lunes, 14 de octubre de 2013

Capítulo 33: Decisiones

Los rayos de sol caen sobre mi piel mientras mi madre, Johnny, Joe y yo tomamos el sol en el jardín de la casa nueva. Mi madre y Joe se mudaron poco después de la boda a una mansión de Beverly Hills, en el 1012 de North Crescent Drive, no muy lejos de donde estaba la anterior casa, que será de Johnny en cuanto se independice. Llevo dos semanas dedicándome a leer, tomar el sol y remolonear en la tumbona sin hacer nada.
-          Esto sí que es vida – digo tras tomar un sorbo de mi granizado de limón y dejar “El señor de las moscas” sobre el regazo.
-          Piensa que estaremos todo el verano así. Eso sí que será vida. – me responde Johnny mientras se quita las gafas de sol.
-          Disfrutad esto mientras podáis. En cuanto nazca el bebé no habrá ningún minuto de descanso.
-          ¿Cuándo es tu próxima ecografía? – le pregunto con interés.
-          La han programado para hoy. Y creo que me van a decir el sexo del bebé. – explica ella con una sonrisa.
-          Si se deja ver. En la última ecografía nos dijeron lo mismo y no se veía nada. – responde Joe apartando la vista del periódico.
-          Grillito se dejará ver, ya lo veréis. – asegura mi madre mientras acaricia su ya prominente barriga.
-          ¿Grillito? ¿Quién es grillito? – pregunto con interés.
-          El bebé, por supuesto. – responde ella.
-          ¿Has llamado grillito  mi futuro hermanito? – dice Johnny indignado. – ¿Grillito? ¿En serio Lily?
-          A mí también me parece ridículo – admite Joe.
-          Por dios mamá, ¿no has encontrado todavía un nombre para el bebé?
-          No sé qué va a ser, así que le he puesto un nombre para referirme a él. Era incómodo decir “el bebé” todo el rato. Además, tu nombre era peor.
-          ¿Mi nombre?
-          Cuando no sabía qué ibas a ser, te llamaba Medusa.
Johnny y Joe empiezan a reírse a carcajadas mientras yo niego.
-          Mamá, no tienes criterio para elegir nombres.
-          Eso también se lo dije yo – admite Joe.
-          ¡Pero si tu nombre es precioso! – exclama ella sorprendida.
-          Mamá, me llamaste igual que Helena de Troya, la mujer que provocó la caída de Troya.
-          Es un nombre precioso. – sigue diciendo ella convencida. Johnny y yo la seguimos mirando con cara rara. – Pero ya que no te fías de mí, Johnny y tú me ayudaréis a buscar un nombre para el bebé. – termina ella con una sonrisa.
-          ¿En serio?
-          Claro que sí. Es vuestro hermano. Joe y yo queremos que participéis en esto.
Me levanto a abrazar a mi madre y a darle un beso. Me encanta poder elegir un nombre para el bebé.
-          A ver, ¿qué nombres habéis pensado si es una niña? – pregunta Joe.
-          A mí me gusta Eleanor. Como Eleanor Rigby.
Dios, que típico de Johnny ponerle al bebé un nombre relacionado con los Beatles.
-          John, hijo, no vamos a llamar a tu hermana como una canción de los Beatles.
-          ¿Y por qué no? Suena genial. Eleanor Rigby Morrison.
-          Johnny, eso es peor que lo de grillito. Mucho peor. Dime que has pensado en otro. – le pido.
-          Pues la verdad que sí. Lucy…
-          No. – respondemos los tres a la vez.
-          Penny…
-          No – volvemos a responder.
-          Michelle…
-          Por dios Johnny, un nombre que no tenga nada que ver con los Beatles. – le pide Joe.
-          ¿Puedo sugerir uno? – pregunto.
-          Adelante cariño.  – dice mi madre animándome a continuar.
-          ¿Os gusta Scarlett?
Veo sus caras de consternación. Vale, no les ha gustado.
-          ¿Y qué tal Ellen? ¿Catherine? ¿Tess? ¿Stella? ¿Blanche? ¿Holly? – sugiero rápidamente.
-          No por dios. Nada sacado de “La edad de la inocencia”, “Cumbres borrascosas”, “Tess la de los d’Urberville”, “Un tranvía llamado deseo” o “Desayuno con diamantes”. – dice Johnny.
Mierda. No les gusta ninguno.
-          ¿Qué os parece Alexia? – sugiere Joe.
-          Cariño, suena a mala de telenovela mexicana. – le responde mi madre.
-          ¿Amber? – vuelve a sugerir.
-          Eso suena a animadora tonta. – digo yo.
-          ¿Y Jane?
-          ¿Jane? – preguntamos todos a la vez.
-          Siempre me ha parecido un nombre bonito. Y suena bien. Jane Lillian Morrison.
-          Me gusta Jane – le dice mi madre.
-          Y a mí también – digo mientras Johnny asiente. Jane es un nombre bonito para niña.
-          Lo malo es que no sabemos qué va a ser. – nos recuerda mi madre tras un momento de silencio.
-          ¿Os gusta Darcy? – sugiero después de una pausa.
-          ¿Darcy? ¿Como el de “Orgullo y prejuicio”? – pregunta Joe.
-          Es original. – admite mi madre.
-          A mí no me gusta – dice Johnny.
-          Ni a mí. – termina Joe.
-          Pero para segundo nombre queda bonito. Admitidlo. – insisto yo.
-          Puede que como segundo nombre sí, pero seguimos sin tener un nombre. – dice Joe.
-          Pues como no lo llamemos Junior – empieza a quejarse Johnny.
Mi madre se queda estática en su tumbona.
-          Repite eso Johnny.
-          Pues eso, Junior. Joseph Jr.
Mi madre sonríe y mira a Joe, que también sonríe. Al parecer, Johnny había encontrado el nombre perfecto sin darse cuenta.
-          Es perfecto – dice mi madre.
-          ¿Y eso? – preguntamos Johnny y yo con curiosidad.
-          De no haber insistido tanto Carol de llamar así a Johnny, me habría gustado ponerle mi nombre a mi hijo.  – cuenta Joe con una sonrisa.
-          Pues que sea Joseph. – dice mi madre con una gran sonrisa.
-          Llamadme repelente, pero me gusta más Joey. Me recuerda a Joey Tribbiani, el de Friends. Era de mis personajes favoritos. – admito.
-          Que sea Joey, entonces – dice Johnny son una sonrisa.
-          Joseph Darcy Morrison. Es perfecto. – termina mi madre con una sonrisa. – Realmente perfecto.

Chris P.O.V
Todas las oportunidades marcan el transcurso de nuestra vida, incluso las que dejamos ir. Hasta Francis Scott Fitzgerald tuvo una iluminación cuando escribió esas palabras, en “El curioso caso de Benjamin Button”.
Oportunidades. Oportunidades y decisiones sobre ellas. Decisiones que tomamos, o que toman por nosotros, y que de una manera u otra acaban por marcar nuestra vida para siempre. Tomamos decisiones y asumimos las consecuencias que traen con ellas.
Siempre habían tomado las decisiones por mí. Se decidió que estudiaría en el internado por la formación que recibiría. Se decidió que iría a Harvard, donde estudiaría para dirigir el imperio de mi padre. Pero nadie decidió los amigos que haría, o incluso de quién me enamoraría.
Johnny me lo había dicho hace años, pero no le había hecho caso. En cuanto la encuentres Chris, no querrás dejarla escapar. Le había llamado mariquita, pero tengo que reconocer que tenía razón. Demasiada razón.
Lena había aparecido para interrumpir mi vida, ponerla patas arriba, y hacer que todo volviese a funcionar. Como si hasta que ella no apareciese, hubiese vivido una vida que no era mía. En cierto modo, me había construido una vida perfecta, un plan que no tenía segundas opciones. Graduarme con honores, estudiar en Harvard, ir de chica en chica… Una vida perfecta, o eso pensaba yo.
Pero apareció ella para cambiarlo todo. Pero para mejor. Por primera vez todo tenía una nueva perspectiva. Ya no quería estar con una chica diferente cada día. Quería estar con Lena, solo con ella. Fue la única por la que peleé para estar con ella, ella es la única con la que merece la pena estar.
Y lo tengo todo. Ahora mismo lo tengo todo. Pero notaba como si me faltara algo importante por decidir. Algo que parecía obvio, pero que no lograba descubrir.
Y cuando se me encendió la bombilla, me sentí realizado. Me di cuenta de lo que quería cuando buscaba el regalo de cumpleaños perfecto para Lena. Fue cuando ya salía de la tienda, con los pendientes y el brazalete ya comprados, cuando me fijé en el mostrador de los anillos de compromiso de Tiffany’s.
La lógica me decía que no lo comprara, que esperase unos pocos años, por lo menos hasta que ambos hubiésemos acabado la universidad. Pero el corazón me decía lo contrario, que comprara un anillo y volviera lo más rápidamente posible al internado, donde me esperaba Lena. ¿Y por qué no? ¿Para qué esperar unos años cuando quiero casarme con Lena lo antes posible?
Johnny me había dicho que no me apresurase, que estaba loco. Pues sí, lo estoy. Estoy loco por Lena, y por eso, haciendo caso omiso a mi sentido común, compré la sortija clásica de compromiso de Tiffany’s.
Aún faltaban unos días para su cumpleaños, la fecha en la que tenía pensado pedirle que se casase conmigo, y me moría de impaciencia con cada minuto que pasaba. No se lo había contado a nadie, ni siquiera a mis padres, aunque sabía que mi madre me apoyaría, pese a que estaría algo desilusionada con el hecho de que fuera a casarme tan pronto.
El día de su cumpleaños llegó, y con él, la oportunidad de pedírselo. Estábamos los dos solos, antes de entrar en su fiesta. Yo llevaba la cajita con el anillo en el bolsillo de mi pantalón, y cuando estaba a punto de pedírselo, apareció Nat para decirnos que entrásemos en la fiesta.
El día del baile y de la graduación, fechas siguientes para pedírselo, no pude hacerlo. En el baile era imposible, y en la graduación no tuve ocasión de pedírselo.
Y por eso, ahora estoy en un avión, esperando a que aterrice en Los Ángeles. Porque no me iré allí sin pedirle a Lena que se case conmigo.

Lena P.O.V
La consulta del ginecólogo está pintada en tonos claros, pero resulta acogedora. Mi madre está tumbada en la camilla mientras que nosotros tres estamos sentados en sillas a su alrededor.
-          Buenas tardes chicos – dice la doctora entrando en la sala. – Lily, me alegro que esté tan acompañada hoy.
-          Ella es Helena, mi hija, y este es John, el hijo de Joe. – nos presenta mi madre.
-          Encantada de conoceros chicos. Soy la doctora Green, la encargada de Lily mientras tenga a esta monada dentro. Y ahora vamos a ver qué tal le va al bebé.
La doctora Green empieza a extender un líquido por encima de la barriga de mi madre y, acto seguido, comienza con la ecografía. La pantalla es negra, pero de repente aparece una imagen. Un bebé casi formado del todo. Mi hermanito.
-          ¿Oís el latido? Está más sano que un roble. Perfectamente formado para las 23 semanas.
Es emocionante. El bebé es perfecto, simplemente perfecto. Parece un bebé recién nacido, pero en miniatura. Está perfectamente formado.
-          Lily, el bebé se parece a ti – admite Joe mirando embelesado la pantalla.
-          Pero si te fijas, tiene tus labios. – le dice mi madre cariñosamente.
-          Es perfecto. – concluyo, a lo que todos asienten.
Los cuatro miramos embobados la pantalla. El bebé es una monada.
-          ¿Queréis saber el sexo? – pregunta la doctora al vernos.
-          A mí me da igual. Lo importante es que esté sano – le contesta mi madre.
-          Pero no estaría nada mal. No podemos seguir llamando Grillito al bebé. – responde Joe entre risas
Los cuatro miramos expectantes a la doctora Green, que nos sonríe antes de anunciar el sexo del bebé.
-          Es un niño.
Joe suelta un grito de alegría y nos abraza a Johnny y a mí. Mi madre está sonriendo como nunca. Será Joey finalmente quien venga a nuestras vidas.

***
Horas más tarde, estoy en mi habitación en la casa de mi madre y Joe. Me la han decorado en tonos grises, plateados y blancos, tal y como la pedí, y me encanta.
Estoy sola en casa. Joe y mi madre han ido a visitar a mi abuela para darle la buena noticia, y Johnny se ha ido a recoger a Charlie al aeropuerto, ya que ella va a venir a pasar unos días a Los Ángeles para vernos.
Oigo cómo suena el timbre de la planta baja y como Dora, el ama de llaves, se apresura a abrir la puerta.
-          ¡Señorita Lena! – me grita mientras sube las escaleras.
-          ¿Sí, Dora? – le pregunto una vez que la tengo de frente.
-          Tiene una visita esperándola abajo.
-          De acuerdo, bajo en dos minutos.
Vuelvo a mi habitación a acomodarme un poco. Llevo camiseta y shorts, pero dedico no cambiarme, aunque me peino un poco antes de calzarme y bajar corriendo las escaleras.
Cuando llego al vestíbulo, me encuentro con quien menos me esperaba ver.
-          ¡CHRIS! – grito antes de echarme a sus brazos y abrazarlo.
Le había echado demasiado de menos, aunque sólo habían pasado dos semanas desde la última vez que nos habíamos visto. Me suelto y lo miro sorprendida. Está guapísimo.
-          ¿Qué haces aquí? Pensaba que no te iba a ver hasta dentro de dos semanas, hasta tu cumpleaños.
-          Te echaba demasiado de menos como para esperar dos semanas más. Así que me dije: ¿Por qué no darle una sorpresa a Lena?
-          Eres increíble – le digo tras besarlo.
-          Venga, arréglate que nos vamos a dar una vuelta por aquí.
Tiro de él escaleras arriba y dejo que explore mi habitación mientras que yo me arreglo. Sólo me cambio de camiseta y me pongo unas sandalias planas. Cojo el bolso y las gafas de sol. Cuando bajamos, paso por el recibidor y cojo las llaves del coche de mi madre. Mi Corvette sigue en Nueva York, así que mientras estoy en Los Ángeles, mi madre me deja su BMW descapotable.
Montamos en el coche, yo en el asiento del conductor y Chris en el del acompañante.
-          ¿A dónde vamos, señor? – le pregunto con una sonrisa coqueta.
-          Sorpréndeme – responde él sonriendo.
Sé exactamente a donde quiero llevarlo. Arranco, y tras veinticinco minutos de viaje por el tráfico que hay a estas horas, llegamos a Venice Beach, donde falta poco para el anochecer. A esta hora ya no hay tanta gente como por la mañana, pero sigue siendo un lugar encantador.
Paseamos por la playa durante un buen rato y después Chris me invita a cenar a uno de los restaurantes que hay por aquí. Tras la cena romántica, volvemos a la casa, que aún sigue vacía.
Llevo a Chris a mi habitación y nos sentamos en mi cama. Ha estado un poco raro durante toda la noche, pero supongo que es porque está cansado del vuelo.
-          Lena, tenía que hablar contigo de algo importante. – empieza a decir Chris.
-          ¿Importante? ¿En qué sentido?
-          Es sobre nuestro futuro juntos.
Mierda. Va a dejarme. Lo sé.
-          Chris, ya sé que esto de estar separados va a ser difícil…
-          Lena, no es lo que te quería decir ahora. Ya sé que en septiembre tú estarás en New Haven y yo en Massachussets. Lo sé de sobra. Pero no me importa.
Hace una pausa y me sigue mirando fijamente.
-          Te quiero, te quiero demasiado como para no seguir contigo. Estaría loco si te dejase. No he venido a Los Ángeles solo para verte, he venido a hacer algo más importante.
De repente, se arrodilla delante de mí y saca de su bolsillo una cajita. La abre y en ella hay un anillo de compromiso.
-          Helena Catherine Michelle Williams, ¿quieres casarte conmigo?
Estoy en estado de shock. No dejo de mirar con pánico al anillo y a Chris intermitentemente. No sé cuánto tiempo pasa, pero Chris me mira extrañado.
-          Ahora es cuando te toca responder.
-          Dime por favor que es una broma.
-          ¿Por qué sería una broma?
-          Chris, por favor, dímelo.
-          No es ninguna broma. Te estoy proponiendo matrimonio de verdad.
Joder, es una proposición seria. De repente, reacciono y me entra un ataque de risa nervioso. Río y río, hasta el punto que lloro de la risa. Cuando por fin consigo tranquilizarme, miro a Chris.
-          Dios mío, no puedes estar hablando en serio.
Chris me mira enfadado.
-          Sigo esperando una respuesta.
-          No.
Me sale solo. Nada más decirlo me tapo la boca. Todavía no puedo creerme del todo la proposición. Chris me mira con los ojos muy abiertos de la sorpresa.
-          ¿Qué? – logra decir él.
-          No, no me voy a casar contigo.
Chris se levanta de golpe y guarda la caja de nuevo en su bolsillo. Coge su mochila y sale de la habitación.
-          Chris, ¿qué haces? – le grito mientras corro detrás de él por las escaleras.
-          ¿No es evidente? – me dice cuando ya llegamos al vestíbulo.
-           ¡Christopher! ¡No te vayas! – le grito cuando ya está en la calle.
-          Hemos terminado. – me responde antes de irse corriendo.

Y me quedo sola en el vestíbulo mientras empiezo a llorar. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Capítulo 32: Graduación

Graduación

Después de la increíble noche en la biblioteca, Chris me acompaña a mi habitación para que podamos descansar algo. La ceremonia de la graduación es a las cinco y media, así que tenemos doce horas por delante para dormir y preparar las maletas.
-          Por favor, quédate a dormir – le digo otra vez ya en la puerta.
-          Sabes que me es imposible. Por la mañana no podré salir de aquí sin que me vea alguien.
-          ¿Y qué más da? No creo que nos expulsen en nuestro último día aquí.
Chris lo reconsidera durante unos momentos.
-          Está bien, me quedo.
Lo beso rápidamente antes de abrir la puerta con cuidado. La habitación está a oscuras, pero distingo mi cama al fondo de la habitación. Pisando con cuidado nos vamos acercando hasta ahí, pero antes le arrastro hasta el baño.
Voy hasta mi armario y cojo el pijama. De paso, cojo una camiseta que le había robado a Chris cuando estuvimos en su casa de Colorado, y cuando vuelvo al baño se la doy.
-          Eh, esto me suena. – susurra.
-          Te la robé, así que técnicamente ahora es mía. – le respondo susurrándole.
-          Me gusta más que la tengas tú.
Sonrío mientras me cambio. Me desmaquillo antes de volver a la habitación y llevo a Chris conmigo. La cama es algo pequeña para los dos, pero a ninguno le importa. Me abrazo a él y acomodo la cabeza en su pecho.
-          Eh, nena, se me olvidó decirte una cosa antes. – susurra.
-          Dime.
-          Te amo pequeña.
Me besa el pelo y me abraza más fuerte. Y los dos nos dormimos en nanosegundos.
***
Empiezo a oír como alguien se desplaza por la habitación, pero sigo con los ojos cerrados. Chris sigue durmiendo, a juzgar por su tranquila respiración. De repente, ambos nos terminamos de despertar cuando suena un ruido infernal a nuestro lado.
Abro los ojos y veo como Jerry y Nat golpean una cacerola con una cuchara y una sonrisa malvada.
-          Os voy a matar – digo dirigiéndoles una mirada de odio. – ¿Creéis que esta es una buena manera de despertar a alguien?
-          No me niegues que no es efectiva. Además, fui idea de Jerry – responde Nat entre risas.
-          Es horrible – le digo tirándole la almohada.
-          No te quejes, que este es uno de los métodos despertador más suaves que tiene Jerry para despertarnos. – reconoce Chris.
-          Os encanta que os despierte así. – dice Jerry con orgullo.
-          No sé si prefiero esto o las canciones tradicionales irlandesas a las cinco de la mañana.  – suspira Chris con resignación.
-          O los cubos de agua fría, o el desodorante con aroma a caca de caballo… – empieza a enumerar Jerry.
-          Que sí Jerry, que eres un genio malvado experto en despertar a la gente de la manera más desagradable posible.
-          No podía irme de aquí sin despertaros a todos por última vez. – reconoce el irlandés con una sonrisa traviesa. – Y una vez hecho, Schoomaker y yo deberíamos largarnos de aquí. Las maletas no se hacen solas.
Chris se levanta de la cama y empieza a recoger su ropa del suelo. Se viste y antes de marcharse se acerca a la cama y me besa.
-          ¿Nos vemos antes de la ceremonia?
-          Lo intentaré, aunque con todo el caos de las maletas va a ser imposible.
-          Entonces después. Estoy deseando que conozcas a mi familia.
-          ¿Debo tener miedo?
-          Para nada. ¿Y qué me dices de tu padre? ¿Hoy me lo vas a presentar, no?
-          Si no te mata por enterarse de que has mancillado a su niñita, si.
Chris se ríe y me vuelve a besar.
-          Te veo luego nena – guiña un ojo antes de salir por la puerta junto con Jerry.
Nat empieza a recoger los montones de ropa desperdigados alrededor de su cama mientras que yo hago lo mismo con los míos.
-          Supongo que la noche ha ido bien – empiezo a decirle.
-          Divina. Imagino que la tuya también.
-          No sabes hasta que punto lo fue. Solo te digo que nunca pensaré en una biblioteca de la misma manera – me sonrojo al recordar la noche anterior. Nat me tira un cojín.
-          Deja de pensar en tu noche de amor y termina de recoger. Te recuerdo que tenemos que terminar con esto antes de que empiece la ceremonia.
-          Cierto. Manos a la obra, pues.
Seguimos recogiendo en silencio, aunque tenemos puesto el último CD de Beyoncé como música de fondo. Al poco rato llegan Charlie y Penny, que también empiezan a hacer las maletas.
Me siento triste. Este ha sido un año fantástico, y hacer las maletas solo significa que esto se termina. Es imposible meter los recuerdos y sentimientos de este año en una maleta. Algo mío se quedará aquí siempre. Aquí he conocido a los mejores amigos que podría desear tener, he conocido al chico con el que me gustaría estar toda mi vida, e madurado, he cambiado como persona (para mejor espero)…
Acabamos de hacer las maletas con el tiempo justo para arreglarnos para la graduación. La habitación no era el caos de ayer, pero se parecía bastante. Esta vez el arreglo de todas es más sencillo. Nat lleva un vestido gris perla con parte de la espalda al aire, Charlie un vestido verde oscuro de tirantes, y Penny uno negro de gasa palabra de honor. Mi vestido es de color crema, corto, con tirantes, y un cinturón azul marino con un lazo atado en la cintura. Todas llevamos el pelo suelto, las togas puestas y el birrete en la mano.
Salimos hacia el salón de actos, que es donde se va a celebrar la entrega de diplomas. Al llegar allí, veo como Allie Rumsfeld va colocando a los graduados en las primeras filas por orden alfabético. Voy a la tercera fila y me siento al lado de Nat, mientras que el salón de actos se va llenando poco a poco.
En cuanto el salón termina de llenarse, Allie Rumsfeld sube al escenario y se sitúa al lado del director Rumsfeld. Éste se acerca al micrófono y le da tres golpecitos para hacerse oír.
-          Buenas tardes alumnos, profesores, padres y el resto de los familiares. Os doy la bienvenida a la ceremonia de graduación de St. Peter College. Este año ha sido memorable para todos los que os graduáis hoy. Habéis aprendido herramientas que os servirán para vuestra futura vida, habéis madurado y habéis sentado las bases para vuestra futura vida adulta. Hoy es un día triste porque se va una de las mejores generaciones que ha pasado por el internado, pero debemos pensar que este es un día alegre, porque a partir de hoy, empezaréis vuestra vida como adultos que ya sois.
La gente empieza a aplaudir y a vitorear al director Rumsfeld. El director manda callar con las manos para continuar con el discurso.
-          Y ahora, veremos un pequeño video sobre vuestro paso por el internado.
La pantalla de detrás del director comienza a bajar y, cuando ya está abajo del todo, comienza a proyectarse un vídeo. Distingo a mis amigos con trece años, abrazándose unos a otros, posando en las típicas fotos de clase, de excursión en la nieve, en los partidos de los deportes… Y luego vi cómo iban creciendo poco a poco, cómo cambiaban a medida que pasaban las fotos y sonaba de fondo “Forever Young”, de Alphaville. Empiezo a llorar cuando aparecen las fotos de este año. Los partidos, la fiesta de Halloween, la obra de “Romeo y Julieta”… Hasta han incluido las fotos de ayer, las que nos hicimos antes de entrar en el baile. Sonrío entre lágrimas cuando veo las foto en la que salimos Chris y yo, abrazados y sonriendo. Luego van Jerry y Nat sacando la lengua a la cámara, Johnny sujetando en brazos a Charlie y sonriendo, y por último Penny apoyándose en el hombro de Kevin y sonriendo.
El vídeo termina y veo como varias de las chicas, incluida yo, nos limpiamos la cara con disimulo. Abraham Rumsfeld vuelve a salir al escenario y vuelve a hablar:
-          Y ahora, os iré llamando uno por uno por orden alfabético para que subáis al escenario a recoger los diplomas.
Abraham empieza a llamar a todos por orden de lista. La primera es Jill Blackstone, que sonríe mientras le aplauden cuando recoge su diploma. Le siguen Hector Brown, Blondie Fox, Ben Collins, Katy Colum y David Flint. Cuando sube Charlie al escenario, veo cómo Fred y Carter le vitorean desde el fondo de la sala.
Luego van Peter MacDonald, Jerry (al que Rosie aplaude entusiasmada), Chase Matthews, Johnny (mi madre y Joe se levantan para aplaudirle y vitorear), Yuki Onari, Julian Parker, Alan Perkins, Kayla Phillips, Penny (veo como sus padres la aplauden desde el fondo) y Kelly Preston.
A medida que iban subiendo, todos le daban la mano al director, pero cuando sube Kevin, sus dos padres lo abrazan mientras la sala estalla en aplausos. Después va Chris, y cuando sube veo como un grupo enorme de personas se levanta a aplaudirle, entre los cuales están sus padres y una prole de gente rubia. Las siguientes en subir son Alice Stevens, las gemelas Stuart, Greg Tate, y Nat. Todos aplaudimos cuando ella sube al escenario y hace una ligera reverencia al público con el diploma en la mano.
La última en subir soy yo. Le doy la mano al director Rumsfeld y sonrío cuando Allie me da el diploma. Me giro y veo a mis padres, Greta, Joe, y mi abuela aplaudiendo como locos. Una vez que todo estamos subidos al escenario, tiramos nuestros birretes al aire mientras todo el mundo aplaude y suena el himno del internado.
Cuando acabamos, nos llevan fuera del edificio hacia una carpa instalada para la ocasión en el campus. Busco con la mirada a mi madre, y la localizo junto con Joe y mi padre.
Cuando me ve, mi madre corre hacia mí y me abraza unos cuantos minutos.
-          Cariño, muchísimas felicidades por tu graduación. Estás preciosa – me dice mientras me acaricia la mejilla.
-          Tú si que estás preciosa mamá – le digo convencida. Mi madre está radiante en su ya quinto mes de embarazo, con una pequeña barriga ya formada. - ¿Qué tal te encuentras?
-          Bien cariño, pero no quiero que hablemos de mí. Hoy es tu día. Y el de Johnny, claro está – añade ella cuando Joe la mira divertido.
-          Felicidades Lena. Te mereces todas las felicitaciones del mundo. Una matrícula de honor como promedio final es algo de lo que alegrarse. – dice él abrazándome.
Mi padre llega en ese momento y me abraza.
-          Felicidades preciosa. Un gran promedio para una gran hija. – dice mientras me abraza.
-          Gracias papá – le digo sinceramente. Lo de haber conseguido la matrícula de honor tiene una explicación que le daré más adelante.
-          ¡Lenita mía! – dice mi abuela interrumpiendo. – Estás preciosa. Ha sido una ceremonia preciosa. Aún recuerdo la graduación de tu madre, que también fue maravillosa. Pero la tuya es mejor – me guiña un ojo con una sonrisa cómplice – Y ese birrete te queda estupendo.
-          Tu abuela tiene razón mädchen, estás preciosa – me dice Greta abrazándome.
-          Muchas gracias Greta – le digo devolviéndole el abrazo. – No tenía ni idea de que ibais a venir a la graduación.
-          Mädchen, no nos perderíamos tu graduación por nada del mundo. ¿Verdad que no, Michelle?
-          Por supuesto. Lily nos llamó y nos pidió que no te contásemos nada para que fuese una sorpresa. – añade mi abuela.
-          Lena, han venido unas personas que quieren verte – interrumpe sonriendo mi padre en ese momento.
Me giro con la suficiente rapidez como para ver a dos rubias muy conocidas sonriendo de oreja a oreja.
-          ¡Tía Abbie! ¡Tía Erin! – exclamo mientras corro a abrazarlas.
Hacía casi un año que no veía ni a Abigail ni a Erin, las hermanas pequeñas de mi padre. La última vez que las vi fue cuando me fui de Nueva York para reunirme con mi madre en los Ángeles, el verano anterior a mi entrada en el internado.
Abigail y Erin siguen igual que siempre. Abbie tiene cincuenta y cuatro años, es rubia y alta, tiene los ojos grises y es arquitecta, como mi padre. Erin tiene cincuenta años, es también rubia y con ojos verdes como los míos. Es la única de la familia que no es arquitecta, sino que es organizadora de eventos. Ambas se parecen mucho a mi padre y son encantadoras.
-          Helena Williams. – dice Abbie sonriendo – Desde que no te veo te has convertido en toda una mujer.
-          En una mujer guapísima, diría yo – añade Erin con una sonrisa. – Estás preciosa cariño.
-          Me he llevado toda una sorpresa. Esto sí que no me lo esperaba. – les digo mientras las vuelvo a abrazar.
-          Cariño, no íbamos a perdernos esto. Ya no pudimos verte en Navidades y fue una pena. Así que hablamos con tu padre y hemos venido con él para darte una sorpresa. – empieza a contarme Abbie.
-          Y te hemos traído un regalo de graduación – termina Erin.
-          Erin, Abbie, no hacía falta que me regalaseis nada. Con veros aquí ya es suficiente.
-          De hecho, Lena, no te hemos comprado nada.
-          Cariño, las tías te han traído el mejor regalo que podrías querer. – dice mi madre con una gran sonrisa – Gírate.
Me giro y en cuanto lo hago, empiezo a llorar de la emoción. Mis primos mayores, Ethan y Derek, se acercan para abrazarme mientras yo les devuelvo el abrazo y sigo llorando como una niña pequeña. Esto sí que no me lo esperaba para nada.
-          Ey Lena, no llores cariño. Que se te corre todo el rímel y luego nos echas la culpa a nosotros – empieza a bromear Ethan, con lo que me río.
-          Sois idiotas. Mirad como me he puesto por vuestra culpa – les digo riendo y limpiándome las lágrimas con un pañuelo que me tiende Derek. – Y también sois unos mentirosos. La semana pasada me dijisteis que no podíais venir.
-          La tía Lil nos llamó para que viniésemos y nos pidió que no te contásemos nada para que fuese una sorpresa.
-          ¿Crees que nos perderíamos esto? – exclama Derek. – Aunque estés con el enemigo.
Río con la bromita de la rivalidad de mi antiguo colegio y el internado.
-          Reconoce que nuestras graduaciones son más bonitas. – le digo.
-          Vale, puede que en eso tengas razón. Pero eso no quita que estemos en territorio enemigo. Y por cierto pequeña, estás preciosa. – dice Ethan.
Ethan es aún más alto de lo que yo recordaba. Debe de medir más de 1,90, es rubio, tiene unos ojos azules preciosos y es guapísimo. Tiene 21 años, está estudiando dirección de empresas y economía en Yale, y es de los primeros de su curso. Siempre ha sido educado, correcto, responsable, cordial, un estudiante de matrícula de honor, un jugador de fútbol prometedor y un novio perfecto para Betty, la chica con la que lleva cuatro años y que, con toda probabilidad, se convertirá en la futura señora Manson.
-          ¿Y yo qué? ¿Acaso no lo estoy? – dice Derek haciéndose el ofendido.
-          Dek, ese traje te hace gordo. – bromea Ethan.
-          En el fondo tienes envidia de mi belleza y mi cuerpo de surfero – dice Dek con una sonrisita de suficiencia.
Ethan y yo nos miramos con resignación y reímos. Derek siempre ha sido así. Mientras que su primo Ethan siempre ha sido muy humilde con su aspecto, Derek Duquette siempre se anda pavoneando de su sex appeal. Derek siempre ha sido muy guapo, y él lo sabe, por eso no duda en utilizar eso para ligar con cualquier chica que se le cruce por delante. Derek es más bajo que Ethan, aunque también es rubio y de ojos claros, aunque los suyos son verdes como los míos. Derek tiene 19 años, está estudiando arquitectura en Yale (aunque no con tan buen promedio como el de Ethan) y se dedica a surfear en sus ratos libres. Aunque sea muy egocéntrico y esté enamorado de sí mismo, es buen chico y me adora. Tiene un sentido del humor genial y nunca te aburres con él. Lo considero mi primo favorito porque, aunque adore a Ethan, respeta demasiado las normas, cosa que Derek no hace.
-          Volviendo al tema Leni – empieza a decir Ethan interrumpiendo a Dek – estás preciosa y tienes un futuro excelente asegurado. ¿Has decidido ya lo que vas a hacer?
-          ¿Me guardáis un secreto? – les digo llevándolos aparte para que nadie de mi familia nos oiga.
-          No me digas que has decidido ser stripper – suelta Derek con una carcajada.
-          ¡Claro que no bruto! – le digo mientras le doy una colleja – No pienso pasarme el resto de mi vida bailando en una barra.
-          Piensa que tampoco lo harías toda tu vida. En cuanto empezaras a envejecer te despedirían. – completa él
Suelto un suspiro de resignación, con lo que Ethan se ríe.
-          Volviendo la conversación de adultos, ya sé lo que voy a estudiar.
-          ¿Bellas artes, quizás? – pregunta Dek poniéndose serio.
-          Arquitectura.
Los dos ponen una cara de asombro. No se lo esperaban.
-          ¿Y se lo has dicho a tu padre? – pregunta Ethan todavía asombrado.
-          Todavía no. Pero se lo diré en cuanto vuelva a la ciudad con él, antes de marcharme a Los Ángeles.
-          ¿Y cómo es que has decidido estudiar eso? Pensé que tu padre nos iba a esclavizar para que mantuviéramos a su princesita y que ella no tuviese que mover ni un dedo.
-          Ya sé que mi padre no quiere que estudie Arquitectura. Pero en un futuro me convertiré en la dueña de Industrias Williams, y no quiero que otros, aunque seáis vosotros, la controlen por mí. Quiero aprender todo lo que pueda sobre arquitectura y sobre cómo dirigir una empresa. Y quiero que vosotros me ayudéis a convencer a mi padre de que puedo con esto.
Ethan y Derek se lo piensan unos segundos antes de responder.
-          Lena, sabes que haríamos cualquier cosa por ti. – empieza a decir Ethan.
-          No vamos a dejarte tirada en esto. Tienes nuestro apoyo.
Corro a abrazarlos a los dos por su apoyo. Si ellos me apoyan, no tengo miedo de hablar con mi padre.
Oigo un carraspeo detrás de mí, y cuando me giro veo a Chris mirándonos con cara rara. Se le nota que está celoso a leguas. Me acerco hasta él y le beso.
-          Cariño – le digo cogiéndole de la mano – Ven, quiero presentarte a dos personas muy especiales para mí.
-          Lena, no me digas que son dos ex novios. – me responde Chris preocupado.
Suelto una carcajada y le aclaro rápidamente la situación.
-          Son mis primos, tonto.
Chris me sonríe aliviado, aunque se le borra la sonrisa en cuanto ve las miradas que le dedican tanto Ethan como Derek.
-          Así que tú eres el novio de Lena… – empieza a decir lentamente Ethan.
-          Christopher Schoomaker. Encantado de conoceros, aunque Lena nunca me ha hablado de vosotros. – les dice tendiéndoles una mano y sonriendo nervioso.
-          ¿Es cierto eso, Lena? ¿No has tenido la decencia de hablarle de tus maravillosos primos a este rubiales? – pregunta Derek haciéndose el indignado.
Lo miro mal. Los tres son rubios, así que no puede utilizar lo de ser rubio como algo despectivo.
-          Dek, si os hubiese hablado de Chris, os habríais presentado en segundos en el internado para hacer el papel de primos sobreprotectores, y eso no era algo que deseara ver.
-          Leni, eres nuestra prima pequeña, nuestra misión es protegerte de todo maleante que quiere aprovecharse de ti. – me responde él.
Ethan asiente y Chris se ríe. Ruedo los ojos y suelto un suspiro de resignación.
-          Chicos, madurad, Chris no tiene intenciones de aprovecharse de mí. ¿Verdad que no, Christopher?
-          Por supuesto que no – dice él convencido.
-          Y ahora es cuando sueltas el discursito de que vas a respetarla hasta el matrimonio y todas esas chorradas.
Los dos enrojecemos al instante, provocando que Ethan y Derek se den con la mano en la frente.
-          No tenéis opinión en este asunto. Ninguna. Así que ahorraos los comentarios de llegar pura al matrimonio y todo eso. Porque ninguno de vosotros lo ha respetado y yo no he dicho nada. Y ahora, ¿os vais a comportar como adultos de una vez?
-          De acuerdo – dicen Ethan y Dek a la vez.
-          Bien, pues yo necesito una copa. Urgentemente. – digo mirando alrededor para intentar localizar la mesa de las bebidas.
-          Voy a buscártela. – añade Chris rápidamente. Es evidente que quiere salir enseguida de ahí.
-          No Christopher, quédate un momento con nosotros. Queremos comentarte unas cosillas. – le pide Ethan en un tono normal, aunque sé que tiene un matiz amenazante.
Chris me mira con ojos suplicantes y yo río.
-          Prometedme que no le haréis nada ilegal.
-          Prometido – dice Derek haciendo juramento de meñique.
Salgo de allí y voy a la mesa lo más alejada posible de ellos. Es obvio que tanto Ethan como Dek le van a soltar a Chris el discurso de primo sobreprotector, y prefiero dejarles intimidad.
Cojo una copa de champagne de una mesa y la bebo lentamente en silencio. Dios, cómo la necesitaba.
-          Si quieres te invito a otra – dice un rubio que está a mi lado.
Me giro para mirarle y veo que tiene veintipocos años, el pelo rubio casi al cero como Justin Timberlake, y lleva camisa y vaqueros. Es guapo y, extrañamente, me recuerda a alguien, pero no logro identificar a quién.
-          Creo que con una ya es suficiente. Pero gracias.
-          De nada. Y por cierto, déjame decirte que no sé qué hace una chica tan bonita como tú sola.
-          ¿Y tú te llamas? – le pregunto curiosa. No todos los días te piropea un chico guapo.
-          Paul. Paul Schoomaker. Y tú eres Helena Williams, la novia de mi primo.
-          Me parece algo extraño que tú sepas quien soy y yo no sepa quién eres.
-          Es obvio que Christopher no te ha hablado de mí. Es natural sabiendo que no nos llevamos demasiado bien.
-          Ahora entiendo por qué no me ha hablado de ti.
-          Soy su primo mayor, el modelo de chico que desearía ser Christopher, pero al que no puede aspirar.
-          No te sigo.
-          Es simple. Chris quiere parecerse a mí, pero no puede. Soy mejor que él en muchos aspectos. Y por eso no entiendo qué hace una chica como tú con alguien cómo el.
Esto ya es demasiado, no quiero seguir oyendo cómo insulta a Chris.
-          Paul, creo que te has pasado, así que si no te importa, me voy. Creo que tengo mejores cosas que hacer que perder el tiempo contigo. Sobre todo teniendo al novio tan maravilloso que tengo.
-          Pierdes el tiempo Lena. Tarde o temprano se cansará de ti, como lo hizo de las otras. Y cuando pase eso, estaré disponible para ti.
Paul me sonríe pero yo no le devuelvo la sonrisa. Me marcho de allí deseando no volver a verlo en mi vida.
Encuentro a Chris cuando vuelvo a la mesa donde está mi familia, pero está hablando con mi padre. Mi padre, al verme, me hace señas con la mano para que me acerque.
-          Lena, Lena, Lena. No me habías dicho que tenías novio, cariño.
-          Se me olvidó comentarte ese pequeño detalle, papá.
-          Tu madre me dijo hace unos meses que estabas saliendo con un chico, pero no que la cosa fuera tan seria.
-          Vamos papá, seguro que no es para tanto.
-          Menos mal que tus primos me lo han dicho. Si llega a ser por ti, me entero el día de la boda.
Malditos Ethan y Derek. Esta me la van a pagar, eso está claro.
-          Por suerte para ti, pequeña, tu novio está a la altura de las circunstancias y está demostrando ser un perfecto caballero. Es un Schoomaker, al fin y al cabo.
-          ¿Me estás dando tu bendición, papá?
-          Digamos que sí. Pero más te vale cuidarla, chaval, porque si no te enfrentarás a las consecuencias.
-          Lo haré señor, la cuidaré.
Mi padre sonríe y se aleja con mis tías. Chris me sonríe:
-          Creo que ha ido bien – dice él.
-          Algún día tenía que pasar. Me alegro de que le hayas caído bien a mi padre.
-          No ha sido difícil. A los dos nos encanta el fútbol, así que era fácil sacarle el tema de conversación.
Sonrío y le beso.
-          Te quiero. Más de lo que haya querido a alguien nunca.
-          Entonces, ¿harías algo por mí?
-          Por supuesto.
-          Mi padre quiere conocerte.
-          Entonces vayamos a conocerle.
Chris me coge de la mano y me guía a una mesa cerca de la de mi familia. Veo cómo Beth Schoomaker sonríe cuando nos ve a los dos.
-          ¡Pero qué guapos estáis los dos! Dejad que os saque una foto juntos. Esto hay que recordarlo.
-          Mamá, no seas pesada. Llevas sacando fotos desde hace una hora.
-          Por dios Christopher, no seas quisquilloso. Sólo será una foto. Así que ponte ahí y sonríe.
Nos juntamos un poco más y sonreímos a la cámara. Beth asiente mientras mira cómo ha quedado la foto.
-          Guapísimos. Ha quedado preciosa.
-          ¿Otra vez con la cámara, Betty? – dice un hombre de cuarenta y tantos con un asombroso parecido a Chris.
-          No me culpes Charles. Es la graduación de mi hijo.
-          De acuerdo Betty, te dejo con tu cámara. – le dice dándole un beso.
De repente se fija en mí y sonríe.
-          Y supongo que tú debes de ser la famosa Lena de la que tanto habla Christopher.
-          Helena Williams, encantada.
-          Soy Charles Schoomaker, el padre de tu novio. Chris tiene razón, eres incluso más guapa en persona que en fotos.
-          Gracias señor – le digo mientras me sonrojo.
-          Por favor, llámame Charles. Si eres la novia de Chris, entonces nos tutearemos.
-          De acuerdo Charles – le digo mientras sonrío.
-          Venga Charles, ya la has conocido, así que déjame que les siga sacando fotos. Voy a hacer un álbum de la graduación.
-          Por favor mamá, no sigas con este suplicio.
-          Vamos chicos, aún tenemos que haceros fotos con el resto de vuestros amigos.
Chris suspira de resignación y yo suelto una carcajada. Al poco tiempo ya estamos sacándonos fotos con el resto de la pandilla, todos con los birretes puestos. Después, comienzo a sacarme fotos con toda mi familia.
Los echaba de menos, mucho de menos.  Pero me alegro de que hayan venido todos aquí hoy. Por primera vez en mucho tiempo, soy completamente feliz.

***
Chris P.O.V
-          Y dime, ¿has sido duros contigo? – le pregunta Johnny mientras paseamos por los terrenos un rato después, fuera de la carpa.
-          Digamos que me cortarán los huevos si le hago daño a su querida prima. Pero por lo demás, todo bien.
-          Entonces no hay nada de lo que preocuparse. Es normal que quieran amenazarte un poco. Fred lo hizo conmigo cuando se enteró de que estaba saliendo con Charlie. Aunque lo normal es que esa charla te la diera su padre.
-          De hecho, me la ha dado, pero Albert Williams ha sido bastante más ligero. No me ha amenazado con cortarme los huevos, así que vamos por buen camino.
-          Te ha dado fuerte con Lena, hermano.
Sonrío con su comentario.
-          ¿Y tú con Charlie qué? No me digas que no te ha dado fuerte.
-          Es distinto Chris. Piensa que conozco a Charlie desde hace años. Ha sido algo lento, que se ha ido formando poco a poco. Pero lo tuyo ha sido de repente. Has pasado de querer estar con todas las tías a querer estar con sólo una.
-          Tío, cuando la encuentras, no la dejas escapar ni de coña. Lena es… es única. Con ella me ocurre lo mismo que con vosotros, puedo ser yo mismo. No tengo que ser el pijo creído niño de papá que se cree el rey del internado.
-          Te has definido perfectamente.
Le doy un puñetazo suave en el estómago a Johnny, que hace que se queja del dolor. Pero debo darle la razón a Johnny. Yo era así antes, pero desde que ha llegado ella… todo es distinto. Y me gusta.
-          La echaré de menos cuando esté en Harvard… – le digo a Johnny después de un rato.
Johnny se queda pensativo y me mira con preocupación
-          ¿Estás pensando en dejar a Lena? – me pregunta – Sé que eres mi mejor amigo, pero ella es mi hermanastra. Me preocupa.
No te preocupes por eso Johnny.  – le digo mientras palpo la cajita que está en mi bolsillo – Todo lo contrario. Voy a pedirle que se case conmigo.