lunes, 11 de noviembre de 2013

Capítulo 36: Asuntos pendientes

Han pasado dos días desde mi no charla con Chris. Sigue evitándome, y yo no sé qué hacer. Me siento confusa. Sé que en parte es culpa mía todo lo que está pasando, por el hecho de que no me hable y de que me ignore. Pero no sé cómo remediar todo esto. Soy demasiado orgullosa como para pedirle perdón por todo lo que le dije, y sobre todo por el hecho de que él no se disculpase por pasar de mí durante la semana posterior a la proposición.
Paul sigue con su coqueteo habitual. Se ha convertido en mi sombra desde la cena del día de mi llegada, y no sé cómo poder librarme de él. Chris sigue poniéndose celoso. Cuando empiezo a hablar con Paul por cualquier cosa, automáticamente él empieza a hablar con Becca para que ella le haga mimos. Es insoportable.
Las chicas insisten en seguir con el plan original de darle celos a Chris, pero no está dando resultado, porque Chris me está volviendo loca. Creo que debería cambiar de táctica, pero tampoco sé que hacer.
Como diría mi abuela Michelle, salgo de un embrollo para meterme en otro.
-          Deberías volver a hablar con él – me dice Nat por enésima vez mientras tomamos el sol en el jardín.
Los chicos están jugando al fútbol en el prado, por lo que nos hemos quedado las chicas solas. Para mi suerte y felicidad, Becca no se ha dignado en aparecer hoy por aquí.
-          Nat, ¿no ves cómo me evita? No quiere hablar conmigo.
-          Has pasado los últimos dos días diciendo lo mismo – dice Charlie tras tomar un sorbo de su limonada.
-          Y sigues como al principio – remarca Penny mientras pasa las hojas de su revista.
Genial, ninguna de mis amigas me entiende.
-          Lena, te juro que nunca he visto a personas más cabezotas que tú y mi primo. – dice Mona incorporándose de la tumbona.
-          Verdad – completan a la vez el resto.
-          Alguno de los dos tiene que ceder en esto. Si no lo hacéis, estaréis en esta situación eternamente.
-          No puedo estar así siempre. Quiero solucionar las cosas con él, pero no me lo está poniendo fácil.
-          Suerte que hoy no está ni Barbie ni Ken para molestarte. – suelta Nat entre risas.
A Becca le hemos puesto Barbie como apodo por motivos obvios. Y a Paul se lo pusimos para completar a la pareja de pesados.
-          Por cierto, hablando de Paul, ¿cómo es que no está aquí? – pregunta Charlie con curiosidad.
-          Creo que tenía que resolver algo en el pueblo. No estoy muy segura. – le respondo.
-          Jerry le ha preguntado y le ha dicho que no volverá hasta esta noche. – comenta Nat limándose las uñas.
-          Aprovecha, tienes vía libre hasta esta noche para hablar con Chris. – me sugiere Mona.
Debería hablar con él hoy mismo. Si no lo consigo esta noche, lo mejor será que vuelva a Los Ángeles y me olvide de todo esto.
-          Hablando de la noche… tenemos que hacer planes. – continúa Mona.
-          ¿No vamos a ir a la fiesta de Sarah Vanderville? – pregunto extrañada.
Sarah Vanderville, vecina de Chris en los Hamptons y conocida mía en Nueva York, va a organizar una fiesta esta noche pre cuatro de Julio, y nos ha invitado a todos los de la mansión. Las fiestas de Sarah siempre se han caracterizado por empezar tranquilas y terminar de manera desfasada. Realmente me apetece pasármelo bien esta noche y olvidarme durante unas horas de mis problemas.
-          Mañana es la fiesta de cumpleaños de Chris, y va a ser importante porque, además de ser su decimoctavo cumpleaños, es cuatro de Julio. – me responde Mona.
-          Aunque las fiestas de cumpleaños de Chris sean alucinantes, las de Sarah también lo son. Deberíamos ir y socializar un rato. Últimamente no salimos de la mansión – completa Charlie.
-          Olvidaos de la fiesta de Sarah. Esta noche va a haber tormenta – dice Chris apareciendo de repente.
Junto a él vienen el resto de los chicos. Al parecer, el partido ha durado menos de lo esperado.
-          ¿Ahora eres el hombre del tiempo? – pregunta con ironía Mona.
-          Querida Monica, llevas veraneando aquí desde hace unos cuantos años. Deberías saber que este calor no es normal.
-          Aunque llueva, podemos ir a la fiesta igual. – digo.
-          Lena, Chris tiene razón. Hoy va a llover – me responde Johnny.
-          A mí se me ocurre algo – empieza a decir Nat.
-          ¿Qué sugieres, señora MacKenzie? – le pregunta Chris con tono de burla
Nat lo mira con fastidio. Desde que todos se enteraron de la boda de Jerry y Nat, los chicos no dejan de llamarla señora MacKenzie en tono de burla.
-          Podríamos hacer un maratón de pelis por la noche. – sugiere Nat.
-          No, Star Wars otra vez no, por favor. – exclama Penny con un suspiro.
-          Penelope, ¿qué tienes en contra de una de las mejores sagas de la historia del cine? – le pregunta Jerry indignado.
-          Debo de haber visto la saga como ocho veces.
-          Porque es la mejor saga que existe, cariño. – contesta Kevin.
-          En el internado siempre veíamos Star Wars cuando no había nada interesante que hacer. – dice Penny. – Así que no vamos a ver otra vez Star Wars.
-          ¿Y Star Trek? – sugiero.
-          Si no vemos Star Wars tampoco vemos Star Trek. – dice Jerry indignado.
-          ¿La saga de Alien? – sugiere Charlie.
-          Sólo las dos primeras son buenas, el resto son horribles. – le digo.
Los chicos asienten con mi afirmación.
-          El Padrino I, II y III, entonces – dice Johnny.
-          Nada de pelis de mafiosos. – le contesta Nat.
-          ¿Y qué os parece la trilogía del Señor de los Anillos? – sugiere Mona ya exasperada por nuestra indecisión.
-          Esa está bien – le contesto. – Hace un montón que no veo esas películas.
El resto asienten complacidos, sobre todo las chicas. La historia es genial, pero en realidad todas queremos ver a Orlando Bloom haciendo el papel de Legolas, aunque ninguna lo admita abiertamente delante de los chicos.
-          Pues decidido. Esta noche vemos “El señor de los anillos”.

***
Tras la cena, empieza a llover fuertemente, y nos dirigimos a la sala de cine de la mansión. La sala está ubicada en una de las esquinas de la casa que no dan al jardín. Tiene una pantalla de cine bastante grande y quince butacas bastante grandes. En un lateral de la sala, hay una estantería con más películas juntas de las que he visto en mi vida, más de las que tiene Chris en su casa de Colorado.
Tras entrar y empezar a sentarnos, Chris se levanta y empieza a hablar:
-          Chicos, voy a la cocina a por palomitas y refrescos. ¿Alguien más viene?
Kevin, Mona y Charlie se levantan para ayudarlo y lo siguen hasta la cocina, mientras el resto terminamos de acomodarnos en las butacas. Me siento en la segunda fila entre Penny y Johnny.
-          ¿Has hablado ya con él? – me pregunta Penny.
-          Todavía no. Lo haré cuando acabe la primera película. Inventaré una excusa para que me acompañe a la cocina.
-          Dile que te acompañe a por más palomitas. Penny y yo nos las comemos.
Sonrío con la contestación de Johnny.
-          No vale que vosotros dos os comáis mis palomitas. Son mías. – protesto.
-          Si quieres que tu excusa sea creíble, tenemos que terminarnos las palomitas, y créeme querida, es un bol demasiado grande para una sola persona. – me explica Johnny.
-          De acuerdo, de acuerdo – digo levantando las manos en son de paz. – Mis palomitas son vuestras.
Johnny y Penny se chocan las manos y yo me río. Aunque estoy cómoda en la butaca, tengo algo de frío, y sé que lo voy a seguir teniendo durante toda la película. Decido ir a mi habitación a por una chaqueta o algo así.
-          Chicos, guardadme el sitio, voy a mi habitación a por una chaqueta. Y no empecéis sin mí, que os conozco. – les digo con una mirada de advertencia mientras ambos se ríen.
Salgo de la sala y me dirijo al extremo opuesto de la mansión, al ala de invitados. Entro en mi habitación, abro el armario y empiezo a buscar mi chaqueta de los Yankees. De repente, llaman a la puerta de mi habitación.
-          ¡Pasa! – grito para que entre Nat.
En el internado ya me robaba ropa, pero desde que estamos aquí, siempre viene a mi habitación a robarme las chaquetas porque ella se las ha dejado en Washington.
La puerta se abre y vuelve a cerrarse, y empiezo a hablar mientras sigo buscando en los cajones del armario. Demonios, la chaqueta no aparece.
-          Nat, por enésima vez, deja de llevar ropa tan pija cuando vayas de vacaciones y trae una sudadera en condiciones. Estás acabando con mi arsenal. – digo mientras encuentro la chaqueta y la dejo en la cama con una sonrisa triunfal.
Cuando me giro, me sorprendo al ver que no es Nat la que ha entrado en mi habitación, sino Paul.
-          Paul, ¿qué haces aquí? – pregunto extrañada.
Paul no parece el mismo de siempre. Tiene algo en su forma de mirarme que me da miedo ahora.
-          He estado esperando a que vinieras. Mucho tiempo – dice enfatizando el “mucho”. – Me he tomado esto mientras no venías.
Saca su brazo de detrás de la espalda y me enseña una botella de whisky casi vacía. Lo que me faltaba, aguantar a Paul borracho.
-          Paul, ¿qué quieres? – le pregunto mientras deja la botella encima de mi mesilla.
-          A ti – responde en todo altivo.
Me estremezco con su respuesta y retrocedo automáticamente. Paul se va acercando a mí mientras sigo retrocediendo.
-          No pongas esa cara, preciosa. ¿Acaso no conocías mis intenciones cuando empezaste a hablar conmigo? – me pregunta arrastrando las palabras.
-          Pensé que podríamos ser amigos – le miento mientras intento apartarme de él.
-          No me mientas. ¿Pensabas que no me daría cuenta de que intentabas darle celos a mi primo conmigo? – dice mientras me agarra un brazo. – ¿Me crees tan estúpido?
-          Paul, suéltame.
-          ¿Y si no quiero?
Empiezo a tener miedo, pero tengo que controlar esta situación. No puedo dejar que el miedo me gane.
-          Si no lo haces empezaré a gritar. – le respondo amenazante.
-          No hay nadie que pueda oírte. Mis tíos no están aquí. ¿Y crees que con esta tormenta, tus amigos van a oírte?
Mierda, mierda, mierda y mil veces mierda. Los chicos están demasiado lejos como para oírme. Mierda, estoy atrapada.
Paul forcejea para besarme y lo intento esquivar, pero me ha inmovilizado ambos brazos. Le pego una patada en la pierna e intento salir corriendo, pero Paul me agarra por el tobillo y me tira al suelo.
Gimo por el dolor cuando mi cabeza golpea el suelo, y esa pérdida de concentración momentánea hace que Paul se coloque encima de mí. Lo empujo con todas mis fuerzas mientras grito, pero Paul pesa demasiado como para que yo sola pueda quitármelo de encima. Paul tira de mi camiseta para intentar quitármela, y lo único que hace es rompérmela. Intento empujarlo, pero es imposible.
De repente, siento como me quitan a Paul de encima. Levanto la vista y veo a Chris pegarle un puñetazo en el estómago, mientras que Johnny le pega en la cara. Paul se defiende, pero como está borracho, sus reflejos son inexistentes, y Chris y Johnny lo están dejando inconsciente.
Finalmente, Paul cae al suelo inconsciente, no muy lejos de mi posición. Sigo hiperventilando por lo que acaba de ocurrir. Chris y Johnny se arrodillan junto a mí y me miran con cara de preocupación.
-          Lena, ¿estás bien? ¿te ha hecho algo?
Niego con la cabeza rápidamente. Los dos suspiran de alivio y me abrazan. Empiezo a llorar en ese momento. Johnny coge mi chaqueta y me la pone por encima para taparme, y Chris sigue abrazándome.
-          Tenemos que sacarte de aquí. –  me dice Chris mientras intenta que me ponga en pie.
-          ¿Y qué hacemos con él? No podemos dejarlo aquí. – exclama Johnny.
-          Chris, Johnny tiene razón. Tenemos que encerrarlo. – digo recuperando por un momento la cordura.
Johnny y Chris me miran a la vez.
-          Primero tenemos que dejarte en un lugar seguro. – insiste Chris.
-          No, Chris, Lena tiene razón. – dice Johnny intentando razonar con él – Paul puede despertar en cualquier momento, hay que encerrarlo en algún sitio.  
Chris se lo piensa durante unos instantes.
-          De acuerdo. Se me ocurre un sitio donde podemos encerrarlo.
Entre los tres cargamos a Paul, salimos de mi habitación y entramos en la habitación de Penny. Chris tantea en la pared y consigue abrir una puerta secreta. Al parecer la historia de los pasillos del servicio era cierta. Caminamos por el pasillo y bajamos al sótano, donde Chris abre una de las habitaciones. Dejamos a Paul en el medio de la habitación y Chris cierra la puerta con la llave que cuelga de la cerradura.
-          ¿Esta habitación también tiene pasillo?
-          Esta es una habitación del pánico, mi padre la mandó construir por si pasaba algo. No podrá salir de aquí hasta que vengamos a abrirle.
Asiento en silencio. Volvemos a subir por el pasillo secreto y volvemos a mi habitación. Al llegar, empiezo a llorar otra vez y los abrazo.
-          Gracias. De verdad, muchísimas gracias. No sé lo que habría pasado si no hubieseis llegado a tiempo – digo entre hipido e hipido.
-          Lo importante es que hemos llegado – dice Chris intentando calmarme.
Sigo abrazada a ellos un rato más. Johnny me suelta con cuidado y me mira.
-          Os dejo solos. Tenéis unos asuntos pendientes de los que hablar.
Asiento con lágrimas en los ojos y Johnny se marcha. Sigo abrazada a Chris mientras él me acaricia el pelo, y tras unos minutos me aparto un momento.
-          No quiero dormir aquí sola. – le digo en tono suave.
-          No te preocupes. Paul no te hará daño. Yo dormiré contigo esta noche – me contesta. Ven, vámonos de esta habitación.
-          ¿Y mis cosas?
-          No te preocupes, los chicos se encargarán de eso.
Asiento y Chris me coge de la mano y me lleva hasta la planta de arriba. Alli recorremos el pasillo hasta llegar a una puerta. Chris la abre y me conduce adentro. La habitación es enorme. La estancia principal es una sala en la que tiene sofás y una televisión de plasma enorme, y en la sala hay dos puertas más, que conducen al baño y al vestidor. La cama está cerca de la ventana, por donde se vería el jardín principal si no estuviese lloviendo ahora mismo.
Me siento en el sofá y Chris se sienta a mi lado.
-          Gracias otra vez por lo de antes. Si no hubieseis llegado a tiempo… - se me hace un nudo en la garganta y contengo el llanto.
-          Pero lo hicimos. Por suerte, no ha pasado nada grave.
-          ¿Cómo me encontrasteis?
-          Cuando salimos de la cocina, vi a Paul yendo hacia el ala de invitados mientras bebía, pero no le di mucha importancia, porque cuando bebe suele vagar por los pasillos. Al volver a la sala de cine, Johnny me preguntó si te había visto por el pasillo, y cuando le dije que no, le extrañó que tardases tanto en ir a por una chaqueta. Cuando le dije que había visto a Paul ir hacia allí, Johnny sospechó que estabas con Paul y corrimos hacia allí. En el pasillo empezamos a oír tus gritos. Abrimos la puerta y lo vimos…
Le acaricio la mano con suavidad mientras él sigue hablando.
-          No pude pensar con claridad en ese momento, pero no podía permitir que te hiciese daño. El resto es historia.
-          Vino por sorpresa. Me arrinconó contra la pared y me inmovilizó, y cuando le di una patada y conseguí tirarlo al suelo, me cogió de un tobillo y me tiró al suelo. Luego se puso encima de mí y… - me derrumbo otra vez.
Chris me abraza de nuevo y me acaricia la espalda con suavidad, mientras me besa el pelo.
-          No pienses más en ello, no te mortifiques por culpa de un malnacido.
-          Ha sido culpa mía. Si no hubiese empezado con lo de los celos…
-          Lena, no ha sido culpa tuya. Paul es un hijo de puta, y yo lo sabía, y no hice nada por impedir que te acercases a él. Es culpa mía. Si no hubiese salido corriendo de Los Ángeles y te hubiese respondido a las llamadas… Dios, nada de esto habría pasado.
Lo miro fijamente y hablo:
-          Por lo menos esto ha conseguido que hablemos.
-          Lena, no hace falta que hablemos de esto. No ahora. Acabas de vivir algo traumático.
-          Si no hablamos de esto, seguiré pensando en lo que acaba de ocurrir, y no quiero hacerlo. Por favor, hablemos.
Chris se queda callado unos segundos, y suspira antes de hablar.
-          De acuerdo. Hablemos. – dice. Hago una pausa antes de empezar a hablar.
-          Si vine hasta aquí fue para explicarte porqué te dije que no aquel día. Quería explicártelo en persona, merecías una explicación.
Chris asiente y hago una pausa antes de continuar.
-          No me lo esperaba. No me esperaba que me pidieras matrimonio tan pronto. Me pillaste por sorpresa. Me entró pánico. Por eso te dije que no tan rápido.
-          Si te hubiese preparado para ese momento, ¿habrías dicho que sí?
-          Te habría respondido lo mismo. Lo he pensado mucho durante este tiempo.
Chris parece triste, pero antes de que hable, le pido continuar.
-          Escucha. Te amo más de lo nunca pensé que podría amar a alguien. No puedo imaginarme vivir sin ti. Pero no puedo casarme contigo. – Chris pone cara de sorpresa. – Por lo menos ahora – añado rápidamente al ver su cara.
-          ¿Pero por qué no?
-          Porque somos demasiado jóvenes como para que nuestro matrimonio funcione. Apenas nos acabamos de graduar y vamos a ir a universidades distintas. Sería muy difícil que funcionase.
-          Podríamos intentarlo – dice él intentando convencerme.
-          Sabes tan bien como yo que es difícil.
-          Entonces… ¿se acabó?
-          ¡Claro que no! – exclamo. Chris suspira aliviado. – Escucha, vamos a seguir juntos. Te quiero, y tú me quieres, y no quiero que esto acabe aquí. Quiero que sigamos juntos. Pero no estoy lista para casarme. Sabes tan bien como yo que los matrimonios adolescentes no duran.
-          Mira Nat y Jerry.
-          Nat y Jerry no sirven de ejemplo. Los dos van a ir a Columbia y ya tienen alquilado un apartamento. No van a estar separados. Tú y yo sí.
-          Imagino que esa no es la única razón por la que me dices que no.
-          Imaginas bien. Las referencias de matrimonios precipitados que tengo en mente no funcionaron.
-          ¿Te refieres a tus padres?
-          Exacto. Sufrí mucho con su divorcio. Nunca conocí a dos personas que se quisieran tanto. Y mira que lo tuvieron difícil. Primero estaba lo de la diferencia de edad, veinte años no son ninguna broma. Luego, creo que se precipitaron al casarse. Yo nací sin darles tiempo a conocerse del todo. Pero lograron superar todo eso. Aunque llegó un momento que las cosas no fueron como siempre. No sé si es que mi padre se cansó de mi madre, o qué pasó entre ellos, pero mi padre engañó a mi madre.
-          El hecho de que el matrimonio de tus padres saliera mal no influye en que el nuestro – le miro suspicaz – vale, nuestro incierto matrimonio salga mal.
-          Lo sé, lo sé. Pero no estoy preparada para casarme. Quiero hacerlo, pero no ahora.
Chris apoya su frente en la mía y cierra los ojos mientras suspira. Se queda en silencio y me coge de las manos.
-          Entonces, esto significa que volvemos a estar juntos – asiento – y que nos casaremos.
-          Algún día.
-          Algún día.
Sonrío y aprovecho la cercanía para besarle rápidamente. Chris me responde al beso con entusiasmo, pero de repente se separa.
-          Espera, quiero darte una cosa.
Se levanta del sofá y va hacia su mesilla. La abre y coge una cajita. Vuelve a sentarse junto a mí y me la da. Levanto la tapa con cuidado y lo veo.
El anillo es precioso. Está formado por diamantes que se agrupan formando una especie de flor, y en el medio, está un diamante verde.
-          Sé que no es el típico anillo de compromiso, pero lo vi y pensé que era perfecto para ti. El diamante verde me recordó al color de tus ojos.
Sonrío. La elección del anillo ha sido muy romántica.
-          Es perfecto – le digo.
Chris esboza una gran sonrisa.
-          Hagamos una cosa. – sigo diciéndole. – Guarda el anillo. Cuando esté lista, te lo volveré a pedir, y entonces sabrás que ya ha llegado el momento.
-          De acuerdo – me responde él.
-          Gracias por entenderme en esto.
-          Nena, sabes que haría cualquier cosa por ti. Si tenemos que esperar, esperaremos.
Lo abrazo y lo beso lentamente. Chris me responde al beso de inmediato. Lo aparto un momento antes de que siga.
-          Siempre serás tú. Siempre.

Chris sonríe y me vuelve a besar. Pero esta vez sin interrupciones.


jueves, 31 de octubre de 2013

Capítulo 35: La mansión Schoomaker

El imbécil de mi ex novio suelta a la rubia y se acerca a nosotros, sonriendo todavía. Dios, como desearía darle un bofetón en toda la cara ahora mismo. Me mira de arriba abajo antes de hablar:
-          Vaya, esto sí que es una sorpresa. Cuando los chicos me dijeron que tenían una sorpresa para mi cumpleaños, no me imaginaba esto.
-          Sorpresa – le respondo irónica.
Nos miramos desafiantes. La tensión puede cortarse con un cuchillo. Kevin habla antes de que nos matemos el uno al otro.
-          Y bien Chris, ¿no vas a presentarnos a tu amiga?
-          Chicos, ella es Becca Montgomery. Vive en la casa más próxima a la mansión. Nos vemos todos los veranos.
-          Y en las vacaciones, Chris – le recuerda ella con voz melosa.
Hago una mueca de fastidio, a lo que Nat se ríe. Becca nos mira a todas de arriba abajo y habla:
-          Chris, ¿no vas a presentarme a tus amigas? – le pregunta ella.
-          Nat Weston, Charlie Hilton, Penny Picard y Lena Williams. – dice señalándonos respectivamente.
-          ¿Williams? ¿Cómo Industrias Williams?
-          Exacto. – le respondo borde. Estoy harta de que la gente sólo se fije en mi apellido y no en cómo soy.
Becca ignora mi tono y sigue hablando.
-          ¿Y conoces a Christopher desde hace mucho tiempo?
-          Desde septiembre.
-          Yo lo conozco de toda la vida, nos conocemos desde que éramos niños. Jugábamos juntos en verano.
-          Qué bien – digo sin mucho interés. Estoy deseando salir de aquí.
Johnny acude a mi rescate y empieza a hacerle preguntas a Becca para que me deje en paz. Nosotras nos vamos de la piscina y caminamos hacia la zona de la playa. Cuando estamos lo suficientemente lejos, estallo.
-          ¿PERO OS PARECE NORMAL? ¡HACE UNA SEMANA QUE NO NOS VEMOS Y YA TIENE A OTRA!
-          Lena, tranquila, seguro que no tienen nada – dice Penny para intentar tranquilizarme.
-          Si no lo tienen, lo tendrán en cuanto Chris se despiste un poco. La muy zorra parecía una gata en celo – le responde Nat.
Charlie y yo asentimos a la vez.
-          Yo flipo. En serio. Es gilipollas. – sigo diciendo todavía sin creérmelo mucho.
-          Lena, los tíos piensan con el pito. ¿Qué esperas? – dice Charlie.
-          ¡Es que es subnormal! ¡Pero subnormal profundo! – grito.
-          Lena, relájate, sabemos que es imbécil, gilipollas y subnormal, pero si sigues repitiéndotelo lo único que vas a conseguir es amargarte más – empieza a decir Penny.
Vale, por muy enfadada que esté ahora mismo, debo reconocer que Penny tiene razón. No puedo amargarme con esto. Tengo que pensar con claridad qué es lo que voy a hacer.
-          ¿Y ahora qué se supone que hago? En serio, ¿qué hago? Porque no tengo ni idea de lo que va a pasar. Es evidente que Chris está con otra, y yo no sé qué coño hago aquí si lo nuestro se ha acabado.
Las chicas se quedan en silencio, ninguna sabe qué decir o qué hacer en este momento. Las cuatro nos sentamos en la arena en silencio, mirando el mar.
De repente, una voz nos sobresalta.
-          ¿Qué pasa aquí? ¿Acaso estáis en un funeral? – pregunta una chica morena a la que no conozco.
Pero es evidente que mis amigas sí. Las tres se levantan de la arena y la abrazan. Me levanto y me quedo en un segundo plano.
Cuando termina la efusividad del momento, Nat se tira de mí hacia ellas con una enorme sonrisa.
-          Lena, te presento a Monica Mallory, la prima de Chris.
Mona me sonríe amistosa. Es morena, aproximadamente de mi altura y tiene la piel pálida. Lo único que me confirma el parentesco entre Chris y ella son sus ojos azules, que también tiene Beth.
-          Sólo Mona. Monica suena demasiado pijo – dice ella con una sonrisa. Me río con su comentario, tiene pinta de ser maja.
-          Yo soy Lena Williams, encantada. – le contesto.
-          Tú eres la novia de mi primo – dice ella tras darse cuenta de quién soy.
-          Era.
-          No le hagas caso, se le pasará el berrinche. – elevo las cejas sorprendida – Si realmente le has dicho que no porque sois muy jóvenes, lo comprendo.
Tiene gracia. Mona me conoce desde hace menos de cinco minutos y ya me ha calado.
-          Eres buena en esto de calar a la gente.
-          Soy observadora, eso es todo. Si realmente no quisieras a mi primo, ya te habrías marchado de aquí al enterarte de donde estabas en realidad.
En eso debo darle la razón.
-          Tu hermanastro me ha dicho que eres buena persona. Y me fío del criterio de Johnny. Si realmente todo lo que ha pasado ha sido tal cual me lo ha contado Johnny, y con lo que le he conseguido sacar a Chris, creo que mi primo no te dio la oportunidad de hablar. Así que tenemos que conseguir que habléis.
-          ¿Has pensado en algo? – le pregunta Charlie.
-          Porque nosotras estamos sin ideas. – termina Penny.
Mona nos mira a todas sorprendida.
-          ¿A ninguna de las cuatro se le ha ocurrido lo de darle celos? – pregunta ella.
-          Eso ya lo intentamos este año. – le respondo.
-          ¿Y funcionó?
Las cuatro asentimos a la vez.
-          Pensad en esto como una versión 2.0. ¿A quién utilizasteis la primera vez?
-          A Christian Valley, el ex novio de Lena. – responde Penny.
-          Necesitamos a alguien mejor. Es evidente que no podemos utilizar a ninguno de sus amigos, porque todos están pillados. Tiene que ser otro. Alguien a quien odie realmente.  – empieza a decir ella.
-          Mona, créeme si te digo que Chris odiaba a Valley. – le respondo.
-          No, tiene que ser alguien a quien odie más que a Valley. Y se me ocurre el candidato ideal.
Las cuatro guardamos silencio, expectantes.
-          Necesitamos a Paul Schoomaker.
Los gritos de las cuatro no se hacen esperar.
-          ¡¿Paul?! ¡¿Te has vuelto loca?!
-          ¡Paul es un gilipollas integral! ¡Se dará cuenta enseguida de que es una trampa!
-          ¡No se va a dar cuenta! – grito por encima de todas para que me presten atención. Las cuatro se giran en mi dirección y me miran.
-          ¿A qué te refieres con lo de que no se va a dar cuenta, Lena? – pregunta Mona cuidadosamente.
Las miro y procedo a contarles el episodio de la graduación.
-          Conocí a Paul en la graduación. Empezó a coquetear conmigo, aunque no le seguí el juego, pero él insistió. Empezó a decir que Chris no era suficiente para mí, que debía aspirar a alguien mejor. No le dejé continuar con la conversación y me marché.
-          Es perfecto. Sencillamente perfecto – empieza a decir Nat.
-          Si realmente le gustas a Paul, esto va a funcionar. – dice Charlie.
-          ¿Y eso por qué? – pregunto.
-          Lena, sabes de sobra que Chris es muy competitivo. – dice Penny.
-          Ajá. – asiento, aunque no logro comprender del todo la situación.
-          Pero lo que no sabes es que la persona con la que peor se lleva Chris en este mundo es con Paul Schoomaker. Paul está celoso de Chris porque él heredará el imperio Schoomaker. Desde niños se han llevado mal. Chris era el nieto favorito de Trip Schoomaker, y Charles su hijo favorito.
Le indico un gesto a Mona que siga.
-          Peter Schoomaker siempre hizo lo que le dio la gana, fue un chaval problemático, nunca quiso formar parte de la empresa y se largó a un campamento hippie cuando tenía dieciocho años. Allí conoció a Carrie, se casaron y ella se quedó embarazada de Paul. Vivieron allí unos cuantos años hasta que se les acabó el dinero, y tuvieron que volver con los Schoomaker.
-          El retorno del hijo pródigo, o así lo titularon en las revistas de la época. – añade Nat.
-          Paul tenía nueve años cuando pasó todo esto, y se sintió fuera de lugar siempre. No se había criado en ese ambiente de clase alta, y Polly y Trip consideraban a Chris como su único nieto hasta la llegada de Paul. Aunque lo tratan con mucho cariño, es evidente que Chris es su favorito. – termina de explicar Mona.
-          Y es evidente que Paul le tiene una envidia tremenda. – concluye Charlie.
-          Paul quiere todo lo que tiene Chris. Y estás en su lista. Para nuestra suerte – dice Mona.
-          Entonces, ¿sugieres que empiece a coquetear con Paul para darle celos a Chris? – pregunto yo.
-          Exacto. – contesta Nat con una sonrisa malvada.
-          No lo aguantará. – añade Charlie.
-          Si no se acerca a ti entonces es que mi primo es subnormal. – concluye Mona.
-          Pues manos a la obra. La operación Schoomaker comienza. – anuncio yo para el deleite de todas.

***
Horas después, nos marchamos a nuestras habitaciones para arreglarnos para la cena. Cuando termino, entro en la habitación de Nat para hablar con ella. Durante todo el día he notado que está algo rara, pero no tengo ni idea del porqué.
Ella se está peinando frente al espejo, y cuando me ve sonríe. Me siento en la cama y empiezo a hablar con voz suave.
-          ¿Pasa algo, Lena?
-          Tengo que hablar contigo.
-          Cuéntame. Soy toda oídos.
-          Sé que me estás ocultando algo.
Nat para de repente y se gira para mirarme.
-          Lena, no pasa nada. No te estoy ocultando nada.
-          Natalie… Llevas todo el día con algo raro entre manos. Y no me digas que me estoy imaginando cosas. Sé que te pasa algo. Eres mi mejor amiga, noto cuando ocurre algo.
Nat suspira y se dirige hacia su mesilla. Abre el cajón y saca algo de allí. Lo guarda en la mano, y cuando se sienta enfrente de mí, me lo enseña. Es una cadena de plata fina, que no tendría nada de especial de no ser porque lleva un anillo colgando.
La miro sorprendida, y alterno la mirada del anillo a su cara.
-          Pensaba contártelo más adelante. No me parecía adecuado contártelo después de lo de la proposición.
-          Pero, pero… Es maravilloso. – le digo cuando la abrazo. – ¿Cuándo te has casado?
-          Hace casi tres semanas. Por eso volvimos juntos de Colorado. Fue la luna de miel.
-          ¿Y cómo te lo propuso?
-          Fuimos hasta el Gran Cañón. Jerry dijo que era la última vez que lo iba a ver en mucho tiempo, así que me convenció para ir hasta allí. Cuando estábamos allí, se arrodilló y me lo pidió.
Miro el anillo. Es precioso. Es un corazón con una corona encima, y dos manos que lo sujetan.
-          Es el anillo de Claddagh que le regaló Gerry MacKenzie a Rose cuando le pidió matrimonio.
-          Es precioso Nat, en serio.
-          Nos casamos en Las Vegas. Sé que suena a chiché, pero fue muy romántico. Sólo nosotros dos, y los testigos. Sólo pudimos llamar a Penny y Kev. El resto teníais vuestros propios problemas
-          Tenías que habérmelo contado.
-          Y lo iba a hacer. Pero más adelante. Ni siquiera lo saben mis padres.
-          ¿Tus padres no lo saben?
-          Es mejor que no lo sepan por ahora. No lo van a aceptar.
-          Sois demasiado jóvenes.
-          Lo sé.
-          Y va a ser duro estar separados.
-          Jerry ha decidido no estudiar en Chicago. Prefiere venir conmigo a Columbia para no separarnos.
-          Eso está bien, pero creo que os habéis precipitado. Aun sois muy jóvenes, y si realmente os queréis, deberíais haber esperado un poco más para dar este paso.
Nat se sienta a mi lado y suspira antes de hablar.
-          Sé que será difícil. Tenemos dieciocho años, aún estamos empezando nuestras vidas como adultos y tenemos toda la vida por delante. Pero créeme si te digo que no me arrepiento de haberme casado. Cuando encuentras a esa persona con la que quieres pasar el resto de tu vida, lo demás no importa en absoluto. Jerry es esa persona, estoy muy segura de ello, y quiero pasar el resto de mi vida con él. Cuando me quedé embarazada, Jerry me dijo que nos casaríamos en cuanto nos graduáramos. Sé que me quiere, pero en ese momento pensé que lo hacía por el bebé. Pero aborté, y Jerry me lo pidió de todas formas. Sé que las cosas deberían haber sido diferentes, pero me encanta el resultado de todo. Ahora mismo soy feliz, y eso es lo que importa.
La miro en silencio, dejándola continuar.
-          Y voy a darte un consejo. Si estás enamorada de Chris, házselo saber. Explícale que le has dicho que no por el tema de que sois muy jóvenes, pero dile que lo quieres. Si quieres pasar el resto de tu vida con él, díselo. Certezas como esa sólo se tienen una vez en la vida, no dejes pasar esta.
 La abrazo en silencio.
-          Gracias por tu consejo.
-          Para algo están las mejores amigas – me contesta devolviéndome el abrazo.

***
La hora de la cena llega enseguida. Después de una ducha, me cambio y me pongo mi vestido de verano favorito, uno blanco con flores y sandalias planas. Charlie pasa a recogerme a la habitación para guiarme por los pasillos de la mansión. Al terminar un gran pasillo, abrimos una puerta que da a una especie de comedor.
Las paredes del comedor estaban totalmente hechas de cristal, haciendo la forma de un cenador. Había una mesa de madera grande en el medio de la habitación como para doce personas, rodeada de sillas de madera. La habitación estaba decorada en estilo rústico, resultaba bastante acogedora y hacía contraste con la pared de cristal.
-          ¡Por fin aparecéis! – exclama Nat cuando Charlie y yo aparecemos por la puerta.
Somos las últimas en llegar. Nat está sentada en uno de los lados de la mesa junto con Jerry, Penny y Kev. Al lado de Kevin, está una de las cabeceras de la mesa, se sienta Paul Schoomaker. En la cabecera contraria está Chris, y a su lado se sienta Becca. Los únicos asientos que quedan libres son uno que está al lado de Becca y otro al lado de Paul, ya que Mona y Charlie ocupan los dos del medio. Pienso en lo que me han dicho las chicas por la mañana, y me decido a ejecutar el plan. Me siento al lado de Paul, que sonríe de satisfacción al verme.
-          Vaya, vaya. Esto sí que no lo esperaba. Lena Williams sentándose a mi lado en la cena.
-          Si la compañía es interesante… – le digo con suavidad. Paul vuelve a sonreír.
-          Supongo que las cosas han cambiado desde tu graduación, ¿me equivoco?
-          Digamos que antes de la graduación era yo la que estaba equivocada.
Paul baraja el significado de mis palabras, y vuelve a hablar.
-          Entonces ahora nos entendemos bien. Y dime Lena, ¿qué haces por aquí si ya no tienes nada con mi primo?
-          ¿Quién se niega a aceptar unas vacaciones gratis? Sobre todo siendo aquí.
-          Espero que estés disfrutando.
-          He llegado hoy, ni siquiera me ha dado tiempo a ver la mansión.
-          Si quieres, yo puedo enseñártela.
Paul me sonríe y yo desvío la mirada, sonriendo. Me fijo en que Chris ha dejado de coquetear con Becca y nos mira con cara de odio. Lo ha oído. Decido ignorarlo y le contesto a Paul:
-          Estaré encantada de verla contigo.
-          Me alegra oír eso.
Le sonrío de nuevo. Paul se acerca un poco más a mí y vuelve a hablarme:
-          Y dime Lena, ¿qué vas a hacer en septiembre?
-          Iré a Yale a estudiar arquitectura.
-          Interesante. Entonces podrás apreciar mejor los detalles de la casa.
-          ¿Y tú a qué te dedicas?
-          Estoy estudiando derecho en Brown. Harvard es demasiado pijo para mí.
Chris resopla. Esto se pone interesante.
-          ¿Y qué quieres hacer cuando te gradúes?
-          Supongo que trabajaré para la empresa, no lo sé todavía. También me gustaría tomarme un año sabático, viajar por el extranjero… No lo sé. Pero primero terminaré esto.
La cena continúa con tranquilidad, o al menos por mi zona de la mesa. Sigo hablando con Paul durante toda la cena, mientras que Chris permanece callado y retraído, aunque lo ignoro.
Después, Paul me lleva de visita por la mansión. La casa tiene forma de U, y la zona donde estamos nosotros es uno de los picos de la U, el ala de invitados. En la planta baja están el comedor principal, el antiguo salón de baile (ahora cerrado), las cocinas principales de la casa, un gran salón con vistas a todo el jardín, el comedor donde habíamos cenado (que Paul llamó el comedor de verano), pequeñas salitas de estar, un gimnasio, una sala de música y una sala de cine con quince butacas.
En el vestíbulo había una gran escalinata que comunica con la planta de arriba, donde están las habitaciones de la familia, la zona de los invitados y algunas salas. El salón de la planta baja daba a una terraza, y de esa terraza salían unas escaleras que comunicaban con el jardín, donde estaba la piscina.
Parte de las habitaciones de la casa están cerradas. Antiguamente, cuando en la mansión vivían los tatarabuelos de los Schoomaker, toda la mansión estaba habilitada. En el sótano se encontraba la cocina y el comedor de los sirvientes, y ellos vivían en la buhardilla. Actualmente, los sirvientes de la casa vivían en el pico de la U contrario al ala de invitados. El sótano se había clausurado, y en la buhardilla sólo se guardaban trastos, aunque las habitaciones de los antiguos sirvientes seguían allí, abandonadas.
Paul me había contado que todavía existían las escaleras de servicio que comunican la zona de servicio con la mansión, pero están escondidas, y no es fácil encontrar las puertas secretas.
La biblioteca es la habitación más impresionante de la casa. Los dos pisos de la mansión se unen ahí. La parte de abajo está decorada con sillones y sofás, además de alguna mesa con sillas alrededor. En la parte de arriba sólo hay una barandilla que rodea todas las estanterías, y que comunica con la parte de abajo con una escalera.
Después de todo el recorrido, Paul me deja en mi habitación.
-          Supongo que esto es todo por hoy.
Se acerca más a mí y hace ademán de besarme, pero le aparto la cara.
-          Todavía es muy pronto, Paul – le digo.
Se aparta y suspira.
-          No tardarás en pedirme que lo haga. Buenas noches, Helena. – dice marchándose.
Entro en la habitación y me tiro sobre la cama. Hoy ha sido un día muy largo.
De repente, oigo golpes en mi puerta. Extrañada, me levanto y abro la puerta. Lo que menos esperaba encontrarme en este momento es a un Chris furioso.
-          ¿Se puede saber qué coño hacías con mi primo? – pregunta entrando en la habitación y cerrando la puerta tras él.
-          No creo que te importe mucho lo que haga o no haga con tu primo. – le respondo con indiferencia mientras abro el armario para no verle.
-          Te equivocas, Williams. – dice él cerrando la puerta del armario y colocándose frente a mí.
-          No te tiene que importar. Es mi vida y hago lo que me da la gana. – le respondo cabreada.
-          Estás siendo infantil. – dice él moderando la voz.
-          ¡¿Infantil?! ¿Yo? Te recuerdo que te largaste y me dijiste que habíamos terminado, sin dejarme darte ninguna explicación. Llego aquí para arreglarlo todo y te encuentro tonteando con una Barbie unineuronal cuando sólo ha pasado una semana desde que me has pedido matrimonio. Dime, ¿quién es el infantil aquí? – le recrimino yo mientras él pone un gesto de sorpresa con mis palabras.
Chris se queda callado, pero me vuelve a mirar fijamente, sigue enfadado.
-          No quiero que estés con Paul.
-          Pues me da igual lo que quieras o no. Sinceramente, ya no es asunto tuyo.
Chris me vuelve a mirar dolido, se gira y sale de la habitación dando un portazo. Genial, lo que me faltaba.