miércoles, 2 de abril de 2014

G.4: La dama de honor

Johnny P.O.V
Nunca, jamás de los jamases, pensé que organizar una boda iba a ser algo tan complicado.
-          Charlie, por dios, no creo que sea tan difícil lo de hacer la lista de invitados. – le digo mientras dejo sobre la cama los dos folios con los nombres de los posibles invitados.
-          ¡¿QUE NO ES COMPLICADO?!
A todo el lío de la organización, hay que añadirle que Charlie se ha convertido en Terminator. Y da miedo. Mucho miedo.
-          Char, hacemos una boda íntima y punto. Nos vamos a Las Vegas y que nos case Elvis. – le sugiero intentando bromear.
Charlie me mira mal, muy mal. Vale, no le ha gustado la broma.
-          Nunca, en tu vida, vuelvas a sugerir eso.
-          Pero estarás de acuerdo conmigo que ir a Las Vegas es mucho más fácil que conseguir un lugar para el banquete en San Francisco en pleno mes de Diciembre.
-          Si quieres una boda navideña, será este año. No pienso esperar todo un año para casarme. Además, tú fuiste el que insististe en lo de la boda navideña, así que no te quejes.
-          Reconoce que va a quedar mucho más bonito en las fotos. ¿Te imaginas lo bonito que será tener un árbol en todas las fotos?
Charlie vuelve a ponerse en plan Terminator. Vale, no le ha gustado lo del árbol.
-          Johnny, cariño, ¿qué tienes en contra de una boda hippie en la playa? – pregunta ella con voz melosa.
-          No quiero una boda hippie. Y punto.
Vale, puede que yo tenga algo de culpa con todos los líos que estamos teniendo para encontrar un sitio para la boda. Pero nos pusimos de acuerdo en que yo elegía la fecha y Charlie la ciudad donde nos casaríamos. Que ambas cosas sean incompatibles a dos meses de la boda no es culpa nuestra.
-          Pero va a quedar precioso en las fotos – dice ella con un tono de ironía.
-          Venga, no te preocupes, encontraremos el sitio perfecto. Lo de la ceremonia ya está, ¿no?
-          Sí, eso está solucionado. Mi madre ya ha hablado con el Pastor Collins y dice que no hay problema con la fecha para casarnos en Grace Cathedral.
-          Pues si tenemos la iglesia, ya es un problema menos. Ya verás cómo encontramos un lugar a tiempo. – digo mientras me pongo a su lado y la abrazo. – Tengo plena confianza en Belle Hilton.
Belle, la madre de Charlie, nos está ayudando mucho con lo de la boda, ya que nosotros desde Nueva York estamos más limitados para organizarla.
-          Me está agobiando ya, y eso que está en la otra punta del país. ¿Te lo puedes creer? No para de insistirme con lo del tema de las damas de honor. Quiere que vayan mis primas Brianna y Bethany.
-          ¿Las gemelas pesadas pelirrojas?
-          Las gemelas pesadas pelirrojas. Ya me han llamado como cinco veces cada una, me imagino que para preguntarme si pueden ser las damas de honor. Pero no les quiero coger el teléfono. Son imbéciles.
-          ¿Pero no has elegido ya quienes quieres que sean tus damas de honor?
-          Voy a decírselo a Nat y a Lena. Y me gustaría pedírselo a Penny.
Pongo cara de incredulidad, por lo que Charlie se dispone a responderme enseguida.
-          No pongas esa cara. Fue mi mejor amiga durante demasiados años como para ignorarlo. Quiero que esté en la boda.
-          Como quieras Char. Es tu decisión.
-          Tengo que llamarla para contárselo. Espero que le haga ilusión la noticia.
-          Seguro que sí Char. Ser dama de honor siempre os hace ilusión a las chicas, ¿no?
Charlie me da un puñetazo suave en un brazo, y gimo.
-          Idiota.
-          Venga Char, era una broma. – le digo haciendo el gesto de paz. Charlie sonríe y me da un beso en el hombro.
-          ¿Y tú qué? ¿Ya has elegido quien quieres que te acompañe al altar? – pregunta acomodándose en mi regazo.
-          Quiero pedírselo a Lily.
-          ¡Eso es genial, John! Le va a hacer mucha ilusión, ya lo verás.
-          Eso espero. Quiero pedírselo hoy, cuando vengan a buscar a Joey.
-          ¿No vas a buscarlos al aeropuerto?
-          Va a ir Lena con Chris al JFK. Tenemos un rato para estar solos – le digo acariciándole la pierna.
Charlie se gira para quedar a horcajadas encima de mí y empieza a besarme. Pasa los brazos alrededor de mi cuello y profundiza el beso. Meto las manos por debajo de la camiseta y subo hacia arriba, pero antes de que pueda continuar, la voz de pito de Joey nos interrumpe al otro lado de la puerta.
-          ¡Johnny! – grita dando golpes en la puerta – ¡Quiero merendar!
Charlie suelta una carcajada y me besa suavemente.
-          Creo que vamos a tener que dejarlo para después – me dice acariciándome el pelo.
-          De acuerdo – le digo antes de besarla rápidamente y quitarla de mi regazo suavemente.
-          Voy a llamar a Penny. Creo que debo hablar con ella.

Penny P.O.V
El DVD vuelve a estar estropeado. Otra vez. Me dan ganas de darle un golpe, pero me contengo. “Bienvenue chez les Ch'tis” tendrá que esperar para otro día. Exasperada, vuelvo al sofá y hago zapping en busca de algo interesante para ver.
Owen sale de la cocina de nuestro apartamento con dos tazas de chocolate caliente y me entrega una cuando se sienta a mi lado.
-          ¿Vuelve a estar estropeado el DVD?
-          Ajá – le contesto, abrazándome a él mientras vemos un programa sobre talentos musicales.
Sin duda, Owen es lo mejor que me ha pasado desde que llegué a París hace ya cuatro años. Al principio me encontraba perdida. Ciudad diferente, idioma diferente… Fue un gran cambio. Y en medio de todo ese cambio, apareció él, un estudiante inglés tan perdido o más que yo, con una gran sonrisa y unas ganas tremendas de comerse el mundo.
Desde el principio hubo química. Mucha química. Pero yo no estaba preparada en ese momento para tener una relación, ni siquiera un chico para una noche. Lo de Kevin había sido demasiado doloroso, y todavía era un hecho reciente.
Pero pasaron los meses. Tuve noticias de todos mis amigos, pero ninguna de Kevin. Por lo menos a través de él. Ningún correo, ninguna llamada. Nada. Yo también era culpable de la situación. Pero era demasiado cobarde como para sentarme frente el ordenador y escribirle un correo, o simplemente pulsar una tecla en mi teléfono y llamarlo, como deseaba desde hacía meses. Le había dejado yo. Me merecía todo ese silencio.
Y estaba Owen. Owen, quien venía a buscarme todos los días a mi apartamento para desayunar de camino a la Universidad. Owen, con quien fui a visitar todos y cada uno de los monumentos que tenía ganas de ver en París. Owen, que me consoló cuando la tristeza me invadía por completo y sólo podía llorar.
Owen fue mi pilar durante esos primeros meses. Y, pasada la tristeza inicial de esos primeros meses, consiguió seguir siendo mi pilar en París. Fue inevitable lo de acabar saliendo juntos. Mi mejor amiga en París, Emma, no dejaba de decirme que le diese una oportunidad. Que Owen se la merecía.
Y no me equivoqué. Owen no había dejado de preocuparse por mí y de cuidarme desde que empezamos a salir hace tres años.
Un sonido estridente interrumpe nuestro momento de calma. Owen me mira y me indica con la mirada que es mi teléfono. Es raro. No suelen llamarme a las once de la noche un martes.
Mi sorpresa es mayúscula cuando veo el nombre que aparece en la pantalla. Owen se percata de mi expresión y contesto rápido para tranquilizarle:
-          Tranquilo, es Charlie.
Contesto el teléfono.
-          ¿Penny? ¿Penny, estás ahí?
-          Tranquila Charlie, soy yo.
-          Menos mal. Te he intentado llamar dos veces porque se cortaba la línea.
-          Pasa a veces, no te preocupes.
-          ¿Te he despertado? Si es así lo siento, dejaremos la llamada para otro día. – me asegura ella con un ligero tono de preocupación en su voz.
Estoy cansada, pero tengo muchas ganas de hablar con ella.
-          No, no, no lo has hecho. Estaba viendo la televisión con Owen.
Entro en la habitación que comparto con Owen y me siento en la cama, que está enfrente del ventanal. Las vistas al Montmaitre son espectaculares desde aquí.
-          ¡Qué alivio! Por un momento pensé que estaríais haciendo bebés o algo así.
Suelto una carcajada enseguida. Charlie es la típica persona con la que no hablas en meses, pero cuando lo haces parece que has hablado con ella el día anterior.
-          Escucha Penny, tengo que contarte algo. – me dice en cuanto paro de reír.
-          Dispara Char. Soy toda oídos. – le aseguro.
-          Me voy a casar. – añade ella tras unos segundos de silencio.
Suelto un grito de excitación.
-          ¡En serio! ¡Dios Charlie, eso es genial! – digo tras oír las carcajadas de Charlie al otro lado de la línea – Espera, ¿cuándo te lo ha pedido Johnny?
-          El viernes pasado. Fue precioso.
-          Te creo Char. Seguro que fue muy romántico. ¿Y para cuándo la boda?
-          De eso quería hablarte. La boda es el 8 de Diciembre, en San Francisco. Y me gustaría que tú estuvieras allí. En calidad de dama de honor, claro.
Reconsidero su propuesta durante breves segundos.
-          Sé que resulta un poco raro, poque hace mucho tiempo que no nos vemos, pero me haría muchísima ilusión tenerte allí ese día. Eres mi amiga, y quiero que estés en el día de mi boda.
-          Char, por supuesto que voy a estar allí. No lo dudes.
Oigo el grito de entusiasmo de Char al otro lado de la línea y suelto una carcajada. Echaba de menos hablar con Charlie. Demasiado.
-          Me alegro de oírlo. Ya te comentaré los detalles de los vestidos, pero me imagino que iréis de color rojo.
-          ¿Boda navideña?
Oigo el gruñido que suelta Charlie desde el otro lado de la línea y sonrío. Lo que me imaginaba. Charlie detesta la idea de tener una boda navideña.
-          Johnny insistió. Yo elegía el sitio y él la fecha. Se empeña en hacer una boda navideña.
-          Vamos Char, lo de la ambientación navideña quedará muy bonito en las fotos.
-          Johnny dijo exactamente lo mismo, parece que tenéis una conexión telepática o algo así.
-          Johnny tiene razón con lo de las fotos. Va a ser una boda preciosa.
-          Y tú estarás allí para verla. Por cierto, ¿va a venir Owen? Lo digo por lo de incluirlo en la lista.
-          Hablaré con él y te mando la respuesta lo antes posible.
-          De acuerdo Penny. Confío en tu palabra. Me encantaría seguir hablando contigo un rato más, pero con la diferencia horaria, te voy a quitar horas de sueño.
-          No te preocupes por eso, Char. Pero prométeme que hablaremos por Skype un día de estos.
-          Prometido.
-          Pues entonces hasta la próxima llamada. Dale un beso a Owen de mi parte.
-          Lo haré.
Ambas colgamos casi a la vez.
Owen entra en la habitación, expectante por mi reacción.
-          Charlie acaba de invitarnos a su boda.
-          ¿Estás contenta? – dice mientras se sienta a mi lado.
-          Sí. Tengo muchas ganas de ir a la boda. Quiero que conozcas a mis amigos.
-          Sabes que será un placer. Tengo ganas de conocerlos a todos. Iré a la boda contigo.
-          Gracias.
Me abraza, y permanecemos unos minutos así.
Por unos instantes, reflexiono acerca de lo que acaba de pasar. Me muero de ganas de ver a Charlie. Y de ser testigo de su boda, de ver cómo se casa con el amor de su vida… Aunque sé que eso implica volver a ver a Kevin.
Y no sé si estoy preparada para ello. Porque ahora mismo, Owen no es la persona a la que me gustaría estar abrazando.

Johnny P.O.V
Camino llevando a Lily del brazo por la Quinta Avenida. Hemos ido a tomar un cóctel a un local que conocía ella, y ahora volvemos al apartamento de Lena para recoger a Joey. Mi padre y ella se marchan de nuevo a Los Ángeles en tres horas.
-          Johnny, te veo cara de preocupación.
-          No es nada Lily, no te preocupes.
-          Cariño, desde que te conozco, sé que si pones esa cara es que te pasa algo. ¿Te preocupa algo?
-          Lo típico, lo de la boda.
-          ¿No estás seguro con lo de la boda?
-          No, claro que estoy seguro. No es eso.
-          Entonces, ¿qué te preocupa? Ya sabes que puedes contarme lo que sea.
Me mira de una manera muy cariñosa. Me recuerda a la manera en la que me miraba mi madre. Desde que se casó con mi padre, me ha tratado como a un hijo más, y eso se lo agradezco.
-          Últimamente he estado pensando mucho en la boda. Y también he estado pensando a menudo en mi madre. Supongo que sabes que ella murió cuando yo tenía seis años.
Ella asiente en silencio, animándome a continuar.
-          Pienso en ella porque me pregunto cómo se sentiría con todo esto. Ya sabes, lo de que me case siendo tan joven y todo eso.
-          No creo que estuviese preocupada por el hecho de que te cases a tu edad.
-          Sigo teniendo mis dudas.
-          Escúchame Johnny, sólo te lo voy a preguntar una vez, y no creo que vuelva a hacerlo más. ¿Estás completamente seguro de querer casarte con Charlie?
-          Completamente.
-          Entonces, no veo de qué tienes que preocuparte.
-          ¿Tú crees?
-          Creo que tu madre está orgullosa de ti allá donde se encuentre. Igual que yo.
-          Gracias Lily.
Me da un apretón cariñoso en el brazo.
-          Lily, tú sabes que eres importante para mí.
-          Lo sé. Y también sé que para mí, tú eres un hijo más. Siempre lo serás. Puede que no sea tu madre biológica, pero te quiero.
-          Lily, tú eres lo más parecido a una figura materna que haya tenido nunca. Y por eso, me gustaría mucho que me acompañases al altar el día de la boda.
Lily me mira sorprendida, pero, de repente, me abraza con todas sus fuerzas y se pone a llorar. Le devuelvo el abrazo y permanecemos unos minutos así.
-          Por supuesto que me encantaría acompañarte al altar, John. Será un placer.
-          Gracias Lily.
Y, por primera vez en muchos años, siento que vuelvo a tener una madre.

Lena P.O.V
Abro la puerta y entro con Chris en mi casa. Para mi sorpresa, está en absoluto silencio.
-          ¿Crees que está todo el mundo durmiendo? – me pregunta él susurrando.
-          Negativo – le respondo señalando la puerta entreabierta del salón, con luz en el interior. – Debe ser mi padre, estará leyendo. Voy a darle las buenas noches.
-          Te espero en tu habitación.
Chris sube las escaleras y yo dirijo mis pasos hacia el salón. Mi padre está en su sitio habitual, un sillón que está orientado hacia la terraza. Está mirando un álbum de fotos antiguo.
Me acerco hasta él y me siento en uno de los brazos del sillón. Me sorprendo al ver que mi padre está mirando fotos de mi madre, de cuando ambos se conocieron. Mi madre está preciosa en esa foto. Sale bailando con mi padre.
-          Esta fue la primera foto que me sacaron con tu madre. Fue el día que nos conocimos, en la exposición de pintura de una amiga suya. Estuvimos hablando durante horas, y cuando me dijo que le encantaba bailar, la llevé a la discoteca de moda en esa época. La foto la sacaron unos fotógrafos de Page Six. Salió en el periódico al día siguiente en portada.
-          ¿Cómo es que la tienes tú?
-          Se la pedí a la redacción del periódico dos días después y se la regalé a tu madre. Se ve que la guardó aquí. No la había vuelto a ver desde entonces.
-          ¿La echas de menos?
-          Cada día. Me arrepiento tanto de lo que le hice. No sabes cuánto, Lena, no te haces idea de cuánto me arrepiento de lo que hice.
-          ¿Y por qué no volviste a por ella?
-          Quise hacerlo, pedirle otra oportunidad. Eso fue en las navidades, cuando ya estaba con Joe. No me atreví a decírselo. Por primera vez en años la veía feliz. Tan feliz como lo había sido conmigo hace ya tantos años. No quise estropear eso.
Le abrazo desde mi posición, y él descansa la cabeza en mi hombro.
-          Han pasado casi cinco años, papá. Tienes que rehacer tu vida. Tienes que superarlo.
-          Lo sé, lo sé. Pero sé que nunca encontraré a alguien como ella. Lily es la mujer de mi vida, y lo seguirá siendo.
Permanecemos unos minutos en silencio.
-          Lena, quiero darte un consejo. Escúchame bien, porque hablo desde la experiencia.
-          Te escucho, papá.
-          ¿Estás segura de que Christopher es el hombre de tu vida? ¿La persona con la que quieres pasar el resto de tu vida?
-          Claro que sí – le contesto, completamente segura de mis palabras.
-          Cariño, entonces no lo dejes escapar. No hagas lo que hice yo. Si de verdad lo quieres, y estás tan segura de ello, no lo hagas.
-          Y no lo haré papá – le digo, todavía abrazándolo.
Permanecemos unos minutos más así, hasta que se suelta de mi abrazo.
-          Anda, vete a dormir. Tienes a tu chico esperándote arriba.
-          ¿No subes?
-          Dentro de un rato. Quiero quedarme un poco más aquí viendo estas fotos. Hace siglos que no las veía.
Le doy un beso en la mejilla y emprendo mi camino hacia arriba. Mientras subo las escaleras, una idea se cruza en mi pensamiento, y no tengo reparos en llevarla a cabo.
En vez de ir directa a mi habitación, voy a la de invitados, donde duerme Chris, y cojo la maleta en la que ha traído sus cosas. La llevo hasta mi habitación, cierro de un portazo y la coloco delante de él, que me mira claramente sorprendido.
-          Lena, ¿            qué haces con mi maleta?
-          Escúchame. Si te vas a quedar aquí, duermes conmigo. No quiero que duermas en otra habitación. Si estamos juntos, dormimos juntos.
-          ¿Y qué crees que va a opinar tu padre de esto?
-          Acaba de darme su bendición, así que no creo que le importe demasiado.
Chris se levanta y me abraza antes de besarme.
-          En ese caso, no creo que debamos desaprovechar la oportunidad.

Vuelve a besarme, y yo ya estoy perdida otra vez.




jueves, 23 de enero de 2014

G.3: El profesor Rumsfeld

Lena P.O.V
Derek sigue sonriendo ante mi expresión de asombro absoluto. Me invita a sentarme con un gesto en la silla que está enfrente de su escritorio.
-          ¿Cómo no me has dicho nada? – pregunto en cuanto me recupero de la impresión – Ni tú, ni la tía Abbie, ni mi padre…
-          Tu padre nos pidió que no te dijésemos nada. Quería que fuese una sorpresa. No sabes lo que me ha costado no contártelo, pero solo por ver tu cara, ha valido la pena – dice él sonriendo aún más.
Lo miro con odio y él empieza a reírse. Cabrón.
Tengo mis motivos para estar enfadada. Derek sólo lleva un año más que yo en la empresa y ya es mi jefe, y eso no es justo. No, para nada justo. Ya lo había aguantado durante la universidad con sus constantes bromas, con el hecho de que les diese mi número a todos los tíos de su hermandad para que dejase a Chris, y con sus incontables intentos de tener un lío con mis amigas. No, no quería volver a aguantarlo en el trabajo.
-          Me voy a presentar mi renuncia. – le digo convencida con mi decisión.
-          ¡Pero si te acaban de contratar! – exclama él sorprendido.
-          Derek, no pienso tenerte como jefe. – le digo levantándome de la silla.
Derek me alcanza antes de que abra la puerta. Tira de mi para que vuelva a sentarme y yo suelto un bufido que él oye claramente.
-          Gatita, no saques las uñas todavía. Podemos hacer un trato – dice él cruzando las manos por encima de la mesa.
-          Te escucho – le digo, aunque no me fio de lo que me proponga.
Fiarse de Derek es como pactar con el diablo. Nunca sabes cómo va a acabar la cosa.
-          Prima, realmente quiero trabajar contigo. – dice él intentando poner un tono convincente – Así que te haré una oferta que no podrás rechazar.
Derek recuerda mucho a las negociaciones de Vito y Michael Corleone en la peli de “El padrino”. Mi tía hizo mal en dejarle ver pelis de mafiosos cuando era un crío.
-          Dek, deja de imitar a Vito Corleone y habla de una vez. – le digo exasperada.
-          Lena, déjame escenificar. Me falta lo del gesto de los dedos para parecer un italiano. – responde él haciéndose el ofendido.
-          Al grano Dek.
-          Está bien, está bien. Si no renuncias al puesto… - hace una pausa teatral y yo pongo los ojos en blanco – Prometo que no seré un jefe tiránico.
-          ¿Crees que eso es suficiente?
-          ¿Qué más quieres? – pregunta él con un gesto de exasperación.
-          Solo dos cosas más.
Derek me mira exasperado y habla:
-          Dilas antes de que me arrepienta.
-          Lo primero de todo, no espantes a Kevin del apartamento. Es mi amigo y es buena persona.
-          Vale, lo pillo. Nada de ser un tirano con Kev. Pero te recuerdo que a mí también me interesa tener un compañero, el alquiler no se paga solo.
-          Quería dejarlo claro.
-          Bien, ¿qué más?
-          No te pido que os convirtáis en los mejores amigos, pero por favor, por favor, trata con cordialidad a Chris. Sé que no lo aguantas, pero para mí es importante que os llevéis bien. 
Derek se lo piensa unos instantes y suspira antes de contestarme:
-          De acuerdo.
-          Trato hecho – le digo tendiéndole la mano.
Nos damos un apretón de manos y sonrío. Creo que esto puede funcionar.
Salgo del despacho de Derek y vuelvo a mi mesa para encontrarme con un centro de flores gigante colocado encima. En un lateral han dejado un sobre que lleva mi nombre con una caligrafía que reconozco al momento. Lo abro, saco la tarjeta y la leo con una sonrisa enorme.
“Felicidades por tu primer día de trabajo. Estoy orgulloso de todo lo que has hecho para llegar hasta aquí, y por eso, tengo un plan para celebrarlo. Te recojo cuando salgas del trabajo. Te quiero, no puedes imaginarte hasta qué punto. Chris.”
***
Kevin P.O.V
La fachada neogótica del colegio Foris aparece ante mí cuando me bajo del taxi. Por un momento, sabiendo que tengo tiempo de sobra antes de mi primera clase, me detengo a observar. El colegio tiene un aire señorial que impone, pero hoy no me puedo dejar intimidar por nada.
Según me han explicado, el colegio es solo hasta los cursos del instituto, que es cuando los alumnos se van a continuar sus estudios al St. Jude College. Lena, Derek, Ethan y Betty han estudiado aquí, y me han dicho que es muy buen colegio.
Subo por la escalinata hasta la puerta principal, la cruzo y me adentro en el interior. Por dentro, el colegio me recuerda mucho al internado. Recorro el pasillo hasta llegar al que recuerdo como la sala de profesores.
Al entrar, veo como la directora Jenkins me saluda desde su sitio de la mesa y me indica con un gesto que me acerque. La directora Jenkins me recuerda mucho a la profesora Linton, pero es menos seca que esta última.
-          Buenos días directora.
-          Buenos días profesor Rumsfeld. Espero que ya se haya instalado.
-          De hecho, sí, ya lo estoy. Gracias por su interés.
-          Me alegro de que así sea. Y bien, ¿tiene clase ahora?
-          Sí, en media hora.
-          Pues le dejo que se marche. Sólo quería desearle suerte en su primer día.
-          Gracias directora – le contesto.
Un profesor se acerca a mí cuando me dispongo a marcharme.
-          Así que tú eres el nuevo profesor de historia – me dice.
-          Kevin Rumsfeld – le digo tendiéndole una mano.
-          Clifford James. Enseño matemáticas a los de quinto grado. Déjame que te presente al resto.
Cliff me presenta al resto de los profesores que están allí. Emily Charles, la profesora de literatura; Mitch Taylor, profesor de gimnasia; Cecily Livingstone, y por último, Nancy Richmond.
Nancy es guapa. Muy guapa. Tiene el pelo rubio y los ojos azules, y una sonrisa preciosa. Me sostiene la mano unos segundos más de lo normal y sonríe. Le sonrío de vuelta.
Los demás profesores se alejan dejándonos solos, y Nancy sonríe.
-          Soy profesora de historia, como tú. Les doy clase a los del grupo B de sexto grado. Si necesitas cualquier cosa, dímelo.
-          Te lo agradezco de veras, Nancy. – le respondo sonriendo.
-          Voy a darte mi teléfono por si tienes cualquier duda. Con lo que sea, llámame. – dice apuntando su teléfono en un post-it y entregándomelo.
Vuelvo a sonreírle.
-          En serio, muchas gracias.
-          Yo también fui novata – dice ella despidiéndose y guiñándome un ojo.
Observo como se aleja contoneando las caderas y sonrío como un bobo. Nancy es demasiado atractiva como para ser legal. Debería estar prohibido ser tan guapa.
Noto como alguien me da un puñetazo en el brazo para que vuelva al mundo real. Me giro y veo como Betty me mira burlona.
-          Así que tú también has caído bajo el hechizo de Nancy Richmond…
Creo que Beatrice Fawkes Manson, Betty para los amigos, es una de mis personas favoritas en el mundo. Nos presentó Lena hace ya un año, poco después de la boda de Betty e Ethan, y me cayó muy bien desde ese momento. Betty es muy dulce y cariñosa, pero también tiene su genio, aunque bien guardado bajo la apariencia de niña inocente que nunca ha roto un plato.
-          No me vengas con esas, pequeña hobbit. Acabo de llegar y ya quieres monopolizar mi amistad.
-          Imbécil – dice ella dándome otro golpe suave en el brazo.
No puede decirme nada por lo de meterme con su altura. Si mide 1,60 es cosa suya, y debería estar acostumbrada a que la llame hobbit. Llevo haciéndolo desde el año pasado.
-          Venga Fawkes, no te sulfures. Es mi primer día aquí, ten un poco de compasión por el novato.
-          Realmente, me das mucha pena. No me gustaría estar en tu lugar. – añade ella pasando de largo y dejándome intrigado con su comentario.
-          ¿A qué te refieres? – le pregunto con un tono de preocupación en la voz.
Ella sonríe burlona y se aleja agitando su melena castaña hacia el pasillo. La sigo corriendo, ya que aunque es bajita, es rápida.
-          Vamos Betty, no puedes dejarme con la intriga.
-          Por llamarme hobbit, no te voy a contar nada. – dice ella antes de entrar en su clase y cerrarme la puerta en las narices.
Suspiro y toco la puerta con los nudillos. Entro y, por suerte, la clase está vacía.
-          Que poco has tardado en venir arrastrándote – dice ella desde su mesa.
-          Sabes de sobra que es una broma. En realidad no creo que seas un hobbit.
Betty se lo piensa durante unos momentos y sonríe.
-          Vale, estás perdonado.
-          ¿Y me vas a contar algo sobre lo que me espera?
-          Eso tendrás que descubrirlo por ti mismo.
No insisto más, porque sé que Betty no me va a contar nada hasta que no vea lo que me espera con mis propios ojos.
-          Y bien… – digo intentando sonar casual – ¿Qué puedes decirme sobre Nancy Richmond?
Betty ahoga una carcajada y vuelve a mirarme burlona.
-          No me digas que tu amor inmortal ya está olvidado.
-          Realmente, no lo sé. Pero Nancy me gusta.
-          Pues estás de suerte. Nancy está soltera desde principios del verano.
-          ¿En serio?
-          ¿Crees que te engañaría? Me gustaría que rehicieses tu vida de una santa vez. Al paso que vas, acabarás convirtiéndote en el tío solterón rodeado de gatos.
Bufo con su comentario. Pero en el fondo tiene razón.
-          Todavía no he quedado con Nancy. – le recuerdo.
-          Pero si eres listo lo harás. Aprovecha la oportunidad Kev, Nancy es una buena chica y no creo que siga soltera por mucho tiempo más. Hazme caso.
Sé que Betty querría continuar hablando, pero el sonido del timbre nos interrumpe.
-          Te veo en el descanso para tomar un café y para que me cuentes que tal te ha ido. ¡Suerte! – exclama ella despidiéndose.
Le hago un saludo militar y salgo de su clase. Caigo en la cuenta de que me he dejado el maletín con todos mis papeles y lo que traía preparado para la clase de hoy en la sala de profesores. Corro por los pasillos, llego a la sala y cojo el maletín mientras oigo como los pasillos se llenan de voces infantiles.
Me pierdo por el camino y acabo en un pasillo diferente. Vuelvo sobre mis pasos y, al llegar al vestíbulo, recuerdo el camino que lleva hasta el pasillo donde está mi clase.
Ocho minutos después del comienzo oficial de las clases, me paro ante la puerta de mi aula. De repente estoy nervioso. Es mi primera clase, al fin y al cabo. No tengo por qué asustarme, me digo mentalmente. Solo son niños de doce años. No van a hacerme nada. No son unos pequeños monstruos.
Suspiro y me armo de valor antes de entrar. Nada más abrir la puerta, un cubo lleno de agua me cae encima y me empapa entero antes de que pueda decir siquiera los “buenos días”.
Las risas de los monstruos no se hacen esperar. Genial, lo que me faltaba. Completamente empapado, me siento en mi silla mientras los miro fijamente.
-          Buenos días profesor Rumsfeld – exclaman los monstruos con sonrisas burlonas.
Cabrones. Esta me la van a pagar. Segurísimo.

***
Horas después de mi desastroso primer día de clase, estoy en el O’Connoly, el bar irlandés que está justo debajo del apartamento que comparto desde hace dos días con Derek en West 54th St., en la zona de Midtown.
Supuestamente estamos celebrando lo bien que nos ha ido a Chris, Johnny, Charlie, Lena y a mí en nuestro primer día de trabajo, pero yo no tengo ganas de celebrar nada.
-          No es posible que fueran tan cabrones – exclama Charlie indignada.
-          Créeme, según Betty, eso es lo más suave que me espera. – respondo tranquilamente.
-          Y Betty nunca miente – termina Derek.
-          ¿Pero tan malos son? – pregunta Lena.
-          Lena, son criaturas del demonio.
-          ¿Quiénes son criaturas del demonio? – pregunta Fergus acercándose con nuestras cervezas.
Fergus O’Connoly es el dueño del bar. Es la versión quince años mayor de Jerry, solo que pelirrojo y con barba. Venimos aquí desde hace una temporada, el tiempo suficiente para que Fergus se sepa los nombres de todos.
-          Los nuevos alumnos de Kevin – responde Johnny repartiendo las cervezas por la mesa.
-          No creo que sean peores que las banshees – responde él tranquilamente marchándose a la barra.
Jerry asiente a la afirmación de Fergus. En este bar, Jerry está en su salsa rodeado de todo lo que tenga que ver con el folklore irlandés. Incluida la música.
-          Fergus tiene razón, Kev. No hay nada peor que una banshee. – afirma él.
Suspiro de resignación. Para Jerry, nunca habrá nada peor que una banshee. Es inútil discutir con él.
-          Lo único bueno del día ha sido conocer a mis compañeros. Ya conocía a Betty, pero el resto parecen buena gente. Sobre todo Nancy – digo y bebo un sorbo de mi Guinness.
Se hace un silencio de expectación en la mesa. Es obvio que todos quieren saber quién es Nancy.
-          ¿Nancy? – preguntan Charlie y Lena a la vez con un evidente tono de interés.
-          Nancy Richmond, es la profesora de historia del otro grupo de sexto grado. – añado rápidamente. – Me ha dado su teléfono por si tengo alguna duda con lo del curso y eso.
-          ¿Está buena? – pregunta Derek sin cortarse un pelo.
Lena y Charlie le dan una colleja y él se queja.
-          Digamos que es atractiva – respondo para causar expectación.
-          Kevin, si una tía que está buena te da su teléfono, no es para hablar de historia precisamente. – añade Derek.
El resto del grupo asiente. Del grupo, Derek es, sin contar con Chris, el que más experiencia tiene con las mujeres. Nunca lo he visto con la misma chica dos veces.
-          Vale, es guapa. ¿Qué más quieres? – exclama Derek. – Da igual que sea tonta si solo quieres tirártela.
Lena y Charlie ponen los ojos en blanco, y el resto se ríen.
-          Kev, si te parece atractiva y agradable y todo eso, ¿por qué no la invitas a salir? – pregunta Lena por todos.
-          Ya sabes por qué – respondo tras un trago.
Lena y Charlie me miran con comprensión.
-          Kev, han pasado cuatro años. – dice Chris tras unos segundos de silencio.
Lo sé de sobra. No hace falta que Chris o cualquiera de los chicos me lo recuerde. Han pasado cuatro años desde que Penny se fue a París, cuatro años desde que la echo de menos. Cuatro años desde que no tengo nada con ninguna chica.
-          Sé que han pasado cuatro años, pero parece que solo han pasado cuatro meses. – admito tras reflexionarlo antes.
-          Kev, Penny no va a volver – dice Lena con voz suave.
-          Tienes que rehacer tu vida. Por dios Kevin, tienes veintidós años, un trabajo respetable y eres atractivo. Deberías estar ligando con todas las chicas que se te pongan por delante, no lamentándote por algo que pasó hace cuatro años. – completa Charlie la frase. – Tienes que superarlo.
No añade nada más, porque no hace falta que continúe para saber lo que quiere decir. Penny ha rehecho su vida. Lo sé de sobra.
Siete meses después de la marcha de Penny, fui a París a buscarla. Todos los del grupo me advirtieron de que no fuese, pero, por una vez, no les hice caso. Y eso que insistieron. Todavía oigo la voz de pito que pone Nat cuando quiere intentar sonar como una adulta: Kevin, no vayas. No va a estar esperándote después de todo este tiempo.
Pero, sinceramente, me daba igual. Penny lo era todo. Sentía que algo fallaba sin ella. Como en “Ain’t no sunshine”. Yo me sentía así. Me arrepentía de no haberle dicho que la quería mucho antes. De no haber pasado más tiempo con ella. Joder, me arrepentía de haberme quedado en Stanford y no haberme largado a París corriendo.
Por eso me iba a París. A recuperar a mi chica.
Tras llegar a la ciudad, fui a esperarla a la puerta de su facultad antes de que acabase las clases. Quería darle una sorpresa. Me esperaba un reencuentro como los de las pelis ñoñas que ven mis amigas. Sólo faltaría el campo con margaritas y una canción de los Beach Boys. Ella me vería entre la multitud, sonreiría, y todo seguiría como si esos siete meses no hubiesen existido nunca.
Pero mi plan se fue a la mierda. Debía de habérmelo esperado. Debería haberlo hecho. Joder, habían pasado siete meses en los que no habíamos hablado en absoluto.
En cuanto empezó a salir la gente, estuve atento por si veía a Penny por algún lado. Y salió por fin. Estaba preciosa. Ella no es consciente de lo guapa que es. Cuando sonríe, el mundo se detiene un segundo.
Pero mi ensoñación del reencuentro voló por los aires. Detrás de ella salió un chico moreno la agarró por la cintura, y le dio un beso rápido antes de que ambos girasen hacia la derecha y se perdieran de vista entre la multitud.
París no es la ciudad del amor. París es la ciudad de la mierda.
Charlie y Lena me sacan de mi ensoñación. Las miro, consciente de lo que están pensando ahora mismo, y sonrío. Tienen razón. No puedo quedarme en los dieciocho para siempre.
-          Voy a invitar a salir a Nancy. Creo que es hora de superarlo.

Lena P.O.V
Cuando salimos de O’Connoly ‘s, caminamos hasta donde está aparcado el Audi R8 gris de Chris. Una vez montados en el coche, miro a Chris con cara de interrogación.
-          ¿Vas a decirme ahora donde vamos a ir a cenar?
-          Se supone que es una sorpresa – dice él mientras sonríe y arranca tranquilamente.
Me gustan las sorpresas, pero me estoy impacientando. Cuando vino a recogerme a Williams Tower, pensé que iríamos directamente a nuestra cita, pero Johnny nos llamó para quedar todos en el bar de Fergus para celebrar nuestro primer día como adultos.
La verdad es que lo pasamos bien. Cada uno tiene sus propios problemas, pero estamos contentos. Jerry ya lleva un tiempo en la dirección de Quick Time, así que ya está acostumbrado a la rutina. Johnny está encantado con lo de trabajar en Schoomaker Enterprises, ya que tiene despacho propio. Charlie está contenta de trabajar en Williams Inc., pero estoy segura de que sería más feliz trabajando como abogada penalista. Nat sigue de viaje en Europa, rodando el anuncio para el nuevo perfume de Givenchy, y no contamos con verla hasta dentro de dos semanas o así. Chris se está acostumbrando rápido a Schoomaker Enterprises, y está decidido a triunfar allí.
Pero, de todas las noticias de hoy, por el que más me alegro es por Kevin. Aunque tenga que pelearse con los monstruitos, quiere rehacer su vida. Se merece que le pase algo bueno.
Chris aparca enfrente del Met, y sonríe travieso.
-          ¿Tu cita sorpresa es en el Met? – pregunto.
-          Frío, frío. – responde tras una carcajada. – Sigo diciendo que es una sorpresa. Y por eso, voy a vendarte los ojos.
Chris saca un pañuelo de seda azul del bolsillo de su pantalón y me lo enseña para veo que opino.
-          ¿No irás a dejarme sola en el medio de la calle? – pregunto.
-          Tranquila, no soy tan cruel. Venga, póntelo. Te va a gustar.
Chris me ata el pañuelo con firmeza, y consigue que no vea nada. Me coge de la cintura y tira de mí para que lo siga. Caminamos unos cuantos metros, y deduzco que entramos en un edificio por el silencio que nos rodea de repente, muy diferente al ruido del tráfico de la Quinta Avenida a estas horas.
-          ¿Me puedo quitar el pañuelo ya?
-          Lena, ¿te he dicho alguna vez que eres una impaciente?
Noto cómo subimos a un ascensor por el ruido de las teclas al pulsarse.
-          Millones de veces.
-          Pues te lo repito ahora. Impaciente.
-          Idiota – exclamo intentando darle un puñetazo.
-          ¡Ay! Mira que si me pegas no podré enseñarte lo que quiero que veas.
-          Vale, me callaré. Pero esto está siendo demasiado misterioso.
-          Lena, Lena, Lena. Si estoy siendo misterioso es por algo. – responde él.
Con su contestación lo único que ha conseguido es que esté aún más intrigada por la cita sorpresa. Noto como el ascensor se para y las puertas se abren. Salimos de él, quedando nosotros solos en la estancia, a juzgar por el silencio.
-          ¿Ya hemos llegado?
-          Claro que sí. Espera que te quito el pañuelo.
Chris se sitúa detrás de mí y me va desatando el nudo del pañuelo. Cuando por fin vuelvo a ver, me quedo boquiabierta.
Estamos en un recibidor completamente vacío. Me giro y veo unas escaleras que suben hacia lo que supongo que es el piso de arriba. Me giro hacia Chris y veo que sonríe.
-          Ven, voy a enseñarte todo esto.
Del recibidor pasamos a una estancia vacía enorme que deduzco que es el salón de la casa. De allí pasamos por una puerta a un comedor, que comunica a su vez con la cocina por otra puerta.
Recorremos el resto de la planta, pero sólo hay habitaciones más pequeñas que el salón y el comedor.
-          Había pensado en hacer una biblioteca aquí. – dice Chris como restándole importancia a su frase.
-          ¿Has comprado el apartamento?
-          Esta mañana – responde con una sonrisa.
Chris me guía al piso de arriba, donde entramos en lo que supongo que es el dormitorio principal. El dormitorio cuenta con dos puertas, una da a un baño enorme, y la otra a un armario demasiado pequeño para dos personas.
El resto de la planta consta de habitaciones normales. Volvemos a bajar al salón, y Chris abre una puerta en la que no me había fijado antes. La abre y salimos hacia una terraza enorme con vistas al Met y a Central Park.
Silbo de admiración mientras me apoyo en el bordillo para admirar las vistas. Realmente, las vistas son increíbles desde aquí.
-          ¿Sorprendida? – pregunta él colocándose a mi lado.
-          Desde luego, esto sí que es una auténtica sorpresa. – respondo maravillada.
-          ¿Te gustaría veo todo esto durante el resto de tu vida? – pregunta intentando sonar casual.
Lo miro desde mi posición. Sonríe tranquilo, como si supiera la respuesta de antemano.
-          Si es contigo, donde sea – respondo.
Le abrazo y él hace lo mismo conmigo. Chris me besa suavemente, pero yo profundizo el beso, hasta que ambos nos apartamos casi sin respiración y con una sonrisa.
-          Entonces, ¿te mudas?
-          Por supuesto. Después de esto, intenta echarme de aquí.
Chris suelta una carcajada sin soltarme de su agarre.
-          Dime, ¿qué te parece el apartamento? Ya que vamos a vivir aquí, me gustaría saber qué opinas de todo esto.
-          ¿Quieres mi opinión como novia o como arquitecta?
-          Como arquitecta, preferiblemente.
Le guío hacia el interior y señalo la pared del salón que da a la terraza.
-          Para empezar, no entiendo cómo no hay ni una ventana en esta pared. Las vistas son maravillosas desde aquí, deberían poder verse desde el salón.
-          ¿Qué sugieres?
-          ¿Qué te parece una pared de cristal? Estaría perfectamente integrada, le daría más luz a la habitación.
-          Me parece perfecto – responde él con una sonrisa. – ¿Algo más, señorita Williams?
-          Las puertas. No entiendo cómo hay tantas puertas para llegar desde el salón a la cocina. Con unos arcos grandes comunicando todas las estancias todo quedaría mejor. O simplemente, quitar las paredes.
-          Podemos pensar que es lo que queda mejor con la casa. Pero me fío de tu criterio. ¿Algo más?
-          Lo que has dicho de la biblioteca me gusta, así que sólo tengo una objeción más.
-          Sorpréndeme.
-          Si voy a vivir aquí contigo… – empiezo a decir mientras paso mis brazos por sus hombros. – Quiero un vestidor.
-          Debí habérmelo imaginado. Bien, todo tuyo. Haz los cambios que quieras. Quiero que seas tú la que diseñe nuestro futuro hogar.
Nuestro futuro hogar. Suena bien. Deliciosamente bien.
-          De acuerdo. Me encargaré de diseñar los nuevos planos.
-          Y para celebrar todo esto – dice él – nos vamos de picnic.
-          ¿De picnic? – le pregunto divertida.
Vamos hasta la cocina, donde Chris coge una cesta de picnic en la que no me había fijado antes. Me conduce hasta la terraza, y de la cesta saca una manta de cuadros rojos y verdes que extiende en el suelo. De la cesta saca los famosos emparedados de queso y salchicha de Greta, y una botella de champagne con dos copas.
Nos sentamos encima de la manta y Chris descorcha la botella y llena las dos copas. Me tiende una y me mira:
-          Propongo un brindis. Por nuestra nueva vida juntos. – dice sosteniendo su copa delante de mí.
-          Por nuestra nueva vida juntos – repito.

Brindamos, y mientras bebo, pienso en la perspectiva de pasar el resto de mi vida en el apartamento con Chris. Tengo la certeza de que voy a ser muy feliz aquí. Y eso suena deliciosamente bien.