cama. Donde han estado desde hace tres días. – le recuerdo mientras yo misma busco mis zapatos en mi armario.
Nat se agacha para ver si lo que le había dicho era cierto, y sonríe cuando localiza sus tacones.
-          ¿Sabías que te adoro y que en un futuro te contrataré para que seas mi asistente personal?
-          Lo sé, lo sé. – añado. Y de repente oímos un grito procedente del cuarto de baño – Venga, acompáñame al baño, vamos a ayudar a estas dos.
La que grita es Charlie, cómo no. Y está gritándole a Penny.
-          ¡Dijiste que querías sombras oscuras! – dice Penny con un hilo de voz.
-          ¡Penny, te dije sombras oscuras, no que pareciese una maldita vampiresa! – le vuelve a gritar Charlie.
-          ¡Las sombras oscuras son así idiota!
-          Calma, calma chicas – digo intentando mediar entre ellas.
-          ¡PAREZCO UNA MALDITA VAMPIRA! – me grita Charlie.
-          Pero puede solucionarse – dice Penny intentando calmarla.
La mirada de odio que Charlie le dedica no tiene precio.
-          Charlie, bórrate eso, ya te maquillo yo. Penny, a ti ya te maquilla Lena. – empieza a ordenar Nat, por lo que todas nos ponemos a la tarea.
Nat comienza a desmaquillar a Charlie, para después volver a comenzar el proceso. Yo por mi parte empiezo a maquillar a Penny en tonos suaves, ya que su vestido era rosa. A los diez minutos, tanto Nat como yo ya hemos acabado, así que nos toca maquillarnos a nosotras.
La parte del peinado es menos complicada y pasa de forma más tranquila. Nat, siguiendo el consejo de Mary, lleva un moño trenzado obra de Penny, a la que se le da mucho mejor peinar que maquillar; Charlie había decido recogerse el pelo en un moño bajo despeinado, que le queda de maravilla; Penny se había recogido el pelo con un semirrecogido, que aguantó con una hebilla de piedras rosas; y por último, yo me había hecho un moño para dejar a la vista la impresionante espalda de mi vestido.
Cuando terminamos, saco mi cámara y disparo a Nat, que me mira de forma sorprendida.
-          ¿Fotos? ¿Ahora?
-          ¿Por qué no? – le respondo disparando de nuevo.
Las chicas empiezan a posar y a poner morritos, mientras que yo sigo disparando sin parar. Luego Charlie me coge la cámara y empieza a sacarme fotos  como una loca. La mini sesión de fotos se ve interrumpida con la melodía de mi móvil. No me hace falta mirar la pantalla para saber quién es.
-          Williams al habla.
-          Lena, deja la cámara y venid al vestíbulo. Quedan diez minutos para que empiece el baile.
-          ¿Cómo sabías que estaría haciendo fotos?
-          Cariño, eres demasiado predecible en las fiestas. Date prisa.
-          Ya voy, ya voy. Pero no irás a desaparecer en el último momento, ¿verdad?
-          Claro que no. Te espero en las escaleras.
Y cuelga. Chris me conoce muy bien. Definitivamente, me conoce demasiado bien.
-          Chicas, nos vamos.
-          ¡Pues en marcha! – exclama Charlie.
Salimos de la habitación, pero no somos de las últimas. Muchas chicas se marchan en este momento, así que no me siento tan mal por llegar casi tarde.
La puerta del vestíbulo ya está abierta, y al atravesarla, me sorprende la cantidad de gente que ya hay allí. Miro hacia la escalinata, y allí, al pie de ella, están los chicos. Sonrío al verlos. Los cuatro van de esmoquin, Kevin de negro, Johnny de azul oscuro, Jerry de verde esmeralda y Chris de gris perla, con las pajaritas a juego.
Chris está guapísimo. Y tremendamente sexy con el esmoquin. Qué suerte tengo. Tengo un novio guapísimo y maravilloso. Chris se acerca a mí, mirándome de arriba abajo, sonriendo. Cuando estamos frente a frente, me doy cuenta de que con tacones sólo soy unos pocos centímetros más baja que él.
-          ¿Alguien te ha dicho hoy que estás preciosa?
-          ¿Sólo hoy? – le contesto coqueta.
-          Hoy y siempre. – responde besándome los nudillos.
-          Podríamos decir lo mismo de ti Schoomaker.
-          El más guapo hoy soy yo claramente. – dice Jerry interrumpiendo nuestra conversación. – Parejita, tenemos que entrar.
-          Espera Jerry – le contesta Chris sacando del bolsillo de su pantalón una caja.
-          Nosotros vamos entrando – añade Jerry despidiéndose.
-          ¿Qué tienes ahí? – le pregunto con curiosidad.
-          Un pequeño detalle para ti.
Chris abre la caja sacando un adorno floral a juego con el que llevaba prendido de la chaqueta. Peonías, mis favoritas.
-          Me había olvidado por completo. – confieso mientras me lo coloca en la muñeca.
-          Suerte que yo no. – dice tras un beso rápido mientras me tiende un brazo. – ¿Entramos señorita Williams?
-          De acuerdo señor Schoomaker. – respondo agarrándome a él.
Y entramos en el comedor. La primera parte del baile es la cena, que se celebra en el comedor, y la segunda parte, el baile en sí, se celebra en el salón de baile. Miro el mapa de mesas, a ver cuál nos habían asignado. Tras encontrarla, vamos hacia allí, donde ya nos espera el resto de la pandilla.
-          Al fin llegáis, me muero de hambre – dice Johnny.
-          Tú y todos – completa Kevin.
-          Sois un par de viejos cascarrabias – respondo mientras me acomodo en mi sitio. – Así no llegaréis a los cuarenta.
-          Me encantaría verte a los cuarenta. Serás una “señora de” ricachona inyectada en botox. – contesta Johnny a mi réplica.
Le saco la lengua en respuesta. Mi querido hermanito resulta irritante a veces.
-          Te olvidas de que será la presidenta de la asociación de protección de algún bicho en peligro de extinción de Australia. – añade Kevin.
El gemido de dolor por la colleja que le da Charlie no se hace esperar.
-          De todas maneras, querida hermanita, hoy tienes dieciocho años. Y debo decirte que estás muy guapa. – me contesta Johnny.
-          De hecho, está preciosa. – añade Chris. Qué pelota es cuando quiere.
-          Pelota – le dice Jerry tirándole un panecillo.
-          Dominado – bromea Kev tirándole otro.
Chris les tira panecillos a los dos, empezando una pequeña guerra de comida.
-          Chicos… ¿De verdad vais a empezar una guerra de comida en el baile de graduación? – empieza a reprenderles Penny.
-          Ya paramos Penny – le contesta Kevin dejando el panecillo en su plato.
Los chicos ahogan una risa, a lo que yo también me rio.
-          Y eso que yo era el dominado… – dice Chris por lo bajo.
Todos nos empezamos a reír, excepto Kev y Penny, que nos miran mal, por lo que aún seguimos riéndonos más.
A los pocos minutos llegan los últimos ocupantes de nuestra mesa, Christian Valley y Jill Blackstone. Ella va con un vestido verde esmeralda muy parecido al que llevaba Keira Knightley en “Expiación” y un moño bajo para que se le vea la espalda del vestido. Christian está muy guapo con el esmoquin, pero no tanto como Chris.
-          ¿Llegamos demasiado tarde? – pregunta Jill acomodándose entre Christian y Penny.
-          No demasiado – respondo mirando hacia la sala, todavía llenándose.
-          Menos mal – dice ella con un suspiro de alivio. – Mi compañera de habitación monopolizó el baño por completo, y no pude arreglarme hasta que ella salió.
-          Algo similar pasó en nuestra habitación – contesto con una sonrisa, mientras noto cómo Penny y Charlie me miran mal.
-          Mujeres – contesta Christian, a lo que asienten todos los chicos.
La sala termina de llenarse por completo y empiezan a salir camareros de la puerta de la cocina. El menú reposa encima de mi plato. Crema de guisantes, filet mignon con salsa de queso y arándanos, pastel de pescado con salsa de caviar, y de postre, tiramisú.
La cena transcurre entre risas. Me da pena pensar que ésta es la última cena que vamos a pasar todos juntos en el internado. Pero hay que disfrutarla al máximo.
Tras la cena, nos vamos de allí y nos dirigimos al salón de baile. Antes de entrar, hay una especie de cola para sacarse la típica foto de graduación en el photocall. Vamos hacia allí y uno por uno nos sacamos la foto con nuestra pareja. Cuando llega nuestro turno, Chris me abraza y ambos sonreímos a la cámara. Después, el fotógrafo que usa la polaroid nos tiende la fotografía y Chris se la guarda en el bolsillo de la chaqueta del esmoquin. Y por fin, entramos en el baile.
Ya es la segunda vez que íbamos allí, la primera vez había sido por la fiesta de Halloween. Pero, a diferencia de la fiesta de octubre, el salón está decorado de una manera completamente distinta. Los estudiantes junior se habían esmerado. Guirnaldas en color plateado colgaban de las paredes junto con globos del mismo color, mientras que del techo colgaban miles de adornos en forma de estrella. La luz tenue, la atmósfera de fiesta… Todo es perfecto.
-          ¿Bailas conmigo, señorita Williams?
-          Por supuesto, señor Schoomaker. – le sonrío.
Suena “I love it”, de Icona Pop. Todavía no es el turno de las canciones románticas, así que Chris y yo saltamos y bailamos, riéndonos como dos críos. Al poco se unen el resto a nosotros. Me encantaría atrapar este instante de felicidad en el tiempo, y que durase siempre. Es un momento perfecto.
Cuando la canción termina se para la música y sube Allie Rumsfeld al escenario. Lleva un vestido sencillo para dar el protagonismo al resto de las chicas de la sala. Da dos toquecitos al micrófono para hacerse oír.
-          Buenas noches chicos. Espero que lo estéis pasando bien. En estos momentos sigue abierta la votación para los reyes del baile, así que si aún no habéis votado, hacedlo antes de las once. A medianoche se anunciará el resultado de la votación y los ganadores harán el baile de honor. ¡Pasadlo bien!
La gente aplaude a Allie, que se marcha del escenario. Todos seguimos bailando sin parar. En un momento de descanso, Chris me acompaña a la barra donde sirven las bebidas. Supuestamente no podemos beber alcohol, pero hoy están haciendo la vista gorda, sobre todo los camareros.
Chris me pasa mi vodka con lima y toma un sorbo del suyo.
-          ¿A quién has votado? – le pregunto tras un sorbo. – Y no me digas que has votado a Blondie Fox y Brandon, o lo que es peor, a sus lacayas con sus respectivos novios…
-          De hecho, he votado a Nat y Jerry.
-          ¿Nat y Jerry? No sabía que se presentaban.
-          De hecho, ni ellos lo saben. Les hemos presentado a candidatos sin que se enteren.
-          Eres malo.
-          Para nada. Estoy deseando ver a Jerry con una corona de plástico. Será memorable.
Niego divertida. Ver a Chris con esa expresión de niño travieso me derrite.
-          ¿Y tú qué? ¿Has votado a Jill y Christian?
-          Les he ahorrado la humillación. He votado, al igual que tú, a unos candidatos que ni siquiera lo saben.
Chris alza una ceja y me mira expectante.
-          Sorpréndeme.
-          Charlie y Johnny. Va a ser divertido ver a Charlie con una corona. Eso sí que va a ser memorable. – Chris estalla en una carcajada, haciendo que yo también me ría.
-          Y eso que yo soy el malo. ¿Qué me dices de ti?
-          Vamos cariño, reconoce que va a ser genial. Imagínate la cara que pondrán como ganen.
-          Cierto. Debería haber votado a Charlie. Aunque habría preferido votarte a ti…
-          Chris, ya te dije que no quería ser reina. Ya lo fui en St. Jude y no quiero repetir la experiencia. Odio ser el centro de atención.
-          Es una pena. Me habría encantado empezar ese baile contigo.
-          Lo bailaremos igualmente. Quiero bailar una lenta contigo. Una canción que sea más romántica que “Love actually”.
-          O que “Will you still love me tomorrow”.
-          Tanto como esa. Pero lo importante es que quiero bailarla contigo. Todas las que nos pongan por delante.
Brindo con Chris y nos terminamos la copa de un trago. Chris me besa y me quita el vaso vacío de la mano, y me lleva de vuelta a la pista de baile junto con el resto de la pandilla.
Sé que han pasado horas, pero han pasado como si fueran un solo minuto. A medianoche, la música para y Allie sube al escenario con dos sobres en la mano. Los agita en el medio de chillidos histéricos de las chicas.
-          Buenas noches a todos. Como sabéis, ha llegado la hora. Después de haber contado los votos, ya puede decirse que St. Peter College tiene un nuevo rey y una nueva reina.
Los vítores y aplausos no se hacen esperar. Allie manda callar mientras sonríe.
-          Y bien, redoble de tambor. El rey del baile de este año es… – Allie rasga el sobre y saca la tarjeta de su interior – ¡John Morrison!
Todos empezamos a aplaudir y Johnny enrojece. Chris me sonríe divertido, y yo lo hago a su vez. Las chicas y yo animamos a Johnny coreando su nombre a que suba al escenario. Él lo hace y, cuando llega, Allie Rumsfeld le coloca una corona de plástico amarilla sobre la cabeza. Seguimos aplaudiendo hasta que Allie nos manda callar a todos.
-          Y ahora, el momento que todas estabais esperando. El momento de elegir a la reina del baile. Por un ajustado margen, la reina del baile de este año es… ¡Charlotte Hilton!
Charlie empalidece y nosotras coreamos su nombre para que vaya junto a Johnny. Ella nos dedica una mirada de odio antes de dirigirse al escenario, donde Johnny la espera con una sonrisa radiante. La corona que Allie le coloca en la cabeza a Charlie parece de princesa de cuento, y cuando lo hace, Charlie sonríe.
Seguimos aplaudiendo hasta que empiezan a sonar los primeros acordes de “Take my breath away”. Johnny guía a Charlie al centro de la pista y empiezan a bailar pegados, muy lentamente. A los pocos segundos, empiezan a unírseles parejas. Noto como Chris tira de mí para que vayamos a bailar.
Al llegar a la pista, coloco los brazos alrededor de su cuello, y él hace lo propio colocándolos en mi cintura. Empezamos a movernos al ritmo de la música, perdidos en nuestra propia ensoñación.
-          Quisiera recordar esto siempre. – le digo a Chris al oído.
-          Y yo. Tú y yo bailando en nuestro baile de fin de curso. Esto es algo que no se me olvidará fácilmente…
-          Te quiero, ¿lo sabes?
-          Lo sé, y yo también te quiero.
La canción acaba, y bailamos unas cuantas más hasta que saco a Chris de la pista de baile. Se me ha ocurrido una idea.
-          ¿No quieres seguir bailando? – me pregunta extrañado.
-          Creo que ya hemos bailado bastante por hoy. Además, me apetece dar un paseo contigo por ahí.
Nos escabullimos del baile y salimos al hall. La luz es tenue, y hay varias parejas haciéndose arrumacos en la escalinata. Chris me guía hacia el exterior y nos quedamos solos fuera.
-          Chris, ¿hay alguna manera de subir a la biblioteca sin que nos vean?
-          ¿A la biblioteca? ¿Por qué quieres ir a la biblioteca?
-          Tú hazme caso y vamos a la biblioteca. Pero no quiero que nos vean.
-          De acuerdo, de acuerdo. Podemos usar las de emergencia que hay en la parte trasera, así no nos verán.
Vamos caminando de la mano hacia la parte de atrás en silencio, pero no es un silencio incómodo. Es un silencio de expectación.
-          Me pregunto qué estarás planeando.
-          Lo sabrás en cuanto lleguemos allí. No seas impaciente. – le riño.
Empezamos a subir por la estrecha escalerilla. Yo voy delante sujetándome los bajos del vestido, y Chris me ayuda con la parte de atrás. Llegamos al segundo piso y empujamos la puerta con fuerza. Entramos en el silencioso pasillo y nos dirigimos a la puerta de la biblioteca.
-          Está cerrada con llave – comento mientras intento abrirla.
-          Nena, ya sabes que eso no es un problema.
Lo miro extrañada alzando una ceja.
-          Por si no lo recuerdas, la primera vez que te besé fue cuando nos colamos en la habitación de la Linton para robar un examen.
-          ¡Ah! – exclamo cuando me doy cuenta de a lo que se refiere. Le tiendo una horquilla para que fuerce la cerradura. Chris forcejea con la puerta unos instantes y se abre sola.
-          ¡Tachán! – grita divertido. Aplaudo y río a la vez.
Chris tira de mí hacia dentro y cierra la puerta a su paso. Vamos caminando lentamente hacia la parte de arriba.
-          Y ahora, ¿vas a contarme lo que planeas?
-          Cuando estábamos bailando, me acordé de un tópico sobre los bailes de fin de curso… – Chris alza una ceja y continúo. – Las chicas suelen perder la virginidad el día del baile.
-          Pero ese no es tu caso.
-          Imagínate que es así.
Chris me sonríe seductoramente, y se acerca más a mí, pero yo sigo hablando:
-          Pero me acordé de que ninguno de los dos iba a tener la habitación libre esta noche… Y como no podemos volver hasta las cinco a nuestras habitaciones, pensé en esto.
-          ¿Te parece un buen sitio?
-          Es perfecto. ¿Has leído “Expiación”? – le pregunto mientras me arrincona contra una de las estanterías.
-          He visto la peli. – dice mientras me empieza a besar el cuello.
-          Pues acuérdate de la escena de la biblioteca. Porque eso es exactamente lo que quiero hacer contigo – le digo antes de besarle yo.
Chris me besa lentamente mientras recorro con los dedos el camino que va desde su cuello hasta el nacimiento del pelo. Gime cuando tiro suavemente de él. Bajo las manos hasta encontrar la chaqueta de su esmoquin, que él me ayuda a desabrochar. Empiezo a desabrocharle uno por uno los botones de la camisa, para quitársela finalmente.
-          Creo que te sobra demasiada ropa ahora mismo. – le digo con tono coqueto.
Chris sonríe y acaricia mi muslo en la parte que deja al aire el vestido, y me va subiendo la falda lentamente. Empezamos a respirar más rápido.
-          Creo que a ti también te sobra ropa, nena.
Chris llega en ese momento al vértice de mis muslos y lo acaricia por encima de la tela lentamente, haciendo círculos. Siento como si fuera a morirme del placer de este momento. Chris me quita la ropa interior con cuidado, besando mi pierna mientras baja, y la deja caer al suelo.
-          Creo que esto tampoco te hace falta.
Me gira y empieza a besar mi espalda desde la nuca hasta donde empieza la tela del vestido, mientras sigue acariciando mi entrepierna. Baja la cremallera del vestido, que cae a mis pies. Chris sonríe cuando ve que no llevo sujetador.
-          Interesante elección – dice antes de acariciar mis pezones y tirar suavemente de ellos.
Me besa mientras sigue con su tarea de acariciarme los pechos, y yo sigo gimiendo de placer. Él insiste e introduce un dedo dentro de mí. Gimo aún más, mientras él sigue con su ritmo implacable. Llego al orgasmo mientras nos besamos. Mi respiración se va calmando mientras él sonríe complacido.
-          Cariño, veo que aún sigues vestido – le digo cuando consigo calmarme del todo.
Chris sonríe y yo dirijo las manos hacia su cinturón y se lo quito. Noto la dureza de su entrepierna por debajo de la tela de los pantalones. Chris se apresura a quitarse los pantalones, haciendo lo mismo con los slips.
-          Deberíamos solucionar esto – le digo mientras empiezo a acariciarle y a darle placer con la mano.
Chris gime mientras sigo con mi tarea. Su erección crece hasta un punto que me sorprendo.
-          Nena, si sigues así, esto va a acabar mucho antes de lo queremos.
-          ¿Y si quiero que sea así? – le digo con una sonrisa coqueta.
-          Aún queda la mejor parte. – dice apartando mi mano con delicadeza y besándome.
Me sigue besando cuando noto como entra en mí, y yo arqueo la espalda al sentirlo.
-          ¿Te gusta así? – pregunta entrando más hondo aún.
Jadeo como respuesta. Lo acerco aún más a mí para que siga.
-          Chris – jadeo.
-          Lena – me responde él, excitado.
-          Te amo.
Me besa y empezamos a movernos lentamente, sintiendo cómo se me clavan los lomos de los libros en la espalda. Voy haciendo círculos con la cadera mientras él gime.
-          Me vuelves loco. Dios Lena, me vuelves completamente loco.
Le muerdo el lóbulo de la oreja y después le beso. Primero lento, pero después el beso se vuelve más pasional, más profundo. Somos puro fuego ahora mismo.
Poco a poco, Chris va aumentando el ritmo de las embestidas, haciendo que ambos lo disfrutemos más, hasta que en un momento siento que llegamos al final.
-          ¡Chris! – grito mientras los dos llegamos al orgasmo juntos.
Pasan unos instantes, mientras ambos vamos recuperando el aliento.
-          Eso… ha sido… – intento decir, pero no puedo.
-          Increíble – termina él la frase por mí.
Sonreímos como dos críos y empezamos a reír.