viernes, 8 de julio de 2011

Capítulo 5: Me llamo Bond, Helena Bond

Charlie, Nat y Penny me miraban con cara rara. Pensaban que estaba loca, pero si me ayudaban, el plan funcionaría y todas aprobaríamos el examen. Me fijé en que Charlie tenía una libreta apoyada en el regazo, junto con el estuche.

- Charlie.

- ¿Sí Lena?

- Déjame tu libreta y un bolígrafo.

Charlie me tendió la libreta sin pensárselo dos veces. Cogí un bolígrafo y empecé a escribir en una hoja en blanco:

Johnny:

Pienso robar el examen que nos va a poner la Linton, pero necesito tu ayuda, y también la de tus amigos. Si estás interesado, déjame una nota en mi taquilla, está al lado de la de Schoomaker.

Lena.

Arranqué la nota de la libreta, me la guardé en el bolsillo de la chaqueta y corrí hasta el edificio principal. No dejé de correr hasta llegar a la secretaría, donde estaba la señora Gold con una taza de café.

- ¡Buenos días señora Gold!

- Buenos días Helena. ¿Querías algo cariño?

- Sí, ¿me puedes decir el número de la taquilla de un alumno?

- ¿Para que lo quieres saber Helena?

- Es que me prestó unos apuntes y se los iba a devolver, y es para que no cargue con ellos.

- Vale cariño - dijo la señora Gold mientras consultaba el ordenador - ¿a qué alumno te refieres?

- A John Morrison.

- Espera que lo miro. Vale, la tengo, es la 589, en el tercer piso.

- ¡Gracias señora Gold!

- De nada cariño, hasta otra.

Salí de la secretaría con una sonrisa de oreja a oreja. Fui hasta el tercer piso con más calma, y por fin llegué a la taquilla de Johnny. Estaba a tan solo unos metros de las mía, pero no me había dado cuenta cuando fui a mi taquilla las otras veces. Cogí la nota de mi bolsillo y la metí por la rendija que había en la taquilla. Respiré aliviada al ver que no me había visto nadie. Abrí mi taquilla y cogí mi libro de matemáticas avanzadas y una libreta, junto con el estuche. Fui al baño del pasillo, y me metí dentro. Dentro del baño estaban todas las puertas pintadas con garabatos y notitas. Hubo una que llamó mi atención.

"Chris Schoomaker pasa a ser propiedad de Barbie C. a partir de hoyFirmado, Barbie."

Creída. ¿Es que todo tenía que ser tal y como lo decía Blondie Fox? Ja. Salí del baño justo al mismo tiempo que tocaba la campana.

Corrí hacia el aula de Historia. Me senté al lado de Nat, y enseguida entró el profesor.

- Buenos días a todos. Soy el profesor Brown, su profesor de Historia. Bien, antes de que comencemos a dar la materia, durante esta clase se encargarán de redactar un folio sobre sus ideas preconcebidas sobre la guerra de Independencia. Me lo entregarán después y por favor, no copien, esto no puntúa para nota, pero quiero saber qué cosas conocían antes de dar la materia. Pueden empezar.

Enseguida todos sacamos una hoja y nos pusimos a escribir. Conocía bastante sobre ese tema, ya que se me daba bastante bien la historia.

- ¿Le mandaste la nota a Johnny? - me preguntó Nat en voz baja.

- Si, ya se la metí en su taquilla. Sólo falta que me conteste.

A Nat no le dio tiempo a contestar, ya que el profesor Brown nos llamó la atención.

- Señorita Weston.

- ¿Sí profesor?

- ¿Es usted profesora de Historia?

- No señor.

- Pues compórtese como una alumna y escriba en el folio sus ideas sobre el tema.

Nat le miró mal antes de ponerse a escribir en el folio. Me reí para mis adentros de su reacción. De repente, me tiraron una notita en el pupitre. La cogí y la puse dentro del estuche, e hice como si buscaba algo mientras la leía.

LENA:

DE ACUERDO. TE AYUDAREMOS. OS ESPERO A TI Y A LAS CHICAS EN NUESTRA HABITACIÓN, EN EL DESCANSO DEL MEDIODÍA.

JOHNNY

Sonreí sin darme cuenta. Le pasé la nota a Nat para que la leyera, y sonrió. Luego se la pasó a Penny y a Charlie, que también sonrieron en señal de aprobación. La clase se me pasó volando, y eso que eran dos larguísimas horas de redacciones sobre la guerra de Independencia, pero estaba impaciente por ver a los chicos.

Nat y yo salimos corriendo en dirección a la residencia de los chicos. En teoría no se podía estar en sus habitaciones, y viceversa, pero muchas chicas andaban por los pasillos de la residencia. Subimos en el ascensor hasta el tercer piso y llegamos a la habitación 425. La habitación tenía una placa de metal con los siguientes nombres:

HABITACIÓN 425

Christopher A. Schoomaker III

John A. Morrison

Gerald J. Mackenzie

Kevin A. Rumsfeld

Picamos a la puerta y nos abrió, con mi mayor asombro, Schoomaker. Después de mirarme con cara rara, nos dejó pasar. La habitación era del mismo tamaño que la nuestra o incluso más grande. Decorada en tonos azules, dos camas estaban en una pared y otras dos en otra. En el medio de la habitación había una televisión de plasma con una Play Station 3 conectada a ella, al lado de un DVD de última generación. Había un gran sofá de piel que estaba frente a la tele, y a los lados, miles de cojines esparcidos por las alfombras. En un rincón de la habitación, había una mesa de billar al lado de un equipo de música.

Sentados en dos cojines estaban Jerry y Kevin. Penny y Charlie estaban sentadas en la alfombra y Johnny estaba tumbado cuan largo era en el sofá. Schoomaker se sentó en un cojín y nosotras nos sentamos al lado de Johnny en el sofá.

Jerry se me acercó. La verdad es que no era demasiado alto, era el más bajito de los cuatro chicos, pero eso no parecía importarle. Tenía el pelo rubio pelirrojo muy cortito, pero podía hacerse tupé. Los ojos verdes se brillaban extasiados. Supe que me iba a caer muy bien.

- Creo que no nos han presentado. Soy Jerry Mackenzie. - dijo, con un profundo acento irlandés.

- Encantada, soy Lena Williams. - le dije sonriendo.

- O Yankee Williams, como prefieras llamarla. - añadió Schoomaker a carcajadas.

Vale, eso no había tenido gracia, sobre todo viniendo de él.

- ¿Y tú qué, Christopher Columbus?

Mientras que las chicas se reían de mi broma acerca del descubridor de América, Schoomaker me miró mal. Johnny, ajeno a todo esto, comenzó a hablar:

- Visto que ya estamos todos aquí, podemos empezar. ¿Qué hacemos?

- ¿Y si secuestramos a la Linton para que no haga el examen? - preguntó Jerry.

- Jerry, en cuanto la dejáramos libre, nos haría el examen. Además, ¿secuestrar a alguien no es ilegal? - le contestó Nat.

- No podemos secuestrarla porque nos expulsarían a todos y no conocemos a sicarios de la mafia - añadió Charlie.

- ¿Quién te ha dicho que no los conocemos? - le respondió Kevin entre risas.

- Yo tengo una idea. - al decir esto, todos callaron - Nos dividimos en parejas, una pareja se cuela en la habitación de la profesora Linton, y las otras se ponen en sitios estratégicos vigilando. - dije yo.

- Esa es una buena idea - admitió Charlie. - Y no la de la mafia.

Kevin y Jerry pusieron expresiones de desconsuelo, mientras que todos nos reíamos de ellos.

- Un momento, ¿por qué Yankee Williams tiene que ordenarnos que hacer? Es la nueva, su misión aquí es callar y aceptar lo que hagamos.

- Christopher, si vuelves a despreciar a Lena te meteré una buena patada en tus genitales. - le amenazó Charlie.

- Además, Lena es la única que ha tenido una buena idea. - dijo Johnny para defenderme.

- ¿Y la de los sicarios de la mafia qué? - protestó Jerry.

- ¡No vamos a llamar a sicarios de la mafia! - gritamos todos a la vez, provocando la risa general.

- Kevin, ¿tu sabes donde están las habitaciones de los profesores? - pregunté, poniéndome seria. - Vale, perdón por la obviedad de la pregunta.

- No te preocupes, es la falta de costumbre - añadió él para hacerme sentir mejor. -Están en el último piso del edificio principal, aunque en realidad son apartamentos. Se accede a ellos por la puerta que pone privado, la de al lado de la biblioteca, y hay que marcar un código para acceder.

- ¿Y tú sabes cual es el código? - añadí, intentando sonar casual.

- Por supuesto Lena. - concluyó con una sonrisa

- ¡Perfecto! Una cosa, ¿Qué hace la profesora Linton después de comer? - dije.

- Se va a tomar el té con la señora Gold a una cafetería de Oak Creek. - me contestó Johnny.

- ¡Es genial! O sea, que no estará en el internado. - exclamó Nat con alegría

- Pero el resto de profesores sí. - concluyó Jerry.

- Entonces tendremos que distraerlos… ¿Alguna idea? - preguntó Penny.

- ¿Qué os parece una ligera explosión en el laboratorio de química? - dijo Charlie.

Todos la miramos con cara rara.

- Chicos, sería pequeña pero lo suficientemente importante para que los profesores vayan allí. - añadió.

- Charlie, eres un genio - le respondió Johnny, a lo que Charlie enrojeció.

- Y para eso necesitamos a la mejor estudiante de química del curso. Charlie, ¿lo harás? - le preguntó Schoomaker.

- Por supuesto. La escusa de que yo estuviera en el laboratorio será que le estaba dando clases particulares de Química a Johnny. - respondió ella con una sonrisita.

- Vale. Una pareja en el laboratorio. Kevin hará guardia con Penny en la biblioteca. - dijo Johnny.

- ¡Y yo montaré una mini Web Cam en el vestíbulo! - respondió con alegría Nat.

- Nat, ¿sabes montar cámaras Web con conexión a un portátil que esté lejos? - le pregunté.

- ¡Claro! Es fácil, y podemos utilizar una mini cámara Web que tengo en la habitación. Se puede conectar al portátil de Penny o de Kevin, que harán guardia en la biblioteca. Y de paso, en caso necesario, entretendrían a un profesor.

- Perfecto. Conéctala también a tu ordenador. ¿Y con quién harás guardia? - le preguntó Schoomaker.

- ¡Con Jerry! No vaya a ser que le ataque un leprechaun cuando esté solo - dijo ella riéndose.

Por la expresión de miedo que puso Jerry todos empezamos a reír. Luego, me di cuenta de que la única pareja que quedaba por formar era la que formábamos Schoomaker y yo.

- ¿Tengo que ir yo a la habitación de la Linton con Schoomaker? - dije.

- Williams, tampoco es para tanto, intenta soportarme un rato. - respondió el aludido.

- Lo intentaré. - repuse yo con resignación. - Cambiando de tema, son exactamente las 12.50. Tenemos diez minutos para prepararnos. Nat, ve a la habitación y coge los portátiles y la Web Cam, que te acompañe Jerry. Charlie, al laboratorio con Johnny. Penny y Kevin, os quedáis con nosotros aquí, luego en el edificio principal nos separamos. Llevaos los teléfonos móviles, para avisar si para algo.

Así que terminé de decir las instrucciones, todo el mundo se puso en marcha. Penny, Kevin, Schoomaker y yo salimos en dirección a la biblioteca. Kevin pasó por el comedor para mirar si la profesora Linton se había marchado ya. Efectivamente, tanto ella como la señora Gold se habían marchado. Sonreí complacida. Jerry apareció por el edificio principal para darle a Kevin su portátil y para darnos las cámaras (al parecer Nat tenía dos).

No había nadie en el hall, y escondí la primera cámara en el busto del fundador del internado, donde a nadie se le ocurriría mirar. Jerry mientras tanto se metió en el comedor. A los pocos minutos, volvió a aparecer.

- Acabo de comprobar que estén todos los profesores. Están absolutamente todos excepto la profesora Linton. Tenéis vía libre.

Corrimos hacia la biblioteca. Mientras Penny entraba, Schoomaker escondió la segunda cámara en una maceta de gardenias y yo recibí un SMS:

Mensaje Nuevo.

De: Charlie.

¡Conseguido! Dile a Jerry que ponga cara de histérico y que avise de lo de la explosión del laboratorio. Que se invente una excusa creíble ;)

No pude reprimir una sonrisa al leer el SMS. Decidí que Jerry avisara ya a los profesores.

- Jerry, tienes que ir a avisar a los profesores. Pon cara de que lo has visto todo e invéntate una excusa buena, como que te olvidaste un libro o algo en el laboratorio, y que cuando fuiste a buscarlo oíste todo.

- Ok. ¿Luego me quedo montando guardia?

- ¡Si! Quédate en el jardín con una revista o vete con Nat. Llama por lo que sea.

- Ok.

Jerry salió corriendo en dirección al comedor. Nosotros nos escondimos detrás de las escaleras y un minuto después vimos a todos los profesores corriendo en dirección al edificio de clases. Subimos las escaleras y llegamos hasta la biblioteca. Kevin me señaló una puerta.

- Esta es la entrada de acceso. Marca el código, es 1907.

- ¿El año en el que se fundó el colegio?

- Chica lista.

Marqué el código y abrí la puerta. Había unas escaleras que subían al piso de arriba. Schoomaker y yo entramos y cerramos la puerta, dejando a Kev y a Penny al otro lado. Subimos en silencio las escaleras. Llegamos a un pasillo que estaba muy bien decorado, con lujo en todos los detalles. A ambos lados del pasillo había puertas de roble con placas de acero con el nombre de cada profesor grabado.

- Schoomaker, tu mira las de la izquierda y yo las de la derecha.

- ¿Por qué tengo que mirar las de la izquierda? Yo quería las de la derecha.

- ¿Qué más te da un lado que otro? - le pregunté exasperada.

- No me gusta el lado izquierdo.

- Pero si eres zurdo.

- Pero quiero mirar las de la derecha.

- ¡Pues mira tu las de la derecha! - le grité.

- ¡Que era broma! ¿Siempre tienes tan mala leche?

- ¿Y tú siempre eres tan idiota?

- Eh, tranquila, que no he dicho nada malo.

- No, solamente ser idiota de más. Y cállate, que a este paso no encontraremos la habitación de la profesora Linton.

Schoomaker se calló y siguió mirando las puertas. Al poco rato me llamó:

- Williams, ¡la encontré! - gritó contento Schoomaker.

- ¡Perfecto! ¿Está cerrada con llave? - le pregunté.

- Si.

- ¡Mierda! ¿Y ahora que hacemos? - dije.

- ¿Tienes una horquilla? - me preguntó.

- Si, pero, ¿para que quieres una horquilla? - le dije mientras le tendía una horquilla que me saqué del pelo.

- Para forzar la puerta - contestó como si forzar una puerta fuera la cosa más normal del mundo.

- ¡¿Vas a forzar la puerta?! - estaba histérica.

- ¡Claro! ¡Pero tranquilízate! ¿O prefieres tirar la puerta abajo?

- ¡Ninguna de las dos cosas! ¡Pero estamos cometiendo un delito! ¿Y si nos pillan?

- No nos van a pillar Lena.

- ¡No me llames Lena!

- ¿Cómo prefieres que te llame? ¿Cariñín, amorcito, Yankee o chica de mala leche?

- ¡Cállate Schoomaker! ¿Qué he hecho yo para merecer este suplicio?

- Dirás esta preciosidad.

- Creído - dije mirándole mal.

- Tonta - respondió él sacándome la lengua.

- ¿Por qué no paramos de insultarnos y abrimos la puerta de una vez? - le pregunté.

- Vale, vale, a tus órdenes monada.

Le miré mal, pero él hizo caso omiso. Schoomaker cogió la horquilla y la metió en la cerradura. Después de darle unas cuantas vueltas, la puerta cedió y se abrió. Schoomaker aguantó la puerta y me dijo por un gesto que entrara. Entré y cerré la puerta.

- ¿Por donde empezamos a mirar? - preguntó Schoomaker.

- Tú mira en el ordenador, yo miraré en los papeles del escritorio.

Schoomaker miró entre las carpetas del ordenador, y yo empecé a mirar por el escritorio. Fichas de refuerzo de literatura, próxima materia para dar en clase, los boletines de notas de nuestra clase y de otras clases… Todo menos el examen. Por la cara de frustración que ponía Schoomaker, deduje que tampoco encontraba nada. De repente, me fijé en una carpeta que estaba encima de la mesita de noche de la profesora. La abrí y encontré 15 copias de un examen, que trataba sobre la materia de Biología que habían dado el curso pasado. ¡Bingo! ¡Lo había encontrado!

- Schoomaker, deja de buscar que ya he encontrado el examen.

- ¡Perfecto! ¿Dónde lo has encontrado?

- En esta carpeta - dije tendiéndosela. Schoomaker sonrió.

- Buen trabajo Lena - dijo mientras me levantaba por los aires.

- ¡Para! ¡Para! ¡Que me haces cosquillas! - dije mientras me reía sin poder parar. Schoomaker me sonrió con una sonrisa enorme y me bajó al suelo.

Colocamos las cosas que habíamos movido y salimos de la habitación. Yo todavía estaba riéndome. Schoomaker me sonreía sin parar. Bajamos las escaleras. Schoomaker se dispuso a abrir la puerta, pero yo le detuve.

Me fijé más detalladamente en él. Su cara, algo afilada por la barbilla, piel clara, muestras de salir barba en poco tiempo, el pelo perfectamente peinado de un color rubio, y unos ojos azules para morirse. Vale sí, era muy pero que muy guapo. Incluso más que cualquier chico que hubiera visto. Y qué forma la suya de mirarte.

- ¿Sabes una cosa Chris? No eres tan idiota como creía que eras.

No me dio tiempo a abrir la puerta, ya que Schoomaker me arrinconó contra la pared. Le miré por un momento, medio asustada. Me miraba fijamente, y su rostro parecía inexpresivo, hasta que se volvió dulce. Schoomaker me cogió la cara con dulzura y la acercó a la suya. Me sonrió antes de besarme en los labios suavemente. La corriente eléctrica me invadió de nuevo. Parecía que miles de mariposas estaban en mi estómago y revoloteaban todas a la vez. Puse los brazos alrededor de su cuello y él me agarró por la cintura, acercándose mucho más a mí y aumentando la intensidad del beso. No me importaba tanta proximidad. Y entonces Chris se apartó y yo me quedé en estado de shock. Me susurró al oído:

- No sabes hasta que punto me gustas.

Más estado de shock. Chris abrió la puerta y salimos al pasillo que daba a la biblioteca. Seguía en estado de shock. ¿Chris me había besado? ¿Yo le había dejado que me besara? ¿Le había llamado Chris? ¿El mundo se había vuelto loco de repente o la que estaba loca era yo? ¿Y por qué razón, si se supone que me odiaba, me había besado?

Chris P.O.V

Lena me había vuelto loco. No me reconocía ni a mi mismo. ¿Cómo podía ser posible el que la hubiera besado? ¿Me había vuelto loco? ¡Había besado a mi enemiga número 1! ¡Y me había gustado! ¡Mierda de hormonas! Ahora creo que me había vuelto loco definitivamente. Y ella que estaba como en otro mundo. Lo que me faltaba. Decidí traerla al mundo otra vez.

- Williams, ¡despierta!

- ¿Eh? Me quedé en Júpiter.

- Se nota. Ahora apresúrate, Kev y Penny nos esperan en la biblioteca.

- De acuerdo. Vámonos.

Definitivamente Williams estaba loca. Pero me gustaba. Y mucho. El mundo era cruel.


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Nota de la autora: Las banshees son criaturas de la mitología irlandesa que se les aparecían a los irlandeses para anunciarles la muerte de algún pariente. Son consideradas como ángeles caídos. Con razón Jerry les tiene miedo :)

Capítulo 4: Primer día de clases

Después de que las chicas se terminaran de arreglar, cogí mi Prada negro y salimos. Tras una caminata a una temperatura que me daba estremecimiento mencionar (por dios, aquí hacía muchísimo frío por la mañana), llegamos hasta el comedor. Entramos y nos sentamos en la mesa en la que nos habíamos sentado la noche anterior.

Efectivamente, los compañeros que tenía enfrente eran los famosos amigos de las chicas, que no sé si me ignoraron a propósito o todavía no se habían dado cuenta de que existía. Miento, creo que había uno que se había dado cuenta de que existía. Schoomaker miraba con interés el periódico de la mañana, así que decidí ignorarle. Ya tendría que soportarle más tarde, cuando tuviera que limpiar los baños con él.

Al oír como saludaba al resto de sus amigos, Schoomaker dirigió su mirada hacia mí. Eso me dejó un momento totalmente desconcertada, no creía que me fuera a mirar (otra vez) con tanto descaro, pero era visto que el chaval era bastante directo y no se andaba con medias tintas o escondía la mirada avergonzado al darse cuenta de que lo habías visto. Lo ignoré completamente y pasé a servirme un zumo de naranja, el café con mucha leche y dos magdalenas de chocolate. Penny hablaba animadamente con Kevin, Charlie leía una revista y Nat intentaba leer el artículo de moda por encima del hombro de Charlie. Los otros amigos de Schoomaker estaban demasiado dormidos como para concentrarse en otra cosa que no fuera su desayuno. Schoomaker seguía con un ojo puesto en mí y otro en el periódico de esa mañana, y yo saqué de mi Prada negro mi gastado ejemplar de "Orgullo y Prejuicio".

Schoomaker puso expresión de sorpresa, y yo intenté concentrarme en mi lectura. Viendo que el baile de Netherfield no me conseguía distraer, guardé el libro en el bolso. Justo en el momento en el que cerraba la cremallera, un dedo me tocó el hombro. Me giré y vi a la rubia de "Be Famous!" enfrente de mí.

Realmente, la rubia impactaba. Tenía el pelo largo y con flequillo de un color rubio que era imposible que fuera natural, aunque perfectamente teñido. La cara ovalada, el cutis blanquísimo, los ojos azules y perfectamente maquillados a estas horas de la mañana, una nariz perfecta (aunque dudaba de que fuera natural, en la foto de Be Famous tenía otra forma su nariz) y unos labios perfectamente pintados de rosa fucsia.

- Me imagino que tú eres la nueva.

- Soy Helena Williams si te refieres a que soy la nueva - le dije. Borde.

- Yo soy Barbara Clarkson, la delegada de curso y presidenta del club de fans de Christopher Schoomaker.

Como si no lo supiera ya a estas alturas.

- Bien. - continuó ella sin hacer caso a mi vuelta de ojos - Como sabrás, al ser la delegada de curso tengo la obligación, a veces odiosa, de dar la bienvenida a los nuevos. Tengo que decirte que no es agradable. Supongo que lo que te tendré que decir es que tu vida aquí no vale nada. Yo soy reina y señora del internado, así que sólo vengo a advertirte de que no pretendas ser la más popular aquí, el puesto está ocupado por mí.

¿Le había entendido bien a la zorra rubia o lo que me había dicho eran sólo imaginaciones mías?

- Perdona, pero creo que el internado pertenece al director y a su familia. Y tú no eres nadie para decirme a mí que yo no valgo nada aquí, porque no eres una especie de dios ni de líder religioso, ni tampoco creo que cerrar todos los pubs de tu ciudad o acostarte con medio equipo de fútbol te de derecho a hacer eso. - le contesté.

- ¿Quién eres tú para juzgarme a mí? ¿A mí?

- La misma persona a la que juzgas tú sin motivo ninguno. Y supongo que no tenemos nada más que hablar. ¿Me equivoco?

- Sólo una última advertencia mosquita muerta. Ten cuidado con Christopher Schoomaker. Es mío. - dijo, remarcando lo de mío.

- ¿Perdona? ¿Tienes un papel que diga que es tuyo o algo por el estilo?

- Te lo advierto, déjalo en paz. Sé que te interesa.

- ¿Perdona? Quiero recordarte que él fue el que me tiró un plato de estofado por encima, yo no lo llamé.

- Sólo te digo eso, tú eliges lo que quieras hacer.

- Desde luego, no lo que me vayas a mandar tú. Y si me disculpas, ahora mismo me voy, no quiero seguir escuchando las estupideces de una gilipollas unineuronal.

Blondie Fox se quedó patidifusa en ese momento, sin saber qué contestar, mientras yo en ese momento celebraba interiormente mi victoria frente a ella.

Salí del comedor seguida de Nat. Nat seguía como en un medio estado de shock. Al salir al exterior, Nat se sentó en los escalones de la entrada.

- Natalie, ¿te pasa algo? - le pregunté.

- ¡Eres mi heroína! ¡Le has contestado mal a Blondie Fox! - dijo mientras se levantaba y empezaba a dar saltitos.

- ¡Nat! ¡Para! Además, tampoco ha sido para tanto.

- ¡Y una mierda que no ha sido para tanto! ¡A Blondie Fox le ha salido una rival!

- Se la ha buscado ella, digo yo.

- ¡Es genial, genial! - dijo ella, dando saltitos.

- ¡Nat! ¡Relájate, que son las 8 y diez todavía!

- Vale, vale, ya paro. Oye, ¿tú no querías ir a tu taquilla?

- ¡Sí! Tengo un bolso muy delicado lleno de libros que pesan mucho, así que me interesa hacerlo ya.

- Ok, pues vamos.

Nos dirigimos al edificio de las clases, entramos, y subimos por las escaleras hasta el tercer piso. Seguimos por un pasillo, pasamos una hilera de taquillas y llegamos a una que tenía una placa con mi nombre. A su lado estaba la taquilla de Nat y, para mi mayor desgracia, la de Schoomaker. Mierda. Le preguntaría luego a Nat si se podía cambiar de taquilla.

- Tu clave es tu nombre en teclas de móvil, vamos, Helena.

Puse la combinación. 435362. Fácil. Abrí la taquilla y metí dentro todos los libros excepto el de literatura, una libreta y mi estuche. Nat hizo lo mismo que yo pero en su taquilla. Cogí mi horario de clases y lo metí doblado en el estuche. No quería llegar tarde a ninguna hora. Caminamos hasta el aula 23 y entramos en clase. Charlie y Penny estaban sentadas en la fila de el medio juntas, y nos tenían reservados unos pupitres delante de ellas. Me dispuse a sentarme en mi sitio y abrí la libreta. Me extrañó no ver a Schoomaker, ya que sus amigos estaban sentados a nuestro lado. Entró la profesora Linton y todos nos callamos.

- Buenos días alumnos. Me alegro de verles otro año más y no me alegro de tener que soportarles otro año más, ya que a esta edad tienen las hormonas totalmente alteradas…

No llegó a terminar la frase, ya que de repente por la puerta entró Schoomaker seguido de una rubia bajita que se terminaba de abrochar los botones de la camisa y tenía la cara colorada. Quería portarme bien, pero no pude reprimirme.

- ¿Qué Schoomaker? ¿Un polvo mañanero para empezar con más ganas el año? - añadí. La clase no pudo reprimir una carcajada general.

- Señorita Williams, no sea ordinaria, y no empiece, que ayer ya la tuvimos.

- Pero profesora, ¡si yo estoy diciendo la verdad! ¿O no dijo uno de los que se aburrían mucho hace tropecientos mil años que no había que decir nada más que la verdad? ¡No ve usted la cara que se le ha quedado a Schoomaker!

- ¡Señorita Williams, a la próxima va usted a dirección! Y usted señor Schoomaker, ¡no le da vergüenza llegar tarde el primer día! ¿por qué ha llegado usted tarde? - le preguntó la profesora Linton.

- Es que… pues a ver… sinceramente profesora, cuando una chica que está tan buena se le acerca, ¿diría usted que no a un cuerpo así? - respondió Schoomaker.

- Y claro, el señorito no pudo controlar a su pequeño yo. Por cierto, ¿solo te fijas en el cuerpo de las chicas o miras sus otras cualidades? - añadí.

- Schoomaker y Williams, ¡a la próxima van ustedes a dirección! Y ahora, no la líen más en clase, ¡que ya llega por una mañana! Y Williams, siéntese usted al lado de Morrison, que usted peligra con la señorita Weston al lado.

- Pero profe, ¡si yo no he hecho nada! - protestó Nat.

- ¡Cállese usted señorita Weston! Y señor Schoomaker, póngase al lado de la señorita Weston.

Cogí mis cosas y las puse en el pupitre de al lado de Morrison. Era uno de los amigos de Schoomaker. En un primer momento decidí no hablarle, pero el que tomó la iniciativa fue él.

- Así que tú eres la famosa Lena Williams. - dijo, sonando de forma casual.

- Así es. Y yo debo suponer que tú eres el famoso Johnny Morrison.

- En efecto. - respondió él.

Podría decirse que Johnny Morrison era guapo. Alto, tanto que me sacaba altura incluso estando ambos sentados, corte de pelo despeinado pero que resultaba elegante de un color castaño, ojos marrones y una mirada bastante interesante.

- Supongo que debería darte la bienvenida al internado, pero creo que ya te la has dado a ti misma con lo de ayer.

- No es mi culpa si la gente es maleducada.

- No lo decía por eso. Has hecho bien en lo de bajarle los humos a Christopher, le hacía falta. - me contestó, sonriendo.

No pude reprimir una leve sonrisa. Vale, lo reconozco, Johnny me caía bien. Y no era uno de los idiotas que se me quedaban mirando con la boca abierta. Y no había intentado ligar conmigo, al menos por ahora. Cuando iba a seguir hablándole a Johnny, la profesora Linton me interrumpió.

- Señorita Williams, la he visto hablando, ¿quiere que la eche de clase? - me preguntó la profesora Linton

- Justamente ahora no, pero si eso luego. - respondí.

- Cállese y atienda Williams. ¿Por dónde iba?

- Por lo de que teníamos las hormonas alteradas profesora - dije poniendo mi carita angelical - ¿ve que cuando quiero atiendo en clase?

- Cállese Williams. Por donde iba diciendo, que este año tienen las hormonas alteradas…

- Profesora, eso es mentira, que me dijo el profesor O'Neill que las hormonas a esta edad no se nos alteran - repuso Schoomaker.

- Cállese Schoomaker. Cambiando de tema, el primer libro de este año es "Orgullo y Prejuicio". ¿Alguien sabe de que trata el libro?

- ¡Yo, profe, yo! - dijo Blondie Fox mientras levantaba la mano. - Va de una chica que la pobre tenía un gusto HORRIBLE por la ropa, y que tenía 15 hermanas…

- Por dios señorita Clarkson, ¡deje de decir burradas! ¿Por lo menos sabe cómo se llamaba la protagonista del libro? - preguntó la profesora Linton.

- Se llamaba… puf, es que ahora no me acuerdo profesora… pero yo me lo sé profesora, en serio.

Giré los ojos. Sí, al parecer Blondie Fox era más estúpida de lo que yo creía.

- Por dios, ¿alguien sabe cómo se llamaba la protagonista? A ver usted, señorita Williams, que parece que se aburre.

Linton me sorprendió en ese momento, pero le respondí rápidamente.

- La protagonista, Elizabeth Bennet, vive en el siglo XVIII con sus padres y sus cuatro hermanas, y el libro trata de un año de la vida de esa familia y de las cosas que les ocurren ese año y que les cambiarán la vida para siempre.

- ¡Muy bien! ¡Un diez para usted señorita Williams! Y conseguirá otro diez si me dice el nombre del protagonista masculino del libro.

- Fitzwilliam Darcy.

- ¡Otro diez para usted! Pues como veo que la mayoría de ustedes son unos ignorantes con respecto al libro, lo leeremos en las próximas clases, así que procuren encontrar un ejemplar. Y mañana tendrán ustedes un examen sobre toda la materia de Biología de los cursos anteriores.

- ¿Qué?

- ¿Cómo?

- ¿Cuándo?

- ¡Pero si no es materia de esta asignatura!

- Pues me da igual, y de paso se lo entregarán al profesor O'Neill y que les puntúe él. Yo me encargaré de hacer el examen, ya que el profesor O'Neill está en un curso.

Tocó el timbre y la profesora Linton salió corriendo de clase. Cogí mis cosas del pupitre y me despedí de Johnny. Él sonrió. Me reuní con las chicas en la puerta de clase. Caminamos hasta el laboratorio de química, donde nos sentamos las cuatro juntas. Después de que llegara el resto, entró la profesora.

- Buenos días chicos. Como ya sabéis, soy la profesora Turner, e imparto Química. Bien, creo que hoy es un poco pronto para mezclar, así que eso lo haremos en la próxima clase y hoy repasaremos algo de teoría y haremos unos cuantos problemas teóricos de disoluciones. Recordad que tenéis que hacerlos bien, ya que el próximo día utilizaremos los datos de los problemas.

El resto de la clase se me pasó volando, aunque en teoría era aburrida, pero con la profesora Turner era imposible aburrirse.

Al sonar el timbre, recogimos nuestras cosas y las fuimos a dejar a la taquilla. Salimos del edificio y nos encaminamos al patio que había en el jardín. En una máquina de refrescos, cogí un refresco de cola y fui a sentarme junto a las chicas. Las pillé en el medio de una conversación.

- Me parece injustísimo que nos pongan ese examen. - dijo Charlie. - Como si no hubiéramos estudiado bastante el año pasado.

- Ya te digo - contestó Penny.

- Por lo menos vosotras tenéis la materia del curso pasado… - recalqué.

- A mí no me apetece nada estudiar, y aún encima cuesta muchísimo de aprender. - repuso Nat.

- En cierta manera, deberías acordarte de algo. - le dije.

- Lena, yo el año pasado copiaba en todo. - me respondió Nat.

- ¿Y si copiamos? - propuse.

- Con Linton es muy difícil, además, ¿quién nos dejaría copiar? - dijo Charlie.

- Es cierto. Imagínate hacer las chuletas de un libro entero. Es imposible.

- Sólo tenemos una opción.

- ¿Estudiar? - preguntó Penny irónicamente.

- Robar el examen.

- ¡Estás loca! ¿Cómo piensas robar un examen?

- Eso déjamelo pensar. Pero necesito ayudas masculinas, concretamente la de vuestros amigos, y móviles. - contesté.

- ¿Cómo piensas conseguir que los chicos te ayuden? - me preguntó Charlie.

- Fácil. Se lo pediré.

- ¿Crees que nos ayudarán? - preguntó Penny.

- No les veo yo mucha pinta de estudiar. ¿Me equivoco?

- Para nada - contestó Nat.

- Creo que Kevin estudia. - dijo Penny.

- Dejando aparte el hecho de que Kevin tenga algo de sentido común, necesitamos robar ese examen. Si queremos aprobar, - y las miré a todas - tendremos que portarnos mal. Y si para eso necesitamos la ayuda de los chicos, se la pediremos.

viernes, 1 de julio de 2011

Capítulo 3:Esto no es empezar con buen pie

Desvié la mirada del chico del que no conocía el nombre y miré hacia el resto del comedor. Los demás estudiantes comían ajenos a mi mirada curiosa. Me senté con tranquilidad en la mesa y me serví un poco de estofado. Comía mirando fijamente mi plato, sin prestar atención de lo que sucedía a mí alrededor.

Nat y Charlie intentaron hacerme hablar algo, por lo que al final terminamos hablando sobre si se llevaría el azul o el rojo para este invierno. Terminé de cenar, y cuando me iba a levantar, tropecé con el chico rubio al que antes había mirado tanto (y tantísimo), al cual se le cayó la bandeja de la comida encima de mí.

Me toqué el pelo inconscientemente. Tenía trozos de patata asada y salsa de carne. Mierda.

- ¡A ver si miras por donde vas, niña imbécil!

¿Pero de qué se iba este idiota perdido? Nadie insultaba a Lena Williams. Jamás.

- ¿Qué dices? ¡Mira tú por donde vas torpe! ¡Mira cómo me has puesto! – le dije, señalando el aspecto con el que me había dejado.

- Eso te lo has buscado tú.

¿Qué? Esto desde luego no iba a quedar así. Ni de broma. Una idea brillante se cruzó por mi cabeza y entonces decidí llevarla a cabo.

- Pues a ver si ahora estás como yo – dije mientras cogía mi plato de estofado y se lo tiraba por encima.

El rubio se me quedó mirando muy pero que muy sorprendido, pero eso cambió, ya que enseguida me volvió a tirar comida y yo le respondí.

Enseguida empezó una guerra de comida que rápidamente se extendió por el comedor. Todos los alumnos empezaron a seguir nuestro ejemplo sin ninguna razón aparente. De refilón vi como Penny corría a refugiarse debajo de la mesa, mientras que Nat y Charlie tiraban comida a todas direcciones.

La guerra se interrumpió cuando entró la que parecía ser una profesora, que por cierto, llamaba la atención. Alta, con el pelo gris recogido en un regio moño, con zapatos de tacón bajos y traje chaqueta de lana verde, que intimida con sus ojos grises ocultos tras unas gafas de pasta.

En cuanto entró y nos dimos cuenta de su presencia, se hizo el silencio absoluto.

- ¿Pero qué creéis que estabais haciendo? ¿Sois de una pocilga o estáis en un internado?

Y todo el mundo seguía callado.

- A ver, ¿quiénes han hecho esto? – repitió la profesora.

- Yo – dije adelantándome – Y el señor ese que no se atreve a decir que él también empezó.

- Increíble señorita…

- Williams, Helena Williams. – le dije, interrumpiéndola.

- Ah, usted es la nueva alumna. – añadió, cayendo en la cuenta. – Yo soy la profesora Linton. Lo que decía, es increíble, acaba de llegar y ya está montando alboroto. Y usted señor Schoomaker, me parece increíble que ya esté castigado el primer día.

Espera un momento. ¿La profesora Linton acababa de llamar al rubio Schoomaker? ¿Sería el famoso amigo de las chicas?

- ¿Y ella no está castigada? – preguntó Schoomaker.

- Tampoco se libra la señorita Williams. – dijo con firmeza la profesora. – Vengan los dos inmediatamente a mi despacho y los demás paren de una santa vez, porque como los vea seguir con esto en cuanto regrese, la señorita Williams y el señor Schoomaker no serán los únicos castigados hoy. Y ustedes dos síganme.

Hicimos caso y seguimos a la profesora Linton a su despacho. Salimos del comedor y nos metimos por el pasillo derecho, el que estaba al lado de Secretaría. Pasamos cinco puertas de lado hasta llegar a una puerta, con una placa plateada con la inscripción “Profesora Margaret Linton”. Entramos en un despacho decorado en tonos verdes con miles de libros por las estanterías, fotos de antiguos alumnos y cuadros de paisajes. Linton se acomodó en una cómoda butaca detrás de un escritorio de roble y nos mandó sentarnos en dos sillas de aspecto cómodo que había enfrente de su escritorio. Desde su sitio nos dirigió una mirada severa.

- Antes de que empiecen a echarse las culpas el uno al otro, quiero saber exactamente que fue lo que ocurrió.

- ¡Este señor empezó…!

- ¡Esta chica empezó…!

- Silencio los dos. Señorita Williams, empiece.

- Yo estaba tan tranquila cenando y cuando me estaba levantando para marcharme, este señor pasó por delante y me tiró su plato encima. Y claramente, no me iba a quedar como si nada. Mire cómo me ha puesto. – le dije señalando las diversas manchas que tenía en el uniforme nuevo y la comida en el pelo.

- Ya es suficiente. Señor Schoomaker, cuente su versión.

- Pues esta chica me puso la zancadilla y yo tropecé, y claro, se me cayó la bandeja encima de ella, y ella sin ningún motivo me tiró su estofado encima.

- ¡Yo no te he puesto la zancadilla! ¡Si ni siquiera te conozco!

- ¡Sí que me la has puesto!

- ¡Silencio! Ya está bien. Los dos están castigados una semana entera…

- ¡¿UNA SEMANA?! – gritamos los dos a la vez.

- ¡Déjenme terminar! Por dios, esta juventud de hoy en día no respeta a nadie.

El rubio y yo la miramos mal.

- Como decía, estarán castigados una semana, vendrán al aula 104 todos los días después de terminar las clases y prepararán un análisis acerca de su comportamiento infantil e inmaduro que me entregarán cuando terminen sus castigos y que contará para nota de trabajo de literatura. Y por cierto, creo que esta semana las limpiadoras tendrán vacaciones en los servicios durante 3 días, ¿no creen?

- ¡¿QUÉ?! – exclamamos los dos.

- ¡Como lo oyen, y si no están contentos se van del colegio! ¿Queda claro?

- Sí profesora Linton. – contestamos los dos a la vez.

- Pues vayan a sus respectivas residencias. Les pido el favor de que no monten alboroto por el camino si no quieren que el castigo dure un mes. Buenas noches.

Nos levantamos haciendo ruido con la silla y salimos los dos al pasillo, en el caminamos en silencio. Él rompió el silencio.

- ¿Y cómo decías que te llamabas? – preguntó.

- ¡A ti que te importa idiota!

- Pues mucho. Oye, ¿no te apetece venir hasta mi habitación un rato? Lo digo para limar asperezas y eso.

- ¡Vete a la mierda un rato!

- No sin ti. ¿Me acompañas?

- ¡Que te den!

- ¡Ala que vocabulario la niña! ¿A ti no te enseñaron modales tus papis?

- ¿Y a ti no ser tan creído los tuyos? – le repliqué.

- ¡Muerde la niña!

- Solo contigo.

- ¿Y conmigo harías otras cositas? Lo digo porque conozco un sitio donde estaríamos tranquilos.

- ¡Que te den idiota unineuronal!

Me marché de su lado y salí al hall. Fui hasta la salida y caminé hasta mi residencia. Al llegar a la habitación me esperaban las chicas.

- ¿Te han castigado? – me preguntó Charlie.

- ¿Qué crees? – respondí con ironía.

- Que si. – contestó la siempre sonriente Nat.

- ¿En qué consiste tu castigo? – preguntó Penny.

- Pues una semana en la clase de los castigados y tengo, preparar un análisis de mi comportamiento "infantil e inmaduro" para dentro de una semana y oh si, se me olvidaba, limpiar los baños de las chicas durante 3 días. Desde luego, va a ser muy productivo.

- No es para tanto. – dijo Nat, con lo que la miré mal. – Solo lo de soportar a Christopher una semana. – añadió viendo mi cara.

- ¿Qué Christopher?

- Christopher Schoomaker, al que le has tirado tu estofado por encima.

- ¿Cómo? ¿El Christopher Schoomaker que según vosotras es el chico más guapo del colegio y que tiene club de fans?

- Sí, del que Barbie Clarkson es su presidenta. – me explicó Penny.

Mierda, mierda, mierda. Al final sí que era el famoso Christopher Schoomaker.

- Vamos, que al pelearte con Christopher has hecho una declaración de guerra a su club de fans y sobre todo a su presidenta Barbie Clarkson. – dijo Nat.

- ¿La he cagado? – pregunté.

- Bastante diría yo – respondió Charlie

- Dios mío.

- Pues espera a mañana. – dijo Nat.

- ¿Qué pasará mañana? – le pregunté con curiosidad.

- Ya lo verás. Créeme si te digo que llegarás a ser muy popular aquí.

- Preferiría no serlo. – respondí.

- Ahora no te queda más remedio que aguantar. Estás en el punto de mira de Barbie Clarkson, has protagonizado la mayor pelea de comida del internado junto con el chico más popular del mismo, y por si fuera poco, tu llegada al internado con minifalda y tacones.

- Dios mío.

- Relájate, sobrevivirás.

- Intentaré creérmelo. – dije mientras me dirigía de camino al baño.

Intenté relajarme, pero el agua no lograba su objetivo. Cuando estuve limpia y sin restos del estofado, me puse el pijama y me metí en la cama. Intentaba dormir, pero me era imposible.

Me rondaba en la cabeza las palabras de Kevin, “bienvenida al internado de la perdición”. ¿Qué querría decir con eso? Procuré no preocuparme por eso, tenía demasiadas cosas en la cabeza como para preocuparme por las palabras de alguien.

***

Un sonido irritante y continuo me taladraba en el oído. Entreabrí los ojos y vi que era mi enemigo, mi archinémesis, el famosísimo despertador. Lo apagué de un golpe. Me froté los ojos y lo miré. Marcaban las 7 y media. Desde luego, no podía permitirme lo de los 5 minutos más.

Con resignación me levanté de mi calentita y cómoda cama y me encaminé hacia el baño. Abrí el grifo del agua fría y me lavé la cara. Al terminar, cerré el grifo y cogí una toalla que había cerca. Miré bien mi reflejo en el espejo. No había ningún granito a la vista, mi piel estaba tan blanca como siempre y mis ojos verdes estaban enmarcados por unas leves ojeras. Tendría que disimularlas con corrector.

Cuando volví a la habitación, ellas todavía seguían en la cama, así que decidí poner la música a todo volumen para que se levantaran. Los acordes de Coldplay las terminaron de levantar, quejándose. Hice caso omiso a sus quejas y me dispuse a prepararme. Después de ponerme una camisa de rayas azules y blancas, la falda azul, medias blancas con lacitos rojos y unas bailarinas negras, me puse una diadema roja y me maquillé con sencillez. Mientras ellas se arreglaban, decidí salir afuera a mirar los buzones. Recogí el correo de todos los buzones y los separé por montones. Me sorprendió descubrir un folio que tenía una foto mía con un texto. Me dio una reacción histérica, y me puse a gritar. Las chicas salieron corriendo del baño al oír mis gritos.

- ¡¿QUÉ COÑO ES ESTO?! – pregunté histérica.

- El primer boletín del año de Fionna Catchpole. – me respondió Nat.

- ¿Quién es ella?

- Léelo.

Hola a todos mis queridos niños de St. Peter's College!

Como siempre, aquí vuelve vuestra querida Fionna Catchpole para contaros todas las novedades de nuestro querido internado.

Empezamos nuevo año, y ya sabéis que cada nuevo curso viene cargado de novedades.

¡Novedad, novedad! ¡Chica nueva en el internado! ¿Preparada para guardar tu trono de posibles intrusos, Barbie? Porque si es así, cuidadito con la nueva, esta chica viene con las uñas afiladas. Solo basta deciros que entró por la puerta principal del colegio ¡con minifalda y tacones! ¡Sin uniforme! Esta chica viene pisando fuerte y marcando territorio.

Con deciros que en su primera cena protagonizó la mayor pelea de comida de la historia del internado, y adivinar con quién lo hizo, nada más y nada menos que con ¡CHRISTOPHER SCHOOMAKER!

Y sin más dilación os presento a Helena Williams, sí, sí, la hija de Albert Williams, el director y dueño de Williams Co., la híper mega impresionante constructora. Razones por las que vino a St. Pete siguen siendo desconocidas. No me queda más remedio que hacer conjeturas…

Espero que des unos cotilleos impresionantes Helena, los alumnos de St. Pete se están comportando demasiado bien últimamente…

Hablando de ellos, últimamente Barbie no ha salido mucho en "Be Famous!" ¿Un cambio súbito de comportamiento? No lo creo. Pienso que Barbie trama algo gordo, sino no se tomaría la molestia de parecer una niña buena. Por cierto, cámbiate el tono del tinte, ese rubio oxigenado no te queda nada bien, yo diría que te asemejas bastante con cierto pajarillo de los Looney Tunes.

Que sepáis que el verano separa y une parejas. Janice Stuart y Brandon Jeffries ya no son Janice y Brandon. Al parecer, Brandon le puso los cuernos a Janice con la gemela de ésta, Janet.

Unos que se juntan son Chase Matthews y Kayla Philips. Los que el año anterior se odiaban ahora andan cogidos de la mano. Se ve que del amor al odio solo hay un paso.

Uno que abandona el barco es Julian Parker. Se ve que la archifamosísima borrachera que cogiste en la fiesta de final de verano de Allie Stevens en los Hamptons no le sentó nada bien a tus papis, sobre todo por los miles de dólares que valía ese coche que tiraste por el precipicio. Querido Julian, te deseamos suerte en la academia militar.

Y la otra que se va es Anita Pacheco. Tras un intenso romance con Greg Tate, Anita se va del internado. Lo primero de todo felicitarla por el nacimiento de Greg Jr, y esperamos que vuelvas, aunque sinceramente, no lo creo, he oído decir que ahora eres la deshonra de los Pacheco.

Y tu Christopher S., mi querido y dulce Christopher, estás irreconocible, ¿es que te vuelves más guapo cada verano que pasa? Espero que tu verano en los Hamptons te haya resultado “aprovechable”

Sin ningún cotilleo más que contaros, besos y abrazos de vuestra cotilla favorita,

Fionna Catchpole

- Así que Fionna Catchpole es la mayor cotilla de la escuela…

- Es venerada en todo el colegio, y lo mejor es que nadie sabe quién es.

- Vale. Ya descubriré yo quien es.

- Lo dudo mucho Lena. Lo dudo mucho.