viernes, 6 de julio de 2012

Capítulo 29: La petición de Blondie Fox


Al día siguiente, lo único que deseaba hacer en ese momento era morirme, resucitar y volver a morir otra vez. En serio, nunca volvería a beber tanto. Nunca. Lo peor de todo era que no me acordaba de nada de lo que había pasado a partir de que habíamos comprado los vestidos. Y eso era preocupante.
El ambiente que reinaba en esos momentos en la habitación era la imagen de nuestras respectivas resacas. Charlie estaba en la cama con un bote de pastillas al lado, Nat ni siquiera se levantaba y Penny se había encerrado en el baño. 
En definitiva, las cuatro estábamos para el arrastre. Pero lo que provocó un gemido colectivo fue que aporrearan a la puerta en ese momento, y que aparecieran nuestros cuatro novios en la habitación sin pedir permiso para entrar.
-          ¡Buenos días monadas! – gritó Jerry con su típica alegría mañanera.
-          ¡Muérete! – le gritamos Charlie y yo a la vez, sin salir de la cama.
-          ¡Buenos días cariño! – le contestó Nat levantándose de la cama, con un aparente perfecto estado.
-          Nat, ¿por qué tú estás fenomenal y nosotras estamos para el arrastre? – le pregunté al incorporarme, con ayuda de Chris.
-          Además de por el hecho de que soy novia de un irlandés...
-          Eso no cuenta. – cortó Charlie.
-          Pues resulta que ninguna de vosotras tres sabe aguantar el alcohol. – concluyó con una sonrisa triunfal.
Y era cierto. Nat era la que mejor aguantaba de nosotras cuatro.
-          ¿Cómo te encuentras? – me dijo Chris apartándome un mechón de la frente.
-          He estado mejor, créeme. Lo peor de todo es que no me acuerdo de nada. . admití.
-          ¿En serio no recuerdas nada? – me preguntó preocupado.
-          Lo último que recuerdo es que compramos los vestidos. ¿Tú sabes algo? – le pregunté.
-          Lena, fue Chris el que vino  a recogernos. – respondió Nat.
-          ¿En serio? – le pregunté.
-          Lena, prefiero no imaginarme lo que habría pasado si no hubiese llegado a tiempo. – me dijo.
-          Por favor, ahórrame los detalles de anoche. – le pedí, rezando para que no les hubiese contado nada a los chicos.
-          ¿Estás de broma Lena? – preguntó Johnny – Ni siquiera nos los ha contado a nosotros, y queremos saberlos.
-          ¡Detalles, detalles, detalles! – se pusieron a corear Kevin y Jerry.
-          De acuerdo, de acuerdo. Lo contaré todo. – dijo Chris, zafándose de los chicos, que se habían sentado a su lado, quitándome el sitio. – Pero será mejor que empecéis vosotras.
-          Pues nosotras nos fuimos de compras… - empezó Penny.
-          Penny, eso ya lo sabemos. – le cortó Kevin. – Cuenta los detalles interesantes.
-          Nos echaron de varias tiendas por el escándalo que estaba armando Nat. – dijo Charlie, mientras miraba mal a la rubia.
-          En mi defensa, quiero decir que al final acertamos con la boutique de Mary.
-          Vale, vale. Puede que acertáramos con la boutique de Mary. Pero eso no borra el hecho de que nos echaran de esas tiendas. – dijo Charlie.
-          Sabía que los vestidos que había en esas tiendas no os iban a gustar. Al fin y al cabo, son vestidos de centro comercial. Así que provoqué que nos echaran.
-          Nat, con haber sugerido visitar la tienda de Mary habría bastado. – le dije.
-          Puede, pero no nos lo habríamos pasado tan bien. – reconoció ella.
Vale, tenía que darle la razón en eso. El día de la prueba de los vestidos sería memorable.
-          Vale, repasemos. Os echaron de varias tiendas. – empezó a decir Kevin.
-          De tres, concretamente. – interrumpió Penny.
-          Corrijo, os echaron de tres tiendas. Fuisteis a la boutique de la tal Mary y…
-          Nos compramos los vestidos. – concluí.
-          Entonces, ¿cómo acabasteis tan borrachas? – preguntó Jerry.
-          A ver, nos compramos los vestidos por turnos, y mientras una estaba en el probador, las otras nos hartábamos de beber champagne y comer bombones. – admitió Charlie.
Los chicos soltaron un “Ahhhh” de comprensión a la vez.
-          Y como cuando terminamos ya era algo tarde, pero no lo suficiente como para volver al internado… – empecé.
-          Y llevábamos varias copas encima… – continuó Charlie.
-          Nos fuimos a celebrar que ya teníamos nuestros vestidos de graduación… – siguió Penny.
-          Y a seguir bebiendo champagne… – admitió Nat entre risas.
-          Y así fue como las encontré. En un bar con temática de los años 80, bailando como en una despedida de soltera. – terminó Chris.
-          ¿Sólo eso? – preguntó Johnny.
-          Lo mejor fue lo del coche. Ahora me hace gracia, pero ayer no.
-          ¿Qué pasó en el coche, Chris? – le pregunté con tono de preocupación.
-          Cuando os vi, pensé que la única que estaba borracha era Nat, pero cuando se pusieron a imitar a Christina Aguilera y Charlie sacó una botella de champagne que habían robado del bolso, supe que el único sobrio del coche era yo.
Me quedé en silencio, avergonzada, intentando imitar la postura del avestruz cuando quiere esconderse, enterrando la cabeza en la tierra. Solo que yo escondí la cabeza entre mis piernas.
-          ¿De verdad robamos una botella de champagne? – pregunté.
-          En realidad fue Charlie. – dijo Nat.
-          Guau. Soy una ladrona. – respondió Charlie sin creérselo demasiado.
-          Pues tampoco es para tanto – dijo Jerry. – Me esperaba que hubiesen hecho un striptease en el bar, o algo así… ¡Ay! ¿Por qué habéis hecho eso? – preguntó él después de que Penny y Charlie le pegaran dos collejas.
-          ¡Por idiota! – le gritaron las dos, provocando las risas de los demás.
-          De todas maneras, cuando llegasteis a la habitación, todavía queríais continuar la fiesta, animadas por Jerry.
Todas miramos mal a Jerry, que inmediatamente se puso detrás de Kevin para protegerse.
-          Las que queríais ir de fiesta erais vosotras, y a mí también me apetecía.
-          En fin, nunca cambiará – dijo Nat algo pesarosa.
-          De todas maneras, Lena también quería continuar con la fiesta. – añadió Chris.
-          ¿En serio? – pregunté.
-          Pero en privado cariño. – me respondió.
Todos se empezaron a reír de mí, provocando que me pusiera roja.
-          No vuelvo a beber alcohol. – prometí.
-          Eso no te lo crees ni tú – dijo Nat riéndose.
-          Vale, rectifico: no volveré a pasarme con el alcohol.
-          Lo único que saco en conclusión de todo esto es que se confirma mi teoría – dijo Jerry algo pensativo.
-          ¿De qué teoría hablas, cariño?
-          La que afirma que desde que Chris está con Lena, está más atontado que de costumbre.
-          ¿Y eso por qué? – le preguntó Chris.
-          Pongamos un ejemplo: si Nat me viniese a ofrecer sexo, aunque estuviese borracha, lo aceptaría. ¿Vosotros no haríais lo mismo?
-          ¡NO! – le contestamos todos a la vez.
-          Déjalos cariño, aquí todos son unos caballeros – le contestó Nat.
-          En fin, a lo que íbamos… - empezó a decir Charlie, pero la interrumpió el sonido del móvil de Nat.
-          Esperad, tengo que contestar – dijo la rubia yendo a un lado de la habitación.
Todos estábamos en silencio, oyendo sólo las respuestas de Nat, que consistían en unos cuantos “sí” y “ajá”.
-          De acuerdo, déjanos media hora y ya bajamos. Hasta ahora. – dijo Nat despidiéndose.
-          ¿Quién era Nat? – le preguntó Charlie.
-          Kelly Preston.
-          ¿La lacaya de Blondie Fox? – preguntó Jerry.
-          Exacto. Me llamaba para decirme que Blondie Fox solicita audiencia contigo, Lena.
-          ¿Conmigo? ¿Y eso por qué? – le pregunté.
-          Eres la reina del internado. Y solicita audiencia porque quiere que soluciones algo.
-          ¿El qué?
-          No me lo ha dicho, pero creo que es importante. Además, Kelly me ha dicho que están el resto de las chicas del internado en la sala común.
-          Entonces sí que es importante. – añadió Penny con algo de preocupación.
-          Pues allá vamos – dije.
Durante la siguiente media hora procedimos a adecentarnos. Para no ir demasiado arreglada pero ir mona, me puse mis vaqueros preferidos, una blusa de gasa en color negro y mis bailarinas favoritas, unas negras con tachuelas doradas.
Al bajar a la sala común, vimos que estaba llena. Todo el personal femenino del internado se encontraba allí sentado, ya que la sala era lo bastante grande para que cupiésemos todas. Las chicas se sentaron a mi lado, y yo me senté en un taburete alto, esperando a que se acercase Blondie Fox.
Blondie Fox estaba irreconocible. Yo siempre la había visto arreglada, y ahora que la veía en vaqueros y sudadera grande, me chocaba. Se paró frente a mí y empezó a hablar:
-          En circunstancias normales te ignoraría, ya que me has robado el puesto y el novio. Pero no estoy aquí por eso – añadió rápidamente al ver que iba a protestar – Estoy aquí por otra cosa.
-          Habla Barbara. Todas te escuchamos.
-          Estoy embarazada.
-          ¿QUÉEEEEE? – gritamos las chicas y yo a la vez.
-          ¿No lo sabías? – me preguntó.
-          Para nada. Me acabo de enterar.
-          Pues ya lo sabe todo el internado. Y se supone que era un secreto.
-          ¿Y cómo se han enterado? – le pregunté.
-          Estaba en mi habitación con Katy y Kelly, y les estaba contando la noticia, cuando de repente oí que alguien cerraba la puerta de la habitación de repente, ya que estaba entreabierta. Ese alguien debió de oír toda la conversación, y debió de mandarle un correo a Fionna Catchpole, o puede que fuese la propia Fionna Catchpole quien lo oyera.
-          ¿Y qué quieres que haga, Barbara?
-          Quiero que descubras quién es Fionna Catchpole.
Se oyeron grititos de sorpresa por toda la sala. ¿En serio pretendía Blondie Fox que yo averiguase quién era la misteriosa Fionna Catchpole?
-          Barbara, lo que me estás pidiendo es imposible.
-          Antes era imposible, porque Fionna publicaba su boletín en papel, pero ahora que lo hace por internet, es mucho más fácil.
-          Y todas queremos saber quién es Fionna – contestó una alumna que debía de tener dos años menos que yo. – Ha publicado cosas que han hecho daño a la gente. Incluso ha provocado cosas sobre ti. – me dijo.
Y era cierto. Lo último que había publicado y que me había hecho daño de verdad había sido la noticia que insinuaba que yo estaba liada con Fred Hilton.
-          Vale, tienes razón…
-          Valery, me llamo Valery.
-          Pues Valery, tengo que darte la razón. He tenido algunos problemas por las cosas que ha escrito Fionna, pero yo no quiero vengarme.
-          Pero el resto del internado sí – contestó Valery, provocando el asentimiento general.
-          Valery, frente a los rumores hay que decir la verdad. Si cada una de las que estamos aquí no nos escondiéramos de las opiniones del resto de la gente, sino que les plantáramos cara, al resto de la gente no le importaría nuestra vida. Y eso es lo que hay que hacer. Si cada una de las que estamos aquí ignora lo que escribe Fionna sobre ella, provocaría que Fionna se cansase y dejase de escribir.
Mis palabras provocaron el asentimiento general.
-          Si no hay nada más que contar, se acaba aquí la reunión.
Blondie Fox se marchó de la sala común indignada. Como todo el mundo guardaba silencio, decidí que la reunión había terminado. Me levanté del taburete y mis amigas me siguieron. Pero, al pasar por delante del baño del pasillo, tuve una corazonada.
-          Esperadme arriba, tengo que ir al baño un momento.
Una vez que perdí de vista a las chicas, me metí en el baño, donde me encontré frente a frente con Blondie Fox, que lloraba sentada en el suelo.
-          Barbara… – empecé.
-          Si vas a reírte de mí como hace el resto del internado, vete. Ya tengo suficiente con las burlas de los demás como para soportar las tuyas. – me contestó ella llorando.
-          Barbara, no he venido aquí para burlarme de ti.
-          ¡Pues todo el mundo lo hace! Mirad a Barbie Clarkson, la que fue la reina del internado, y ahora será la próxima madre adolescente del internado. – dijo ella llorando con más fuerza, por lo que esperé a que se calmase para contestar.
-          Barbara, sigues siendo la misma persona. Lo único que cambia es que dentro de unos meses tendrás un bebé. Vengo a ayudarte.
-          Lo único a lo que vienes es a compadecerte de mí.
-          No vengo a eso.
-          Déjame en paz. No vas a averiguar quién es Fionna, así que vete.
-          Voy a ayudarte a descubrir la verdadera identidad de Fionna.
-          ¿Es en serio? – preguntó ella, sin creérselo demasiado.
-          Claro que sí, yo también tengo curiosidad por saber quién es la famosa Fionna Catchpole.
-          ¿Y cómo lo vas a conseguir?
-          Eso corre de mi cuenta.
***

-          ¡¿QUÉEEEEEEEEEE?! – gritó Nat cuando solté la noticia bomba.
-          Lo que has oído. – respondió Charlie con ironía.
-          ¡No, definitivamente me niego! – continuó Nat a lo suyo.
-          Pero Nat… – empecé.
-          Lena, si digo que no es que no.
-          Sólo reconsidéralo por un momento.
-          Está bien Lena, voy a reconsiderar la situación: me estás pidiendo que ayude a una zorra que se acostó con tu novio…
-          Todavía no era mi novio. – le dije interrumpiéndola.
-          Como sea. Te recuerdo que te declaró la guerra el primer día que pisaste el internado.
-          ¿Y qué? No puedo odiarla siempre. Además, está embarazada. A mí me da pena.
-          Lena, quita el hecho de que está embarazada. – añadió Nat. – Yo también lo estuve y nadie me ayudó.
-          Pero tú no vas a ser madre adolescente, y podrás ir a la Universidad y todo eso. Ella no.
Nat calló ante mis palabras. Todavía le dolía el recuerdo de su embarazo, no le gustaba hablar de ese tema.
-          Nat, sólo imagina por un momento que lo que le está pasando a Blondie Fox te hubiese pasado a ti. – empecé a decirle.
-          Es el mismo caso. – dijo ella con resentimiento.
-          No Nat, esto es diferente, completamente diferente. – le contestó Charlie.
-          Todo el mundo se burla de ella ahora, y nadie la apoya, ni siquiera sus lacayas... – le empezó a decir Penny. – Tú nos tenías a nosotras. Y a Jerry, que reconoció al bebé, te prometió que iba a estar contigo, y te apoyó en todo.
-          Jerry ha sido quien me ayudó a superar todo. Al fin y al cabo, también era su hijo. – admitió Nat.
-          Pues ya me gustaría saber si Brandon Jeffries apoya a Blondie Fox de la misma manera que Jerry lo hizo contigo. – le respondió Penny.
-          Quién sabe… – dijo Charlie.
-          Pues por eso deberíamos ayudar a Blondie Fox. – añadí.
Nat me miró pensativa durante unos segundos, para contestar:
-          De acuerdo, ayudaré a Blondie Fox.
-          ¡Bien! – grité, al mismo tiempo que la abrazaba.
-          Pero una vez que esto acabe, no pienso hablar con ella.
-          Eso ya es cosa tuya. – le dije. – Por cierto, ¿se te ocurre algo para descubrir a Fionna?
-          Tengo algo en mente. Pero necesito que esté presente todo el internado.
-          ¿Qué os parece si lo hacemos en una fiesta? – sugirió Penny.
-          ¿Y en cuál? – preguntó Charlie.
-          ¿La graduación? – sugirió Nat esta vez.
-          No, la ceremonia de la graduación es sagrada. Además, es nuestra graduación. Si fuera la de otros, pues la sabotearíamos, pero siendo la nuestra, pues no. – contesté.
-          ¿Y el baile de graduación? – dijo Charlie.
-          Más de lo mismo. Además, tendría que ser en una fiesta donde no hubiera profesores. Por lo menos para poder hacer lo que tengo en mente. – explicó Nat.
-          ¿Y si lo hacemos en cualquier fiesta en el gimnasio? – sugerí.
-          ¿Y qué tal en tu fiesta de cumpleaños?
-          Charlie, ¿de qué fiesta de cumpleaños hablas?
-          De la tuya tonta.
-          Charlie, me acabo de enterar de que tengo una fiesta de cumpleaños.
-          Normal, se me acaba de ocurrir. – admitió ella encogiéndose de hombros – Pero reconoce que es una buena idea.
-          Lo es – dijeron Nat y Penny a la vez.
Tendrás la mejor fiesta de cumpleaños que se recuerde en el internado. Porque, créeme, esta fiesta será recordada durante muchos años.



sábado, 5 de mayo de 2012

Capítulo 28: Vestidos y champagne


Vestidos y champagne

Dos días después de la boda, con mi madre ya convertida en la nueva señora Morrison y con la noticia de que sería madre en aproximadamente seis meses, volvimos al internado para retomar nuestra rutina.
El siguiente mes y medio pasó como un rayo de luz, rápido y luminoso. Tras varios exámenes, llegó un momento en que el curso ya casi se había acabado. Y como cada curso que se acaba, llegan las tradiciones de final de curso, y con ellas, el tradicional baile de graduación.
Y por eso las chicas y yo nos fuimos de compras para encontrar nuestros vestidos perfectos para el baile:
-          No me gusta ninguno – dijo Charlie mirando un perchero lleno de vestidos de graduación.
-          Charlie, ¿qué les pasa a los vestidos esta vez? – preguntó Nat.
Charlie ya había rechazado cuatro percheros llenos de vestidos preciosos, y ya empezaba a exasperarnos.
-          Son demasiado…
-          ¿Rosas? – aventuré yo.
-          Eso mismo. Son demasiado rosas.
-          Charlie, ¿qué tienes en contra del rosa? – le preguntó Penny.
-          No me gusta el rosa. Es demasiado clasista.
-          ¿Clasista? – preguntamos las tres a la vez.
-          El rosa es clasista, sólo se reserva para las chicas.
-          Char, eso tampoco es tan cierto.
-          Lenny, cuando nace un bebé y es una niña, ¿de qué color es la ropa que le regalan?
-          Rosa – admitimos las tres a la vez con un suspiro de resignación.
-          Pues eso, el rosa no me gusta.
-          Charlie, los otros vestidos no eran rosas.
-          Nat, ya sé que los otros vestidos no eran rosas… El problema es que no quiero comprarme un vestido para la graduación.
-          ¿CÓMO QUE NO QUIERES COMPRARTE UN VESTIDO? – gritó Nat, haciendo que las dependientas de la tienda la mandaran callar. – ¡Eh, que me voy a comprar un vestido, si quiero gritar pues grito!
Las dependientas miraron mal a Nat, que les hizo caso omiso y siguió mirando furibunda a Charlie.
-          Nat, se te está pegando lo del mal humor irlandés de Jerry.
-          ¡No estoy de mal humor! Sólo le grito a Charlie.
-          Nat, parece que has salido de un pueblo perdido en el medio de Irlanda en vez de Washington.
Nat nos miró mal a Penny y a mí, que estallamos en risas.
-          Tienes exactamente cinco segundos para explicarme eso. – le dijo Nat a nuestra amiga pelirroja, intentando ponerse seria.
-          Nat, no quiero comprarme un vestido de graduación… – empezó Charlie.
-          Bueno mujer, pues entonces llevas algunos de los que ya tienes…
-          Nat, no quiero graduarme. – terminó Charlie
-          ¡¿CÓMO QUE NO QUIERES GRADUARTE?! – volvió a gritar Nat.
-          Por favor señorita, si vuelve a gritar le rogamos que abandone la tienda. – le dijo una dependienta a Natalie.
-          ¡Pero me voy a comprar un vestido! ¡No puedes echarme!
-          A la próxima se va usted fuera. – dijo la dependienta volviendo a su lugar habitual.
-          Por dios, esta tía parece prima de Blondie Fox. En fin, ¿por dónde íbamos?
-          Por lo de que Charlie no se quiere graduar. – le informé.
-          Ah, pues eso. A ver Charlotte, ¿por qué motivo no quieres graduarte?
-          Porque si me gradúo, significa que esto se acaba. Y no quiero que esto se acabe – dijo Charlie poniéndose triste.
-          Oh Charlie – le dijo Penny mientras la abrazaba, abrazo al que nos sumamos todas. – No te pongas triste, que vamos a seguir viéndonos.
-          Claro, eso lo decís ahora, pero luego cuando estemos cada una en una universidad distinta…
-          Char, nos vamos a seguir viendo. Por lo menos vamos a estar en el mismo país.
-          Vale, en ese sentido tienes razón.  Pero os voy a echar de menos a todas.
-          ¡Y nosotras a ti bombón de cereza! – le gritó Nat.
-          Señorita, ya la he avisado, le ruego que abandone la tienda.
-          ¡Pero si estoy dispuesta a gastar diez mil pavos en el vestido! – gritó Nat de nuevo, provocando nuestras carcajadas.
-          Por favor, abandone la tienda. – le dijo la dependienta haciendo un gesto hacia la puerta.
Las tres seguimos riéndonos mientras salíamos corriendo de la tienda.
-          Nat, ¿te das cuenta de que esta fue la tercera tienda de la que nos han echado? – le dije intentándola mirar seriamente.
-          Lena, si las dependientas son unas bordes, no es mi culpa. Yo les dije que me iba a gastar diez mil pavos, si no querían ganarlos…
-          En serio Nat, ¿ahora dónde compramos los vestidos? – le preguntó Penny.
-          PennyPen, conozco el sitio ideal. Seguidme – dijo ella guiándonos hasta el parking del centro comercial, donde descansaba su nuevo BMW descapotable blanco, regalo de sus padres por su reciente dieciocho cumpleaños.
Nos instalamos en el descapotable de Nat, que condujo hasta el centro de Denver, donde había una boutique bastante grande, pero vacía en ese momento. Una chica rubia bajita con moño y gafas, muy mona, nos abrió la puerta con una sonrisa enorme. Nat fue a darle dos besos, y nos la presentó:
-          Chicas, os presento a Mary. Es una de mis estilistas, y ésta es su boutique.
-          Bienvenidas. Os estaba esperando. Nat me avisó de que vendríais.
-          Nat, ¿has hecho que nos echen de las tiendas a propósito? – le pregunté, todavía sin poder creérmelo.
-          Lena, tengo demasiado glamour para comprar en un centro comercial. Además, esos vestidos eran horribles. ¿O no? – dijo ella mientras cotilleábamos entre los vestidos.
-          En serio Nat, nunca cambiarás – le dijo Penny miraba de reojo un vestido rojo de volantes.
Tras un rato eligiendo vestidos, seguimos a Mary a la parte posterior de la boutique, casa una cargada con una pila enorme de vestidos, incluida Charlie. La parte posterior era una sala de estilo showroom, con un montón de espejos de cuerpo entero, probadores, una tarima elevada medio metro del suelo, y, para las acompañantes, un cómodo sofá con una mesita de café.
-          Y bien chicas, ¿quién será la primera? – preguntó Mary con una sonrisa.
-          ¡Penny! – dijimos Charlie, Nat y yo al mismo tiempo.
-          De acuerdo, seré la primera víctima – dijo ella con un suspiro de resignación entrando en el probador con el primero de sus vestidos.
-          Y bien chicas, ¿qué deseáis tomar?
-          ¿Tienes champagne? – preguntó Nat.
-          Nat, ¿no crees que es un poco pronto para beber? – le pregunté.
-          Lena, la ceremonia de los vestidos sólo la haremos una vez, así que vamos a tomar champagne. Mary, dile a tu ayudante que traiga una botella de Moët. Bien fría, como me gusta a mí.
La tímida ayudante de Mary desapareció tras una puerta y volvió con una botella de champagne, bombones y cuatro copas, que puso en la mesa y empezó a llenarlas. Y cuando las copas ya estaban llenas, Penny apareció con un vestido dorado.
-          Penny, súbete aquí. – le indicó Mary al tiempo que le ayudaba a subirse a la tarima. Después, se puso a dar vueltas alrededor de ella, mirando con atención cómo le quedaba el vestido. – ¿Cómo te ves?
-          Rara. – contestó ella mirándose al espejo.
-          Penny, no me gusta cómo te queda ese color. – le dijo Charlie.
-          Ni a mí – la secundó Nat.
-          Estás como demasiado exagerada. – completé.
-          Pues todos los vestidos que escogí son de ese estilo. – dijo ella como apenada.
-          Penny, ¿y qué te parece este vestido? – le preguntó Mary acudiendo a su rescate con un vestido rosa claro.
-          ¿No me veré muy rosa? – preguntó ella con algo de desconfianza.
-          Ya verás como te sienta genial. Venga, pruébatelo – la animó Mary.
Penny volvió al probador y salió minutos después con el vestido puesto. Se volvió a subir a la tarima y se miró al espejo con una sonrisa. Luego, se giró hacia nosotras y preguntó:
-          ¿Qué os parece? – preguntó ella.
-          Estás preciosa.
Y era cierto. El vestido, de color rosa palo, era de inspiración griega y romana. El escote era en V, tenía un cinturón en la cintura, donde el vestido quedaba ajustado, y luego caía libre hasta el suelo. Era perfecto para ella.
-          No lo dudes Penny. Te queda genial.
-          Pues me lo llevo – dijo ella con una sonrisa enorme mientras iba al probador a cambiarse.
-          Y bien chicas, ¿quién es la siguiente?
-          Voy yo. – dijo Nat levantándose del sillón y dirigiéndose al probador con un único vestido azul.
Nat salió a los pocos minutos de allí vestida con un vestido azul, un tono entre claro y oscuro, de palabra de honor que se ajustaba en el pecho y luego caía libre hasta el suelo. Se subió a la tarima, se miró al espejo y sonrió.
-          Suena mal que lo diga yo, pero estoy perfecta.
-          Te falta el peinado para estar perfecta – le dijo Mary.
-          Ilumíname con tus ideas, santa Mary.
-          ¿Qué te parece un recogido trenzado? – le sugirió nuestra gurú de la moda particular.
-          Excelente idea. – le contestó Nat.
Nat se dirigió al probador a cambiarse, y yo me levanté del sillón, ya que era mi turno. Ya en el probador, me probé el primero de mis vestidos, ambos de color lila claro. Salí fuera y me subí a la tarima, soportando las miradas de las chicas.
-          ¿Qué os parece? – pregunté con una nota de inseguridad en la voz.
-          ¿Sinceramente? – me respondió Nat.
-          Para eso hemos ido todas a por los vestidos. Necesito vuestra opinión. – les dije.
-          Creo que es demasiado recargado. – admitió Charlie.
-          Demasiado encaje para mi gusto. – añadió Penny.
-          Parece un vestido de novia – dijo Nat por fin.
-          ¿En serio? – pregunté, mirándome con más atención en el espejo.
-          Lo pones en color blanco y es de novia.
Vale, había que admitir que Nat tenía razón. Parecía una adolescente que se casa nada más acabar el instituto. Me bajé de la tarima y volví al probador, donde me quité ese vestido y me puse mi segunda opción. Salí de allí y me volví a subir a la tarima, sin mirarme todavía al espejo. Pero las chicas no me prestaban atención, ya que estaban sirviéndose otra ronda de champagne y comiendo bombones.
-          ¿Qué os parece este? – dije casi gritando para que me hicieron caso.
Las cuatro se giraron a la vez, y me miraron fijamente.
-          Lena, haz el favor de mirarte al espejo. – me dijo Mary.
Lo hice. Realmente, no me esperaba que ese vestido me quedara tan bien. Demasiado bien. Era de color lila claro, largo hasta el suelo, ajustado en la cintura y con caída libre. Sería un vestido que habría pasado inadvertido de no ser por el adorno de la parte superior del vestido. Uno de los tirantes estaba hecho con la tela del traje, y desde el principio de ese tirante salía una tira de piedras en diferentes tonos de lila y morado, que hacía un semicírculo y, al llegar a mi hombro, bajaba por la espalda hasta unirse con el final del otro tirante.
-          Estás, estás… - dijo Penny casi sin palabras.
-          Espectacular – completó Charlie la frase.
-          Lena, si no te pones eso en el baile, te lo pondremos a la fuerza – me amenazó Nat.
-          De acuerdo, de acuerdo. Me lo llevo. – dije mientras volvía al probador para volver a ponerme mi ropa.
Tras vestirme, volví al sillón y me apoderé de la caja de bombones, pese a las protestas de Nat y Penny. Tras esto, Charlie salió del probador con el primero de sus vestidos.
-          ¿En serio te has puesto un vestido amarillo? – le gritó Nat, haciendo que Charlie volviese corriendo al probador.
-          Ese es feo – dictaminó Penny cuando Charlie salió con su segundo vestido, uno color naranja claro.
-          Ese es más feo aún – dije cuando salió con el tercer vestido, de color plateado con muchas lentejuelas.
-          Por dios Charlie, ¿quieres que me de un infarto? Quítate esa cosa negra de encima – le volvió a gritar Nat cuando Charlie salió con un vestido negro horrible.
-          ¡Quítate eso! – le gritamos esta vez las tres cuando Charlie salió con un…  ¿vestido? ¿Podíamos llamar vestido a esa cosa?
-          ¿Sabéis a quién me acaba de recordar? – nos preguntó Nat cuando Charlie volvió al probador.
-          ¿A quién? – le preguntamos Mary, Penny y yo a la vez.
-          A Blondie Fox. Llevó algo parecido en su cumpleaños del año pasado.
-          Es cierto – dijo Penny. – Y bien Charlie, ¿con qué vestido vas a deleitarnos ahora?
La aludida salió con un vestido rojo que no era ni horripilante ni horroroso ni parecía un vestido de fulana. Es más, era un vestido muy bonito.
-          Por favor, absteneros de hacer comentarios groseros esta vez – dijo ella con voz derrotada. – Este me gusta de verdad.
-          Y te queda muy bien – le dije.
-          ¿En serio? – preguntó ella, todavía sin creérselo demasiado.
-          Charlie, este es el primer vestido bonito que te pruebas hoy. – le dijo Penny.
-          Y te va a quedar muy bien – completó Nat.
Realmente, el vestido de Charlie era muy bonito. Rojo, de palabra de honor, largo hasta el suelo. La parte de arriba parecía un corsé al que se le unía una tela vaporosa en un tono de rojo más claro. Era perfecto para ella.
-          ¿Entonces me lo llevo?
-          Charlie, llévatelo. Ninguno te va a quedar tan bien como ese.
Charlie, algo más contenta, volvió al probador para cambiarse, mientras que nosotras seguíamos bebiendo champagne y comiendo bombones. Cuando Charlie salió, fuimos a pagar los vestidos y salimos de la tienda, algo ebrias por haber bebido tanto champagne.
-          Bien chicas, todavía nos quedan unas horas. ¿Qué hacemos? – preguntó Charlie.
-          ¿Podemos volver al internado? – pidió Penny. – Me duelen los pies.
-          Penny, hoy es nuestro día de libertad. Aprovechémoslo. – dije totalmente convencida.
-          Pues vamos a salir por ahí. –dijo Penny olvidándose de su dolor de pies.
-          ¿A quién le apetece seguir tomando champagne?
Las cuatro dejamos las bolsas con los vestidos dentro del maletero de Nat y nos dirigimos a un bar de copas. Pero para nuestra desgracia, a esa hora, la mayoría estaban cerrados a esa hora. Así que, tras media hora de búsqueda, encontramos uno abierto.
El bar, con temática de los años ochenta, estaba lleno de gente, pese a que eran las diez de la noche o así. Tras pedir dos rondas de champagne más, nos pusimos a bailar como locas en el medio de la pista de baile. Cuando estaba sonando algún tema bastante movido, se me acercó un tío de veintitantos años que iba más alcoholizado que yo a esas horas.
-          Eh preciosa, ¿quieres bailar? – me preguntó con un tono de voz que no me gustó para nada.
-          La señorita no quiere bailar – dijo Chris apareciendo de repente.
-          Eso tendrá que decírmelo ella – dijo el veinteañero poniéndose chulo.
-          Ella tiene novio, así que déjala – le dijo Chris mientras me sacaba a rastras del local junto con  el resto de mis amigas.
Ya en el exterior, el aire de la noche me despejó un poco, lo suficiente como para preguntarme qué diablos hacía Chris aquí.
-          Schoomaker, ¿qué haces aquí? – le pregunté.
-          Sacaros de ese bar. Creo que ya habéis tenido fiesta suficiente por hoy.
-          ¿Y cómo nos has encontrado? – le preguntó Nat.
Chris miró hacia el suelo, evitando mirarme.
-          Christopher Arthur – empecé, al mismo tiempo que me entraba el hipo. -  Schoomaker III. – seguí hipando. – Mírame a los ojos cuanto te hablo y no me evites.
-          Te he puesto un GPS en el móvil.
-          ¿Me has puesto un GPS en el móvil? – le grité.
-          ¿En serio le has hecho eso? – preguntaron las chicas, riéndose a carcajadas.
-          Pues a mí no me hace gracia – dije.
-          ¿Y cómo has llegado hasta aquí? – le preguntó Charlie. - ¿Dónde está el resto?
-          Los demás se han quedado en el internado viendo cómo terminaba el partido de baloncesto. Y me ofrecí a venir a buscaros. Y sí, vine en taxi. No me fiaba demasiado de cómo os iba a encontrar.
Llegamos al sitio donde estaba aparcado el descapotable de Nat. Chris se subió al asiento del piloto.
-          Schoomaker, fuera de ahí – le dijo Nat.
-          Natalie, estás borracha. No puedes conducir así.
Nat se sentó en la parte de atrás entre protestas, quedando yo sentada en el asiento delantero, y Penny y Charlie detrás con Nat. Chris arrancó y encendió la radio. Sonaba “Candyman”, de Christina Aguilera, y las cuatro nos pusimos a cantarlo:
-          Tarzan and Jane were swinging on a vine. – empezó a cantar Nat.
-          Candy man! Candy man! – gritamos las tres.
-          Sippin’ from a bottle of vodka double wine. – siguió cantando la rubia.
-          Sweet, sugar, candy man! – cantamos las tres a la vez, haciendo de coro.
Y Chris apagó la radio de repente.
-          ¡Eh, vuelve a poner eso! – le dije.
-          No – dijo él firmemente.
-          ¡Aburrido! – le gritamos las cuatro.
Chris sacudió la cabeza de un lado a otro, como exasperado.
-          No sé como no pude darme cuenta antes. – dijo.
-          ¿Darte cuenta de qué? – le pregunté.
-          Por favor, decidme que la única borracha de este coche es Nat. – dijo Chris.
-          Pues va a ser que no – dijo Charlie estallando en carcajadas.
-          Lena, por favor, dime que tú no lo estás.
-          Sólo un poquito – le dije hipando otra vez, haciendo que las tres volvieran a reírse.
-          Desde luego, no hay quien os aguante así – dijo él volviendo a fijar la vista en la carretera.
-          Venga Chris, ¡anímate hombre! – dijo Charlie sacando de su bolso otra botella de champagne con copas.
-          ¡¿De dónde habéis sacado eso?! – gritó Chris.
-          Lo hemos “tomado prestado” del bar – dijo Nat, provocando nuestras carcajadas de nuevo.
Volví a encender la radio, y volvimos a cantar. Chris siguió conduciendo e intentando ignorar nuestros intentos de seguir bebiendo champagne e imitar a Christina Aguilera.
Al llegar al internado, aparcó en la plaza de aparcamiento que le habían asignado a Nat y se bajó del coche, abriendo el maletero para coger nuestros vestidos.
-          ¿Qué? ¿Vais a quedaros aquí toda la noche? – preguntó cuando ya había terminado.
Las cuatro nos bajamos del descapotable y le seguimos hasta nuestra residencia intentando no hacer ruido. Al llegar a nuestra habitación, descubrimos al resto de los chicos sentados esperándonos.
-          ¿Dónde estabais? – preguntó Kevin.
-          Por ahí – le contestó Penny, haciendo que nos volviéramos a reír las cuatro.
Kev, Jerry y Johnny nos miraron sin comprender nada.
-          Están borrachas – explicó Chris mientras dejaba nuestras bolsas en el suelo.
-          ¿Las cuatro? – preguntó Johnny sorprendido.
-          Las cuatro. – le respondió Chris.
-          ¡Y con ganas de continuar la fiesta! – gritó Charlie, sacando la botella de champagne que habíamos tomado en el coche del bolso.
-          ¿Puedo apuntarme? – preguntó Jerry uniéndose a nuestro grupito.
-          ¡Claro que no! – le gritó Kev.
-          Jerry, por dios, ten un poco de sentido común. Bastante tenemos con cuatro borrachas como para que tú también te pongas así.
-          Oye Johnny, que nosotras no estamos borrachas – le dijo Charlie.
-          Apestáis a alcohol – dijo Chris.
-          A champagne cariño, a champagne – le dije acercándome a él. - ¿No quieres unirte a la fiesta? ¿O prefieres que tengamos una fiesta privada tú y yo solos?
-          Lena, a la cama. – me dijo él mirándome muy seriamente.
Los chicos registraron nuestros bolsos para ver si guardábamos algo de alcohol, y, al no encontrar nada, nos acostaron a cada una en su cama y se fueron. Y yo no tardé ni diez segundos en quedarme dormida.